<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597</id><updated>2012-01-27T04:35:24.910-08:00</updated><category term='O'/><title type='text'>TABACO FRITO</title><subtitle type='html'>sin venir a cuento</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>41</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-2525197806243827894</id><published>2011-06-27T01:02:00.000-07:00</published><updated>2011-06-27T03:35:46.734-07:00</updated><title type='text'>Érase que ya no fue…</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por mucho que ahora os hagáis los sorprendidos y lloréis desconsolados escuchando la noticia en la radio, no tendréis la desfachatez de negarme que esto se veía venir. Cansada de repetir el mismo final, del &lt;em&gt;fueron felices y comieron perdices&lt;/em&gt;, aburrida de seguir siendo joven y bella, de ser odiada por la madrastra, de terminar de servidumbre en una casa perdida en el bosque, cayendo siempre en las mismas trampas, una vez más volvió a repetir el guión, mordió la dichosa manzana (echaba tanto de menos el melocotón y los frutos secos) y fingió caer en un profundo sueño y esperó paciente el ya aburrido beso pero esta vez llevaba en la boca un mejor final, esta vez llevaba en la punta de la lengua su libertad almendrada en forma de pastilla de cianuro tan azul como el traje del príncipe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©RogelioJarquín 2011. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-2525197806243827894?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/2525197806243827894/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=2525197806243827894' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2525197806243827894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2525197806243827894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2011/06/erase-que-ya-no-fue.html' title='Érase que ya no fue…'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-1137956063013731474</id><published>2011-05-08T03:54:00.000-07:00</published><updated>2011-05-09T07:05:07.458-07:00</updated><title type='text'>NAGUAL</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A Brisa Rossell&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si un domingo o un jueves (en realidad cualquier día de la semana que amanezca soleado) te da por pasear durante largo tiempo hasta llegar a la calle Olmo y te asomas a la ventana de los Jarquín, te darás cuenta de que es una familia extraña pero no tan extraña. Es más normal de lo que la gente dice. Tienen fama de ingenuos, despistados, caprichosos, huraños y adormilados, pero nada de eso es cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Jarquín de la calle Olmo son de una sinceridad que molesta. Aunque nadie suele preguntarles su opinión, acostumbran soltar verdades como si fuesen estornudos (¡Achís! ¡Pero que libro más flaco! ¡Achís! ¡Que película más en blanco y negro ¡Achís! ¡Que taxi más amarillo!), y tienen la fiel convicción de que el mundo es igualmente sincero. Por eso cuando escuchan en el metro a un hombre decir para sí que los mocasines le van a matar, ellos de inmediato se imaginan a ese par de zapatos de piel marrón con pequeños colmillos clavándose en los calcetines, devorando lentamente por los pies, como peligrosas boas, al pobre hombre que sale del vagón con las piernas más cortas de cuando entró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que el médico de la familia ausculta a don Ricardo (que, como todos los abuelos Jarquín, tiene cara y bigote de coronel) le termina riñendo por gozar de tan buena salud y se marcha enfadado jurando que no va a volver nunca más, que no puede perder el tiempo con un viejo chiflado que se inventa dolores y que tiene demasiados pájaros en la cabeza. El abuelo Jarquín se sienta en el borde de la cama, y por mucho que se sacude el pelo cano y mira el fondo del sombrero no consigue ver ni siquiera un aleteo o un pico o una pluma de los dichosos pájaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el día que se te ocurra asomarte a la ventana de los Jarquín es de mañana muy temprano, descubrirás que todos, menos el pequeño Hugo (un Jarquín de cinco años), todos en esa casa despiertan con una sed de naufrago. El coronel Jarquín, el padre con sus gafas para leer de cerca, la madre con sus gafas para leer de lejos, el primo César (dueño de una prospera tienda de muelles), las mellizas Helena y Elena, los tíos Ignacio y Claudio (afamados hombres orquesta) y Diana, la Jarquín de trece años, todos, en cuanto abren los ojos saltan de la cama y corren a la cocina a beber litros y litros de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te equivocas si desde la ventana decides creer que la gente tiene razón, que los Jarquín son seres adormilados y huraños. No te dejes engañar porque veas que al cruzarse en el pasillo de la cocina no se saludan con un beso, con un ¡buen día! ni siquiera con un frío hola o un simple gesto. A todos, excepto a Hugo, les cuesta mucho soltarse del sueño e intentan retenerlo en la memoria el mayor tiempo posible. Prefieren el silencio para disfrutar cada uno de sus sueños, incluso mueven la boca y los brazos como si los abrazaran o masticaran. A esa hora les irrita el mínimo contacto, el mínimo sonido porque un ruido o un roce de manos pueden provocar que los sueños se mezclen o extravíen, que se les resbalen entre los dedos o que hagan ¡plaf! como pompas de jabón y desaparezcan. Ahora comprenderás que no es por capricho que el primo César haya llenado todas las paredes y el suelo de minúsculos muelles sino porque confía que de esa forma los sueños puedan botar y rebotar sin hacerse daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero para entender la gran importancia que le dan a sus sueños los Jarquín, no bastará con mirarles desde la ventana. Tendrás que tocar a su puerta, ganarte su confianza y escuchar los sueños de cada uno de ellos. Si después de titubear un poco decides por fin tocar a la puerta, es recomendable que les lleves como muestra de amistad una cajetilla de cerillas o una linterna, un saxofón o una luciérnaga porque los Jarquín son propensos a coleccionar cosas con demasiada luz. Ellos te estarán tan agradecidos por el presente que te invitarán esa misma tarde a subir a su terraza para jugar una partida de cartas o dominó, y créeme, no existe mejor momento ni mejor lugar en toda la tierra para que un jarquín te confiese lo que realmente le importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No será difícil que se encariñen contigo, los Jarquín son seres de amores y odios espontáneos, y desde la primera partida es posible que empieces a comprender un poco más a esos Jarquín que viven en la calle Olmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde esa mesa de madera, mientras vuelven a barajar las cartas y te reparten una reina de bastos y un cinco de oros, te confesarán que todos (excepto el pequeño Hugo) poseen un nagual, una especie de guía, un animal fantástico que les lleva en volandas por los sueños a recorrer las maravillas del mundo. De esa forma los Jarquín se sienten y en verdad son felices disfrutando de sus dos vidas. De día se quejan del tráfico ellos que no conducen, compran montañas de discos de Chet Baker ellos que siguen con el tocadiscos estropeado, sacan las bicicletas en invierno y los paraguas en verano siempre desconfiando del hombrecillo del televisor que pronostica chubascos y ventiscas. De noche las cosas son muy distintas, se dejan llevar por su nagual, van a nadar al río Sena, se compran un reloj de arena en El Cairo, se suben a todos los tranvías de Lisboa desde donde saludan a los peatones y comen helado doble en Moscú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nagual del coronel es un elefante muy viejo, azulado y un poco sordo, el del padre Jarquín es un lobo con un colmillo roto y una cola hecha con retales de tela. El nagual de la madre Jarquín es una tortuga milenaria con el caparazón acolchado que come nueces sin parar. El del tío Ignacio es un rinoceronte con una trompeta por cuerno y el del tío Claudio es un escarabajo que sabe silbar; juntos improvisan canciones y dan conciertos en los cafés de Buenos Aires. El nagual del primo César es un saltamontes que con las patas traseras pinta retratos al óleo y el de Diana es una lechuza con cuerpo y voz de acordeón. Las mellizas Helena y Elena se intercambian los naguales; cuando a una le toca la jirafa con la escalera de caracol alrededor del cuello, a la otra le toca el gato parisino, verde y vegetariano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajar tanto les provoca una inmensa sed por eso apenas despiertan salen disparados a la cocina para beber agua. En eso los naguales son muy parecidos a los Jarquín, sólo que no es agua lo que beben. Con sólo tocar cualquier objeto con luz (una vela, una luciérnaga, un saxofón, un tarro de miel) lo convierten en un líquido luminoso que beben con la misma ansiedad que los Jarquín el agua. Por eso los armarios de la casa están llenos de linternas y cajas de cerillas. Todas las noches los Jarquín antes de dormir guardan una bombilla bajo la almohada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es seguro que mientras escuchas esto te sorprenda ver a Hugo Jarquín sonreír fascinado, tan prendido a las historias como tú, como si fuese la primera vez que las oye. Pero no pienses mal. No es que Hugo no sea de la familia por no tener nagual. Hugo es tan Jarquín como el coronel o las mellizas. Simplemente es que los naguales nacen del primer diente de leche que se cae y el pequeño Hugo todavía conserva toda la dentadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El método es sencillo. Al diente, como a las plantas, hay que enterrarlo en el fondo de una maceta, colocarlo en un lugar ventilado y con mucho sol, echarle agua todos los días, ponerle música y esperar pacientemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hay que tener mucho cuidado porque no falta algún roedor embustero que quiera engañarte y darte un par de monedas a cambio de tan preciada semilla. Te hacen creer que el trueque es un favor cuando en realidad es un gran timo. Existe un famoso ratón, arrogante y avaricioso que durante muchos años ha mentido a todo el mundo fingiendo ternura y generosidad, pero lo que en el fondo hace es plantar él mismos el diente para después vender el nagual a los circos y a ricos excéntricos que coleccionan animales extraños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto Hugo tendrá el suyo, lo sabe muy bien y por eso sonreirá, imaginándose el momento en que plantará su diente, deseando que, con un poco de suerte, su nagual sea un lobo como el de su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de veinte partidas de dominó y cientos de sueños narrados, mirarás la hora en tu reloj pulsera y decidirás volver a casa. Apenas pongas los dos pies en la acera, los Jarquín de la calle Olmo se apresurarán a cerrar la puerta sin despedirse, pero no se los tomarás en cuenta porque sabrás que lo único que quieren en ese momento es reencontrarse con los sueños. Sólo Hugo Jarquín, desde una de las ventanas de la casa te mirará irte y te dirá adiós con una mano mientras con la otra se toca un colmillo que parece que empieza a moverse un poco.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;©RogelioJarquín 2011. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-1137956063013731474?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/1137956063013731474/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=1137956063013731474' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1137956063013731474'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1137956063013731474'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2011/05/nagual.html' title='NAGUAL'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-2607079583961784441</id><published>2011-03-11T03:08:00.000-08:00</published><updated>2011-03-12T10:25:28.613-08:00</updated><title type='text'>EL EVANGELIO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A estas alturas del cuento a nadie le interesa que su razón penda de un hilo. A la vecina del segundo, al chino de la esquina y especialmente a los que esperan el bus 133, les importa bien poco el desorden de su barba. Pero se cercioran de que la cartera siga bien segura en un bolsillo de la chaqueta, porque ya se sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de esperar. En esta época de progreso telepático a la gente no le preocupa que amanezca encaramado en lo más alto de una grúa de construcción o que charle amenamente con las farolas de la plaza de Callao. Es normal que le esquiven al verle pelear contra algún andamio de Gran Vía. En estos tiempos de tecnología inalámbrica a nadie le sorprende verle hablar solo y nadie se detendrá para escucharle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en cambio con qué sorpresa, con qué pánico, con qué temblor de manos la gente marcará el número de la policía, cuando él se ha detenido encolerizado frente al portal 49 de la calle Alcalá y se ha puesto a lanzarle piedras mientras grita con furia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Largo de la casa de mi padre! ¡Habéis convertido este lugar en una cueva de ladrones!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego que, a pesar de las prisas, algunos peatones esperarán en la esquina al coche patrulla; con teléfono móvil en mano, confían que no les falle el pulso y puedan grabar en máxima resolución la detención del loco que a pedradas pretendía derrumbar el Instituto Cervantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©RogelioJarquín 2011.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-2607079583961784441?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/2607079583961784441/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=2607079583961784441' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2607079583961784441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2607079583961784441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2011/03/el-evangelio_11.html' title='EL EVANGELIO'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-8604927768931000351</id><published>2011-03-03T07:36:00.000-08:00</published><updated>2011-03-06T03:03:20.325-08:00</updated><title type='text'>CORTAZARIANDO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-GV8HDd8p12U/TW-1zT1AfCI/AAAAAAAAATg/UgCh3EQ-Sp0/s1600/cortazareando%2Brogelio%2Bjarqu%25C3%25ADn.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5579878356435893282" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-GV8HDd8p12U/TW-1zT1AfCI/AAAAAAAAATg/UgCh3EQ-Sp0/s400/cortazareando%2Brogelio%2Bjarqu%25C3%25ADn.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No con muchas esperanzas, un cronopio sale a la calle con el original de su primer libro de cuentos. Se dirige a la papelería más cercana (que siempre se encuentra astutamente frente a los colegios y consulados) y pide cientos de fotocopias y sobres amarillos. Dos horas más tarde sale de la papelería cargando una montaña de sobres. Recorre la ciudad en busca de buzones igualmente amarillos. En cada buzón deposita un único sobre; cree que de esa forma se multiplican las posibilidades de encontrar editores. Y de esa manera el cronopio alimenta sus sueños y a los buzones de la ciudad. Inmerso en la esperanza que le va naciendo en el pecho (entre el segundo y tercer botón del abrigo) el cronopio no imagina que (entre el quinto y sexto sobre) la fama ha llamado a su puerta y se ha ido maldiciendo al encontrar otra casa sin nadie dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©RogelioJarquín 2011.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-8604927768931000351?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/8604927768931000351/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=8604927768931000351' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/8604927768931000351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/8604927768931000351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2011/03/cortazariando.html' title='CORTAZARIANDO'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-GV8HDd8p12U/TW-1zT1AfCI/AAAAAAAAATg/UgCh3EQ-Sp0/s72-c/cortazareando%2Brogelio%2Bjarqu%25C3%25ADn.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-3484370625581574639</id><published>2010-10-11T01:27:00.000-07:00</published><updated>2010-10-20T00:31:48.280-07:00</updated><title type='text'>CONSECUENCIAS</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/TL6aTtjFM0I/AAAAAAAAAR4/RGwg7q5jwzc/s1600/estructura+aristotelica+1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5530027055892476738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 283px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/TL6aTtjFM0I/AAAAAAAAAR4/RGwg7q5jwzc/s400/estructura+aristotelica+1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/TLLMappEByI/AAAAAAAAARo/sm_gQvQuSQI/s1600/consecuencias.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5526704450963769122" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 57px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/TLLMappEByI/AAAAAAAAARo/sm_gQvQuSQI/s400/consecuencias.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Harto de la verticalidad y espirales, decidió escribir esta vez una historia lineal, pero el renglón se le acab&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2010 Rogelio Jarquín.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-3484370625581574639?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/3484370625581574639/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=3484370625581574639' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3484370625581574639'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3484370625581574639'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2010/10/consecuencias.html' title='CONSECUENCIAS'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/TL6aTtjFM0I/AAAAAAAAAR4/RGwg7q5jwzc/s72-c/estructura+aristotelica+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-3982568255099716705</id><published>2010-08-04T07:22:00.000-07:00</published><updated>2010-08-31T08:58:04.768-07:00</updated><title type='text'>EL ORIGEN DE LAS LUCIÉRNAGAS</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/TF8EuvXtt0I/AAAAAAAAARQ/RXxvpmdlc7s/s1600/sol1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5503122470706460482" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 281px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/TF8EuvXtt0I/AAAAAAAAARQ/RXxvpmdlc7s/s400/sol1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#660000;"&gt;A Ricardo Pérez y César Cordova: &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#660000;"&gt;amigos, refugios, Cazadores de insectos&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Capitulo 1: AUTORRETRATO CON MALETAS&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me gustaría ser capaz de retroceder por un instante el camino andado, de rehacerlo desde su origen y de recorrerlo una y otra vez como un anillo de moebius. Debería de haber una forma de desdoblar las esquinas en lugar de doblarlas, de volver a juntar esos gajos de pomelo, de retomar la lectura justo donde el índice se ha detenido porque el codo de nuestro compañero de asiento en el tren nos ha rozado, ha invadido esa pompa de jabón que nos rodea haciendo un estruendoso ¡plash! en la lectura. Como todos los años me reservo una tarde para intentar inútilmente juntar los gajos de una mandarina, de una lima o un pomelo, para lograr la circunferencia perfecta sin que me sobren o falten gajos. Me reservo una tarde para intentar desdoblar la esquina de la calle Olmo y Ave María (Donde empieza y acaba mi Madrid) para despedirme durante el verano del tabaco y a caladas lentas acabar con mi último cigarrillo en el primer golpe de calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en eso estoy ahora; enciendo y fumo el último cigarrillo de la cajetilla, dibujo con un hilo de humo algo parecido a una salamandra, una serpiente, peces con alas que planean en círculos, que se enredan y se deshacen sobre mi cabeza para formar una nube que se golpea suavemente contra el cielo raso de mi pequeño salón. Fumo mientras entra el calor por la ventana y vuelvo a limpiar con la manga de la camisa el viejo vinilo de Benny Goodman que ayer, por diez euros, pude rescatar de una pila de discos en La Metralleta de la Plaza de las Descalzas. Siete veces lo he limpiado, para siete veces siete escuchar la misma cara B, la misma canción. Escucho Sing-Sing-Sing y las primeras notas son también como humo, como un hilo de aire, una hebra de sonido que se convierte en salamandra, en peces alados que planean unos instantes sobre mi cabeza para escaparse por las ventanas. Me los imagino en bandada, volando sobre Madrid, agitando las alas y llevando la prensa en el hocico, repartiendo por los portales periódicos llenos de fotos, de noticias y anuncios clasificados de ciudades que jamás existieron. Y así estaré un rato, sentado en el suelo, junto al tocadiscos, mirando el paso tropezado de la aguja, siguiendo el ritmo con el pie izquierdo al tiempo que imagino que los peces también marcan el compás en su aleteo, que cruzan la Puerta del Sol, sobrevuelan calle Mayor, que estampan sus siluetas traslucidas sobre los tejados y que se detienen unos breves instantes frente al portal ocho de Escalinata, husmeando por los balcones como si buscasen algo o a alguien; y que después regresan a Sol por Arenal para callejear sin detener su vuelo y bajar toda la calle Atocha hasta venir a morir a mi ventana donde les espero, donde sigo sentado junto al tocadiscos, con el último cigarrillo todavía en la mano y limpiando el vinilo que los hará resucitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no todos los peces que nacen en mi salón vuelven al giro del plato. Algunos, apenas se sienten liberados, fuera de mi alcance, cruzan la calle Santa Isabel y desvían su vuelo de la ruta que he imaginado para ellos. Son rápidos, aprovechan que en ese momento un cardumen igualmente volátil sale de las puertas del conservatorio de música, y consiguen engañarme, se mezclan entre los atunes plata de un clarinete, en el azul brillante de los peces beta que nacen de un piano, entre los tetra neón que también parecen desesperados, ansiosos por escaparse en cuanto surgen de la línea trazada por el arco, de sus prolongadas caricias al violonchelo. Algunos no pretenden ir muy lejos, terminan enganchados en las letras luminosas del hotel Mediodía o vuelan sobre el invernadero de la estación de Atocha, planeando en el estanque, rozando con las alas los caparazones de las tortugas que los miran sin inmutarse. Los hay que deciden esperar a morir en el jardín botánico o los que suben toda la cuesta de Moyano y mueren en el intento de llegar al Retiro. Pero unos cuantos sobreviven, huyen sin detenerse por el Paseo del Prado y no los vuelvo a ver más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustaría encontrar la manera de retenerlos pero no puedo sino seguir fumando mientras los miro partir. Sé de antemano que sería inútil cualquier búsqueda, cualquier pesca; ellos no tienen intención de regresar ni yo de reprocharles que quieran huir, que se resistan a continuar interminablemente la ruta que les trazo desde mi salón. Lo sé porque mientras los veo marcharse, apresurando el vuelo, de alguna forma me llevan de regreso a mi propia huída.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de pronto estoy otra vez en La Ciudad de México, de pronto vuelvo a tener nueve años, a mirar la casa baja de paredes de madera y techo de cartón, vuelvo a meterme en el bolsillo la tierra gris del patio y a mirar las marcas de golpes en mis piernas y brazos, a oler el café quemado de las siete de la mañana, a percibir ese olor de sopa de fideos que sale de las ventanas a las tres de la tarde. Y me veo otra vez saliendo de la vecindad, corriendo calle abajo como si supiese en realidad a donde ir. Corro con lo puesto, sin maletas, con la fuerza que el miedo le da a mis piernas, con ese mismo miedo que me hace tener la certeza de no regresar, con el deseo de no repetir interminablemente la ruta que se me obliga, con la ansiedad enorme de irme lo más lejos posible; corro sin parar, sintiendo que en la fuga las piernas siempre estorban, que sería más fácil huir si uno tuviese alas, si uno fuese un ave o un pez volador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retrocedo más de veinte años y vuelvo sobre mis pasos, cruzo el océano hasta el punto de partida y recorro cada lugar, cada refugio, cada guarida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a estar en la Alameda, buscando un rincón de césped seco para por fin dormir junto a un león de mármol. Vuelvo a recolectar cartones y vidrio bajo los puentes de la calle Tacuba y a dormir dentro de los camiones de basura. Me veo otra vez, la tarde de un cuatro de enero, vendiendo carteles entre un mar de gente de Correo Mayor . Y otra vez vuelvo a bañar viejos trapos de disolvente y gasolina para sentir ese primer ardor en la cabeza, ese ir y venir tras los ojos. De nuevo estoy en una alcantarilla de la avenida Cien metros frente a la centrar de autobuses o con una bandada de niños pidiendo comida a los viajeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo a mis palabras pronunciadas les cuesta salir y dan tropezones en mi lengua obligándome a tartamudear y las escritas todavía no saben nacer. De nuevo, y sin saber la razón que me llevó hasta ahí, estoy sentado frente a un médico de un internado temporal, desnudo, contestando sin contestar, otra vez con el miedo incitándome a huir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vuelvo al primer atardecer en Villa Margarita, a esos siete años dentro del internado, vuelvo a sus dormitorios, a sus ocho edificios con nombre de pájaros, a esos casi trescientos rostros que todos los días despertaban y compartían comedor e historias conmigo. A ese último día dentro de sus muros. A su cierre, su desaparición para siempre meses después de mi traslado a una casa hogar en Coyoacán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de nuevo, como si fuese la primera vez, camino por la calle Tepic, por primera vez como y bebo en un café de la avenida Álvaro Obregón o Tlalpan, y hablo de libros, de viajes por hacer. De nuevo por primera vez escribo esperando que alguien me lea. Y otra vez, después de mucho tiempo, buscando inútilmente una sombra bajo la estatua ecuestre de la plaza Tolsá, siento ese deseo de marcharme, de alejarme sin mirar atrás; y un jueves de septiembre dejo máquina de escribir, libros y gente, y sin despedirme de todos, lleno tres maletas prestadas que nunca devolveré y salgo rumbo al aeropuerto con mi pasaporte de tapas verdes; salgo para dejar México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vuelvo a conocer el verdadero invierno, el camino nevado de un pueblo perdido de Burgos, vuelvo a la avenida Diagonal de Barcelona, vuelvo a mi Madrid sin muralla. Me detengo en la calle Escalinata como si buscase algo o a alguien, de nuevo estoy en mi habitación de Fuenlabrada, o en mi buhardilla de la corredera de San Pablo, o sacando fotos desde mi balcón de la calle Ave María, o sentado en la acera, frente al Hotel Inglés de la calle Echegaray, dibujando en cualquier trozo de papel un león, un tigre. De nuevo estoy bebiendo una cerveza, desdoblando la esquina de Olmo y Ave María, donde decido que ahí empezará y acabará mi Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y callejeo hasta venir a aterrizar a mi salón de Santa Isabel, donde limpio un vinilo con la manga de la camisa y fumo el último cigarrillo antes de que llegue el primer golpe de calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerraré la ventana porque ya a nadie espero. Apagaré el tocadiscos ahora que he acabado de fumar. Tal vez salga a beber (retroceder demasiados años siempre me da sed) Pediré una cerveza y quizás me ponga a dibujar o a escribir cualquier cosa, alguna historia, alguna noticia de prensa sobre ciudades que no existen, lo que sea que me distraiga por un rato, que aleje esos recuerdos que aletean como insectos alrededor de mi cabeza. La mayoría de ellos terminan por irse, por dejarme por un tiempo o se enredan en las aspas de los ventiladores del techo, pero los hay que continúan volando desordenadamente frente a mis ojos. Y no se irán, no se irán esos rostros, esos siete años que viví dentro del internado, no se irán esos otros nombres, esas camas de hospital, esos dormitorios que aletean y no me dejan escribir. Seguirán ahí, compartiéndome su memoria, dándome esos gajos de recuerdos, esos trozos de naranja como si esperasen a que yo fuese capaz de juntarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© RogelioJarquín 2010.El origen de las luciérnagas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-3982568255099716705?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/3982568255099716705/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=3982568255099716705' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3982568255099716705'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3982568255099716705'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2010/08/el-origen-de-las-luciernagas.html' title='EL ORIGEN DE LAS LUCIÉRNAGAS'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/TF8EuvXtt0I/AAAAAAAAARQ/RXxvpmdlc7s/s72-c/sol1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-2773779053831331428</id><published>2010-04-12T08:19:00.000-07:00</published><updated>2010-04-12T08:21:43.135-07:00</updated><title type='text'>Carroll en el espejo</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/S8M6d5eB25I/AAAAAAAAARE/1hjF--gcZPg/s1600/CARROLL+EN+EL+ESPEJO+a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459271458620562322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 283px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/S8M6d5eB25I/AAAAAAAAARE/1hjF--gcZPg/s400/CARROLL+EN+EL+ESPEJO+a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Y Cuando el conejo despertó...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Alicia todavía éstaba allí&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;© RogelioJarquín 2010. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-2773779053831331428?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/2773779053831331428/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=2773779053831331428' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2773779053831331428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2773779053831331428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2010/04/carroll-en-el-espejo.html' title='Carroll en el espejo'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/S8M6d5eB25I/AAAAAAAAARE/1hjF--gcZPg/s72-c/CARROLL+EN+EL+ESPEJO+a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-1042215195553755341</id><published>2010-03-16T03:51:00.000-07:00</published><updated>2010-03-16T05:05:39.489-07:00</updated><title type='text'>ATOCHA- PINAR LAS ROZAS                        (Jarquín y sus transportes)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/S59jmpW74uI/AAAAAAAAAQo/pX0ILmcQQ6g/s1600-h/Imagen+673.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5449183589729821410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 266px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/S59jmpW74uI/AAAAAAAAAQo/pX0ILmcQQ6g/s400/Imagen+673.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Por favor habladme mientras que se nos vuelve gris la mirada y empezamos a tener frío en las manos, frío para escribir, frío para saludar, frío para callar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habladme. Porque escuchar si que escucho. Escucho el respirar de la chica que se sienta frente a mí en el vagón del tren. Esa chica lleva un pantalón pirata con sombras grises y blancas sobre un fondo azul; parece que lleva las piernas tapizadas por un atardecer (me gustaría esperar a que saliese la luna) También lleva en el cuello un crucifijo de madera que se balancea como péndulo entre sus senos. Juega con el teléfono móvil o sólo se resiste a verme, a devolverme esta mirada de naufrago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás alguna vez fue rubia, ahora es imposible saberlo con esa multitud de colores entre el tinte rojo de su pelo. Sus senos son pequeños pero se han alertado ante ese viento fresco que ahora entra por las puertas del vagón, y que le ha obligado al cubrirse el pecho con el periódico que alguien abandonó en uno de los asientos. Escucho la sección de cultura estremecerse ante la transparencia verde de su blusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y escucho a una mujer con su hijo que no es mi hijo y no lo será, decir una de esas oraciones para bien dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ángel de la guarda;&lt;br /&gt;dulce compañía,&lt;br /&gt;no me desampares&lt;br /&gt;ni de noche ni de día.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces tengo ganas de tener un hijo o mejor, volver a ser niño y enseñarle enseñarme esa otra oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ángel de la guarda;&lt;br /&gt;fiero camarada,&lt;br /&gt;no me desampares&lt;br /&gt;ya en el frío crepúsculo,&lt;br /&gt;ya en el calor del alba.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque alguna vez creí en los ángeles, porque tal vez todavía creo en esas figuradas que pliegan su alas de piedra y bronce, que se guardan de de sus propios miedos como yo ya no me guardo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero mi deseo como mi oración se quedó en la estación. Era sólo eso, la interpretación de un corazón desesperado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me escucho bajar del vagón y caminar junto a las vías más de un cuarto de hora, cruzar por un descampado y evitar mirar el cielo porque esta historia ya no va de ángeles sino de vaqueros y comanches, de recompensas y duelos; ¡Bang Bang! En este pueblo no cabe más de un alma. Me voy, me fui antes de disparar. De nada me valdría tirar del gatillo, mi colt siempre ha tenido los latidos de fogueo. Escucho mi voz y no la reconozco, escucho mi andar y mi rostro se pierde entre tanto forastero. Escuchar escucho, pero sólo es el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© RogelioJarquín 2010. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-1042215195553755341?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/1042215195553755341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=1042215195553755341' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1042215195553755341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1042215195553755341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2010/03/atocha-pinar-las-rozas-jarquin-y-sus.html' title='ATOCHA- PINAR LAS ROZAS                        (Jarquín y sus transportes)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/S59jmpW74uI/AAAAAAAAAQo/pX0ILmcQQ6g/s72-c/Imagen+673.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-1047903180303489557</id><published>2009-09-22T01:25:00.001-07:00</published><updated>2009-09-22T01:28:08.666-07:00</updated><title type='text'>Discurso de un Jarquín</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SriKFEx8N7I/AAAAAAAAANo/Bt6fXbhXwhs/s1600-h/roger0jarquin+doble.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384205174308616114" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 225px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SriKFEx8N7I/AAAAAAAAANo/Bt6fXbhXwhs/s320/roger0jarquin+doble.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;A veces (y no se puede decir que en contadas ocasiones para nuestra desgracia) la vida se presenta difícil, intranquila, dura como la piedra del mechero, mojada como el paquete de tabaco que se me olvidó sacar de la chaqueta antes de meterla a la lavadora, tímida tirando a etérea, imposible de retener entre las manos como el humo de mi cigarrillo y enredada como estos pelos que he terminado por dejar crecer en pleno verano. Me consuelo al pensar que también (y eso es siempre) se presenta corta y nerviosa como mis piernas. Entonces es cuando la quieres más (a ella, a la vida) y no importa que sea miope o ande coja de un pie después de un tango, sorda en las conversaciones a larga distancia, muda cuando al radio se le han acabado las pilas. No importa que huela mal, que comparta una canción imposible de escuchar. No importa que nos cuente del dolor de piernas por la tarde y de los pronósticos de jaquecas para mañana acompañadas de leves estreñimientos y un malestar agudo en la garganta al beber cerveza. No importa que sea corta como mis piernas, ciega como mi vista después de ocho horas frente al ordenador, no importa que se vuelva muda al mismo tiempo que yo cuando me da por pensarte, no importa que se sepa tres pasos de baile, no importa que tenga dudosos gustos musicales (en eso también soy culpable) no importa que no tenga ni un duro para recorrer mundo. Qué le voy a ser si soy un romántico y de ella me fío, qué le voy a ser si una y otra vez me consuela diciendo que las vidas son cortas y que algún día la distancia que hay entre vos y yo se quedará pequeña, minúscula, imposible de percibir a simple vista. Qué puedo hacer si la vida se me presenta con su vestido de domingo intentándome contagiar de su optimismo. Nada. No digo nada. Cuando mucho afirmo con la cabeza y pongo cara de que me creo todo y que estoy feliz esperando ese acortamiento de distancia, pero en cuanto se va la vida a consolar a otro vuelve esa angustia, será la consciencia del ser, esta tercer cerveza o simplemente el pavor que me da al saber que la vida seguirá acortándose y habrá menos cafés, menos quererte, menos extrañarte, menos dobles de cerveza, menos deseos, menos cielo, menos Madrid…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;© RogelioJarquín 2008.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-1047903180303489557?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/1047903180303489557/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=1047903180303489557' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1047903180303489557'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1047903180303489557'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/09/discurso-de-un-jarquin.html' title='Discurso de un Jarquín'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SriKFEx8N7I/AAAAAAAAANo/Bt6fXbhXwhs/s72-c/roger0jarquin+doble.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-2452817868166724074</id><published>2009-08-16T16:49:00.001-07:00</published><updated>2009-09-02T09:21:37.467-07:00</updated><title type='text'>TABACO FRITO</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Sp6bI1IoJeI/AAAAAAAAANM/OWRyuCSyOh8/s1600-h/libelula+02.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376905581131474402" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 286px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Sp6bI1IoJeI/AAAAAAAAANM/OWRyuCSyOh8/s320/libelula+02.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Zurcidos y retales en su cielo, en esta vieja manta que su padre, cuando él era más pequeño y le llevaban en brazos a dormir, le enseñó a sostener con la cabeza y las rodillas. ¿Y las sábanas? Las sábanas son un suave y manso mar que imagina extenderse más allá del borde de la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El truco es sencillo, Nico, le había dicho su padre metiéndose en la cama con traje y zapatos. Consiste en taparse muy bien para que no entre nada del exterior, ni una luz, ni un viento, nada; entonces lo de afuera desaparece, no existe mientras tú estas aquí dentro, sólo existe en lo que nos da por pensar, por ejemplo ahora; yo estoy pensando en cafeteras italianas y por acto de magia afuera los coches, las oficinas y los vagones del metro se han llenado de cafeteras y todo huele a café recién hecho. Y ese día Nico pensó en gatos y le divirtió imaginar que en ese instante, por acto de magia, las fabricas de estambres, las pescaderías del mercado y la casa de su profesor se iban llenando de gatos siameses y atigrados, un coro de ronroneos amenazadores, desordenando y jugando con las madejas de estambre, comiendo sin parar y lamiendo la cara del profesor a quien seguramente se le llenaría la cara de ronchas y le entraría un ataque de estornudos, haciéndole pagar por todas esas mentiras que contaba en las clases y por las que Nico terminaba castigado, porque se negaba a creer en ellas, porque su padre, cada vez que llegaba de sus viajes, le contaba la verdad de todas las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora no piensa en gatos, mira su tobillo izquierdo un poco más delgado que el derecho y se echa a llorar. No quiere salir de la manta porque dentro de ella ya es un adulto y va a la universidad o al trabajo, viaja muy lejos como su padre, primero en avión y luego en barco y le envía muchas postales a Olga. No quiere asomar la cabeza fuera de la manta, porque afuera sigue siendo sólo el niño de los Jarquín, el primo de Ariel, y porque quiere perderse por un rato, y la manta sirve también para eso, para desaparecer. Fíjate yo, Nico, le confesó su padre en voz muy baja, yo también lo hago cuando estoy lejos, me meto bajo las sábanas, entonces me vuelvo invisible y dejo mi habitación de hotel en Malta o en Londres y de pronto aparezco en casa y vengo a tu habitación y te soplo en la cara cuando ya estas soñando y le acaricio el pelo a tu madre porque sé que eso le ayuda a dormir. ¿Y en los aviones también desapareces? Le preguntó Nico. No, en los aviones es difícil porque por muy cubierto que esté uno, siempre hay ese roce con el hombro o el codo del compañero de asiento que hace imposible desaparecer. ¿Y entonces que haces? Seguro te quedas dormido tú también. Unas veces sí pero otras no, otras me dedico a doblar hojas de papel para ver si descubro algún invento o algún animal fantástico ¿Cómo? Si, mira, todos los inventores se le ocurrieron grandes cosas doblando hojas de papel, un doblez aquí, después otro y otro y otro más y ya tenemos un barco. Eso es mentira. Claro que no, los barcos, coches y aviones se diseñan doblando un papel y después con planchas de metal; los telescopios se inventaron después de que a un marinero se le ocurriera mirar a través de un cono y el primer reloj del mundo fue ese mismo cono lleno de arena y atado en el techo, un pequeño agujero en la punta dejaba caer los granos, y también lo de la gravedad; Newton lo descubrió no porque fuera un genio sino porque era incapaz de hacer un aeroplano de papel que pudiese volar, se esmeraba pero con tanto doblar la hoja terminaba hecha una pelota que se estampaba en seco contra el suelo. ¿Y ya descubriste muchas cosas? No Nico, nada, pero me divierto haciendo los aeroplanos que Newton no pudo hacer y los hago volar en el pasillo, sobre las cabezas de las azafatas, siempre en el sentido contrario del avión, como si regresasen al aeropuerto. Yo no sé hacer aeroplanos de papel ni nada, dijo Nico con verdadera tristeza. Claro que sabes Nico, pero no lo recuerdas. Todo es como el respirar o como andar en bicicleta o el bostezo; uno no recuerda que lo sabe hacer hasta que ve a otro hacerlo y de pronto nos entran ganas de respirar, de andar en bicicleta y bostezamos como por contagio, todos los conocimientos los tenemos en la cabeza pero un poco adormilados. Te ayudaré a despertarlos, a recordar cómo se hace un aeroplano, pero antes hay que hacer muchos barcos y algunos animales; poco a poco irás recordando, pero no se te ocurra decírselo a tu madre, ya sabes que se enfada cuando te cuento estas cosas, es lo que tiene estar tanto tiempo en el laboratorio experimentando con unos pobres bichos, que llega muy cansada como para interesarse por recordar el método para construir un barco de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que su padre regresaba de sus viajes Nico se entusiasmaba porque eso significaba que esa misma noche iba a recordar cómo hacer una figura de papel; un barco, un pez espada, un molinillo o un cangrejo de mar. En el colegio, mientras el profesor hablaba de las oraciones simples, Nico se empeñaba en la complicada figura del pegasus. En una caja de madera, bajo la cama, esconde de su madre la fuerza naval, el escuadrón aéreo y la fauna de papel. Sólo a Olga le permitía ver una a una las figuras que construía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nico iba al parque después del colegio y jugaba con las sombras de los árboles, saltaba de una sombra a otra como si fuesen piedras en medio de un río agitado o troncos levitando sobre un precipicio, y se subía a una rama de la higuera más alta y ahí se quedaba mirando pasar a la gente o buscando un higo maduro; sólo para coincidir con Olga en el portal, para verla llegar de la universidad en su vespa verde y con su blusa siempre roja, para entrar juntos al ascensor y que ella le dijese hasta luego con un pellizco en la mejilla o un suave tirón del pelo. Con impaciencia esperaba los jueves porque su madre tendría que quedarse más tiempo en el laboratorio y Olga tendría que subir al apartamento y quedarse toda la tarde con él, ayudarle con matemáticas y prepararle la cena. Ella se sentaba en el sofá y extendía las manos para que Nico posara en sus palmas una nueva figura de papel. ¿A qué se parece? preguntaba Nico. Una hormiga, un grillo, dudaba Olga. Es un saltamontes, los grillos son más chicos y flacos. Tienes razón, es muy bonito, pero ahora ponte a hacer los deberes. Estos son los deberes, aseguraba Nico. Tengo que hacer veintiséis saltamontes, uno por cada compañero de clase. El profesor ha organizado una competencia de saltos y piruetas, afirmaba mientras le ganaba la risa y pensaba en la mala suerte de no tener a un profesor capaz de enseñar las mediciones métricas con saltamontes y grillos de papel. Repasando las lecciones de gramática fingía no entender una oración para que ella se la explicase una y otra vez. Y antes de irse a dormir metía a escondidas en el fondo del bolso de Olga la figura mejor hecha, con su firma NJ en una pata trasera, escrita siempre con tinta roja como la blusa de Olga. Imaginaba su sorpresa al abrir el bolso y buscar el bolígrafo en la primera clase de la facultad y encontrar la figura acurrucada entre el espejo y el lápiz labial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las tardes soleadas de julio charlaban durante horas de balcón a balcón. Nico se asomaba y encontraba a Olga leyendo sentada en su tumbona amarilla. Le gustaba anunciar su presencia lanzándole un aeroplano de papel que aterrizaba con exactitud sobre el libro abierto. En ese breve vuelo a Nico le parecía que la blusa de Olga se volvía más roja sobre ese fondo amarillo. Hablaban de casi todo en esos diálogos de balcón. Ella le contaba de cuando era pequeña, de cuando con sus padres hacía largos viajes en coche, o de sus sueños, de esa pesadilla que se repetía, en la que se sentía en peligro, perdida en una ciudad desconocida, y que huía de la mejor forma en que se puede huir en los sueños, sobrevolando por encima de los coches y las casas. Nico le repetía como propias las palabras de su padre. Las pesadillas desaparecen si se cuentan muchas veces, llega un día en que dejan de existir, como si se desgastaran de tanto contarlas, pero hace muchos años, cuando no se sabía esto, la gente estudiaba la manera de ahuyentar las pesadillas bebiendo mil remedios, porque los sueños están en el pecho pero las pesadillas viven en el estómago, afirmaba. Sabios y monarcas antes de dormir tomaban con mucho cuidado dos brillantes caramelos de misteriosos ingredientes traídos de Alejandría que se fundían e iban cubriendo el estómago con una capa cristalina, de esa forma las pesadillas intentaban una y otra vez entrar sin conseguirlo. Ahora no, le decía como quien comparte un gran secreto, ahora basta con contar muchas veces las pesadillas para hacerlas desaparecer o cubrirse muy bien con la manta de la cama para no dejarlas entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora Nico está ahí, abrazándose las piernas como si abrazara estas últimas horas de julio, un julio con ya tan pocas conversaciones de balcón, con menos tardes con Olga. Posa la frente sobre las rodillas, parapetando del mundo esa furia que se ha transformado en llanto, se oculta bajo la manta, no para evitar que se le cuelen las pesadillas sino para que no salga ese llanto que lo va agotando de a poco. Y mientras se va dejando vencer por el sueño piensa en Olga y piensa en su padre, en cuánto le gustaría estar con él en estos momentos, yendo y viniendo por todo el mundo con sus frascos con insectos amaestrados. ¿Y por qué viajas tanto? Es un secreto Nico, ni siquiera tu madre sabe a lo que me dedico, ella cree que soy fotógrafo, no puede imaginar cuál es mi oficio ¿Y cuál es? Mi oficio es tan secreto que no cuenta con ningún nombre. Te lo diré pero no puedes decírselo a tu madre ¿Y a Olga? Bueno, a ella se lo puedes contar pero hazle prometer que también guardará el secreto. En uno de los libros que tiene tu madre, leí que un tal Edward Lorenz había descubierto un hecho sorprendente; parece ser que estudiando a una mariposa descubrió por casualidad que el aire de su aleteo iba creciendo hasta ser tan fuerte que podía mover nubes y provocar grandes tormentas en el otro lado del mundo. La idea de recurrir a una mariposa para hacer llover me fascinó, pocas veces uno se encuentra en un libro tan serio cosas tan útiles. Dediqué años a la tarea de estudiar los aleteos de los insectos y sus consecuencias, me llevó tiempo cazar y adiestrar a diferentes insectos para provocar pequeñas lloviznas en el barrio a manera de simulacros, pero me llevó más tiempo convencer a mis amigos de unirse a mi idea de crear una empresa especializada en hacer llover hasta en el desierto. Empezamos ofreciendo nuestros servicios a los turistas que, tumbados en la playa les daba por preocuparse por sus geranios de casa, después a los directores de cine para ambientar alguna película de piratas o de terror, y ahora son los monarcas y jefes de estado los que recurren a nosotros para hacer llover. Las mariposas no están mal para los aguaceros. Para las lluvias de verano uso las avispas, para las tormentas eléctricas las polillas son lo mejor. Pero prefiero las libélulas porque su aleteo es más rápido y eficaz y pueden pasar de una pequeña llovizna a un diluvio en menos de un minuto. Entonces imagínate, que si un grupo de cantantes de ópera quiere que haga llover en Venecia mientras canta el Va Pensiero en mitad de la plaza de San Marcos, yo tengo que estudiar el punto exacto de la tierra donde tengo que ir con las maletas con frascos llenos de libélulas como único equipaje, y saber el momento oportuno para liberarlas y que su aleteo agitado haga el resto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es lo que a Nico le gustaría estar haciendo ahora, abriendo despacio los frascos de las libélulas desde una ventana en Nueva York para que una nube moje los campos de arroz en Tailandia. Eso sería mejor, mucho mejor que seguir aquí abrazando las piernas con un llanto que de a ratos arrecia empapándole la cara y las piernas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O si por lo menos lo que siente pudiese contarlo y contarlo hasta hacerlo desaparecer igual que a una pesadilla habitada en el estomago. O por un instante olvidarse de todo y salir planeando igual que los aviones teledirigidos, salir volando por la ventana como lo hace Olga en sus pesadillas y agitar el viento como las libélulas de su padre; volar al ras de la acera y después subir entre los sombreros de la gente y por encima de los edificios y ya desde las alturas volver a casa en línea recta aterrizando en el mismo punto del despegue. ¿Y qué haces para que los insectos no se te escapen o se pierdan? Llevan muchos años conmigo para que unos golpecitos en los frascos con los nudillos sean suficientes. Las avispas son las que vuelven enseguida, las mariposas dan paseos en espiral antes de meterse al frasco. Pero las libélulas son más distraídas y hay que tener mucho cuidado para que no se pierdan. Lo mejor es atraerlas con tabaco frito, que es lo que más les gusta comer. ¿Por qué crees entonces que siempre llevo bolsas de tabaco en la maleta? Es para que las libélulas vuelvan inmediatamente a sus frascos. Hay que hacer una picadura finita con el tabaco y freírlo a fuego lento con un poco de aceite y canela, después enfriarlo con una bolsa de hielo y ya frío meterlo en los frascos abiertos. Las libélulas cambiaran de golpe el rumbo de su vuelo y volverán al fondo de los frascos para devorar lo que para ellas es un manjar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se seca los ojos con el brazo izquierdo y piensa que si por lo menos fuese un poco más mayor no necesitaría meterse bajo la manta para sentirse lejos. Podría tal vez acompañar en sus viajes a su padre. Podría aprender a amaestrar a los insectos y hasta llegar a preparar tabaco frito para sus propias libélulas; unas libélulas que imagina de cuerpos verde plata y alas rápidas y transparentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debajo de la almohada Nico guarda su libreta para poder hacer una figura de papel antes de dormir. Arranca una hoja y con las dos manos comienza a darle forma. Le bastan nueve dobleces para construir un barco. Lo pasea entre sus pies, sobre las sábanas como si navegara en un calmado mar. Un barco carguero clandestino como los aviones de Ariel, preparado para encontrar a su padre en cualquier lugar del mundo y llevarle su cargamento, un barco traficante de tabaco frito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá dice que el primo Ariel sabe pilotar aviones. Pero no te hagas ilusiones Nico, no creas que son de verdad, son teledirigidos. Desde que tenía tu edad empezó a pilotarlos y lo hace muy bien. Tu madre me ha dicho que viene todo el verano a tomar un curso en la universidad pero sé que no es cierto, estoy seguro. ¿Y entonces a qué viene? Es muy fácil imaginarlo. Yo creo que tiene un oficio tan secreto como el mío. Viene a traficar con los bichos con los que tu madre experimenta en el laboratorio. Seguramente tiene un helicóptero capaz de volar miles y miles de kilómetros, con el que traerá órganos de pequeños animales para que tu madre invente nuevas especies. Hará gatos escamados, peces de plumajes impermeables, roedores camaleónicos o reptiles parlantes. Todo lo hará como se hacen todas las cosas secretas, de noche, cuando la casa se encuentre dormida y quieta. ¿Y cuando vendrá a vivir a casa? El primer viernes de julio, justo el mismo día en que yo tengo que llegar a Montevideo para hacer llover en el Cairo. La tarde de ese viernes Nico esperó ansioso la llegada de Ariel; sentado sobre la rama más alta de la higuera quería mantenerse atento a todas las personas que pasaran, quería reconocer desde lejos al contrabandista de alas, crestas y escamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba seguro que lo reconocería de inmediato, alguien con ese oficio tendría que tener algo distinto en el rostro, tendría que notársele en el andar o en la forma de vestir. Se quedó dormido en la espera. No lo vio cruzar el parque cargando dos maletas, sonriendo para nadie con su chaqueta de pana a pesar del calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas tardes se había quedado dormido sobre la misma rama. Cuando veía salir a Olga andando rumbo a la biblioteca él corría al parque y la esperaba durante horas en lo alto de la higuera. No le importaba ser vencido por el sueño, sabía que la voz de Olga le despertaría al cruzar el parque. Ella regresaba a casa acompañada de un par de amigas con las que hablaba en voz alta de libros y autores. A Nico le bastaba oír una sola frase de la conversación para volver del sueño. Desde la rama, escondido en las hojas las veía entrar en el portal del edificio. Pero ese primer viernes de julio no era a ella a quien esperaba, no fue la voz de Olga quien le hizo despertar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una sensación de perder el equilibrio dentro del mismo sueño le hizo sobresaltarse en la realidad. En la caída alcanzó a ver su tobillo izquierdo doblarse contra el asfalto. Sintió bajo la piel un chicotazo seco y caliente que se expandía poco a poco por toda la pierna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras veces ya había sentido ese vértigo que le despertaba de golpe. Y aunque estuviese a salvo, en medio de la cama o sentado en el sofá, el sueño le soltaba con un cabeceo inseguro de equilibrista. Es por un desajuste, un tropezón en eso que llaman la evolución de las especies, le había explicado su padre. Con todo y nuestros avances tecnológicos y científicos mantenemos ese reflejo de mono. Es porque perdimos la cola antes de tiempo. Mientras los otros monos podían dormir tranquilos colgados de los árboles, lejos del alcance de los depredadores, nosotros, si queríamos sobrevivir, teníamos que estar alertas incluso en el sueño para no perder el equilibrio y caernos. Ya después se nos ocurrió vivir en las cavernas y construir nuestras casas, pero jamás hemos podido sacudirnos ese gesto mecánico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardó un instante en darse cuenta que había perdido el equilibrio ya del lado de la realidad y no del sueño. Le costó trabajo no llorar al levantarse pero las lágrimas llegaron con el primer paso. Sintió como si un aguijón ardiendo se le clavase del tobillo hasta la rodilla. En sus solitarios juegos de después de clases muchas veces regresaba a casa saltando en un solo pie, deseando vivir más lejos para tener más camino que saltar. Pero esa vez se le volvió interminable el parque, se apoyó en cada tronco de árbol para descansar cada tres saltos y le pareció que su portal del otro lado de la avenida de pronto se había alejado. Miró para todos lados buscando ayuda, pero había demasiado calor en el ambiente para que hubiese alguna persona andando por la calle o asomada en las ventanas. Ya no lloraba, concentraba todas sus fuerzas en llegar al portal. Sintió alivio al tocar el timbre y escuchar el ¿Quién es? en la voz de su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Nico le impresionó la altura de Ariel, le pareció que era enorme, que se trataba de un ser gigantesco con una asombrosa fuerza porque lo levantó del suelo con tanta facilidad como si todo Nico fuese una figura de papel o un pequeño insecto. Mientras, su madre nerviosa, intentaba con gritos y brazos parar a un taxi. Seguía con esa dolorosa sensación de tener un aguijón incrustado en la pierna pero se sentía mejor, mucho mejor con la cabeza apoyada en el pecho de su primo Ariel, sintiendo la chaqueta de pana en la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la sala de espera del hospital una de las enfermeras bromeó con Nico para que dejase de pensar en la pierna, le alisó el pelo con la mano y le pidió una sonrisa, que dejara de estar tan serio, que no podía salir con tan mala cara en las radiografías. Vio el reloj de la pared y se imaginó que a esa hora Olga ya estaría subiendo por el ascensor con sus dos amigas y tres libros de la biblioteca. Le sorprendió el frío en las manos del médico que le revisó el tobillo y que observaba con detenimiento una de las radiografías; sus dedos estaban helados y pálidos, pero más le sorprendió la blancura de la escayola que iba cubriendo su pierna. En una ocasión su padre había vuelto de Milán con una mano escayolada, pero estaba pintada de muchos colores con dibujos, símbolos, nombres y palabras escritas en otros idiomas. Dijo que le había mordido un insecto demasiado grande y demasiado salvaje para domesticar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera anochecía. En las puertas del hospital ya les esperaba Ariel con el taxi para regresar a casa. Se desilusionó al verlo tan normal, tan como cualquiera, con el pelo iluminado intermitentemente por la sirena naranja de una ambulancia aparcada, con la cara de quien tiene un oficio cualquiera; sonriendo con la chaqueta de pana entre las manos y la puerta abierta del taxi. No era un gigante, ni siquiera era más alto que su padre. Tenía una voz fuerte y amable de locutor de radio y no tosca y grave como esperaba que tuviese un contrabandista. Su padre se había equivocado por primera vez, se lamentó para sí Nico. Se había roto una pierna para nada, para esperar a un hombre común y corriente como todos los hombres comunes y corrientes que ya habitan en el barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvo que esperar hasta la tarde siguiente para ver a Olga y presumirle la pierna escayolada, con el mismo entusiasmo con que le enseñaba una nueva figura de papel. A su madre y su primo les dijo que se había tropezado y caído intentando subir los escalones de cuatro en cuatro; sabía que su madre le reñiría menos que si le hubiese contado la verdad. Pero a su padre y a Olga les confesó lo que había ocurrido, que había sido una caída libre desde lo alto de la higuera. Olga subió a la hora del café de después de comer, con un Hola qué tal para su madre, un Mucho gusto y bienvenido para Ariel y una bolsa de galletas y un libro para Nico; las galletas eran de almendras y el libro, el libro más que para leer era para contemplar, con la dedicatoria de Olga escrita a lápiz en la primera página, las ilustraciones en rojo y marrón, con el fondo del color natural del papel, contando la vida de un músico de jazz, con tan pocas palabras que las que había no les quedaba más remedio que formar parte de los dibujos, dibujos que parecían llevar melodías en sus sencillos trazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ha dicho el médico que voy a estar tres semanas con la escayola, le contó a su padre esa misma tarde, cuando llamó desde un hotel en Buenos Aires. Que tengo que quedarme quieto, que se puede soldar mal el hueso si me muevo mucho. Vaya, dijo su padre desde el otro lado del teléfono. Que mala suerte que te fallara el equilibrio ¿Pero ese médico te contó cómo y quién repara los huesos? No creas que la escayola es para que no muevas el pie. En realidad es un panal, un panal de abejas. Ponen microscópicos huevos entre el vendaje, de los que nacen abejas igualmente microscópicas, poco a poco reconstruyen el tobillo, empiezan por reconstruir el hueso y terminan por la piel. Hay que aguantar algún ataque de picores porque las abejas están trabajando día y noche. Cuando el tobillo esté como nuevo las abejas se desintegraran porque habrán acabado su labor. No te asustes si cuando al quitarte la escayola notas que ese tobillo es más delgado, eso es porque las abejas reconstruyen a memoria, sin medidas ni planos y es normal que se olviden de las proporciones originales. Con el tiempo irá teniendo el tamaño del otro tobillo. ¿Y también esas abejas comen tabaco frito? No, ellas van mordisqueando por dentro las paredes de yeso de su panal. No les gusta el tabaco frito pero les fascinan los colores y el olor a tinta. La costumbre de escribir en la escayola cuando uno se rompe algún hueso empezó con el fin de tener contentas a las abejas. Siempre es mejor tener alegre a quienes van a repararte el tobillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche los primeros picores en la pierna le mantuvieron despierto; se imaginó a las abejas trabajando en pequeños escuadrones, yendo y viniendo sin parar, construyendo bóvedas y túneles por dentro de la tibia. En la cama de a lado Ariel dormía placidamente, con la misma sonrisa de todo el día. Logró distraerse y conciliar el sueño hojeando una y otra vez el libro del músico de jazz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que es el libro ideal para regalarte... hasta a tí te dejará sin palabras decía la dedicatoria que había escrito Olga. En realidad sólo con ella le daba por hablar y hablar sin tregua. En las clases terminaba castigado por no contestar a las preguntas de geografía, distraído en el mapa dibujado por una grieta de la pared. Pero con ella le salían las palabras sin darse cuenta. Se apropiaba de los viajes que le narraba su padre para tener siempre algo nuevo que contarle. Le describía con lujo de detalle cada calle, cada aroma, cada clima, como si realmente hubiese estado alguna vez en todos esos lugares, buscando una habitación de hotel en Delhi o Montreal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ilusionó pensando que esas tres semanas de escayola y cama estarían llenas de los viajes y rutas de su padre, historias revividas por Nico para Olga. Dio por seguro que su madre, agobiada en el laboratorio entre microscopios y tubos de ensayo no tendría tiempo para cuidarle, ocupada en endurecer el caparazón de una nueva especie de roedor o en transplantar la cresta de un gallo a una salamandra. Entonces Olga subiría todos los días, le prepararía un vaso de zumo, traería más bolsas de galletas con almendras y puede que hasta le sorprenda regalándole un nuevo libro, también con un cuento hecho para ser narrado por muchos dibujos y pocas palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Nico no llegaría a llenar julio con historias para Olga, esas semanas no habrían de ser de conversaciones continuadas, tampoco habría vasos de zumos ni más bolsas de galletas como llegó a imaginar, tan claramente que pudo sentir las almendras jugueteando en su boca y el primer trago acido del zumo de naranja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ariel había organizado los cursos en la universidad para que ni siquiera los jueves por la tarde su madre tuviese que llamar a Olga. ¿Con quién vas a estar mejor que con la familia, Nico? Tu primo se va a encargar de cuidarte muy bien, le anunció su madre antes de salir al laboratorio. Estará por la mañana fuera de casa un par de horas pero luego vendrá a estar contigo. Ya eres grande y no creo que te pase nada si te dejamos dos horas solo. Te lo vas a pasar muy bien, ya verás; Ariel sabe muchas cosas, te puede sorprender lo que sabe Ariel. ¿Quieres que te traiga algo antes de irme? Tengo sueño, contestó Nico desde la cama. Cerró los ojos y no los abrió hasta que escuchó bajar el ascensor. En ese instante crecía el picor de abeja en la pierna pero le importó muy poco. Sintió, como ahora, el calor del coraje expandirse por la cara, le invadieron unas ganas de llorar y hundió el rostro en la almohada hasta que el llanto cesó y el cansancio le venció obligándole a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiese querido encontrar la manera de retroceder el tiempo unos días atrás, salvar su julio con Olga; no haberse alegrado tanto con la idea de tener a Ariel en casa, no haberle esperado en la higuera, evitar la caída, no haberse roto el tobillo. Deseó con todas sus fuerzas que por una sola vez el manejar la dirección del tiempo no fuese imposible como afirmaba su padre. No Nico, no se puede regresar o adelantar el tiempo. No se tratan de unas casillas que saltas para delante o para atrás como en el tablero de ajedrez. En todo caso es como una caracola que se va ampliando y ampliando mientras se deshace en el punto inicial. La espiral continúa avanzando y nosotros avanzamos sobre ella. Pero si miramos a un lado podemos ver el recorrido de la espiral y a veces hasta se nos aparecen ante nuestros ojos cosas que quedaron en el pasado, imágenes nítidas pero antiguas como un cinema o como si fuesen fantasmas extraviados. ¿Imágenes viejas? Si, Nico, es como viajar en el tiempo, sólo que son ellas, las imágenes, las que viajan y no nosotros. Todo se vuelve imagen al reflejarse en los espejos, en el agua o en el brillo del metal. Sin hacerse notar, casi invisibles, las imágenes rebotan, chocan entre sí, se desvían saltando de reflejo en reflejo y de esa manera viajan de aquí para allá durante mucho tiempo. Cuando las imágenes llegan al mismo lugar de partida y se cruzan y se mezclan con los rayos de luz que se estampan con toda su fuerza contra el suelo, es en ese instante y sólo para ese instante en que las imágenes hacen su aparición con todo su color y por ese breve tiempo son reales. Hay quienes creen que las imágenes sólo son ilusiones ópticas, que en realidad son objetos lejanos que aparecen muy cerca porque el aire caliente se vuelve una lente, acercando lo lejano. Es más fácil creer eso y llamar a las imágenes espejismos, pero ahora que sabes la verdad, que son imágenes viajeras, debes mantenerte alerta para no perderte ninguna. Yo una vez vi diez galeras españolas en llamas cruzando Amberes entre coches y gente que caminaba inmutable frente a ellas; en otra ocasión vi una locomotora de vapor sobre las vías del metro en Berlín y hasta llegué a ver en París a un caballero templario cruzando a caballo un paso de peatones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No moveré la lengua, recuerda que pensó. No hablaré con él ni para pedirle agua aunque me muera de sed. Ariel llegaba de la universidad con su enorme sonrisa y se sentaba a su lado. Intentaba hacerle reír contándole chistes que recordaba que a él mismo le hacían mucha gracia cuando era niño. Pero Nico mordía la almohada y le daba la espalda para intentar no reírse. Estaba decidido a no gastar ni una sola de las palabras que tenía reservadas para Olga. Esos tres primeros días se le hicieron eternos asintiendo o negando con la cabeza a cuanta pregunta le hacía su primo. Ariel bajaba al kiosco de la esquina y le traía revistas que Nico, fingiendo desinterés, dejaba sobre la mesilla de noche para volver a coger el libro que le había regalado Olga. Aparentaba estar muy entretenido en los dibujos pero miraba a Ariel de reojo esperando que saliera de la habitación para poder ver las revistas. Pero los dos días siguientes fue Nico el ignorado. Ariel llegaba de la universidad sin decir palabra, concentrado en un montón de papeles amarillentos que extendía sobre el escritorio. Lo miraba durante largo tiempo y después sacaba una libreta y hacía anotaciones mientras Nico intentaba llamar su atención dando pequeños golpes en la pared con la pierna escayolada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguramente son papeles secretos, tal vez se traten de los planos del helicóptero que usará para transportar a las nuevas especies inventadas por tu madre, le dijo convencido su padre desde un teléfono en La Habana. No lo creo, contestó Nico. Ariel no tiene cara de traficante de alas, no creo que sea contrabandista ni siquiera que sepa pilotar aviones. Dime Nico ¿Y qué cara se supone que tienen los contrabandistas? No lo sé, pero no creo que sea tan alegre como la de Ariel, tan normal. Es justamente por eso Nico, porque aparenta ser demasiado común, porque nadie sospecharía que se dedica a traficar crestas y alas como nadie puede imaginar que yo me dedico a soltar libélulas por el mundo para hacer llover. Pon mucha atención a todo lo que hace tu primo y ya verás que lo que digo no es ninguna tontería. Tras esa sonrisa se esconde un contrabandista. Los mejores disfraces son los simples, los que apenas llaman la atención, como el de fotógrafo, es bastante sencillo llevar los frascos de las libélulas escondidos entre los objetivos y la cámara. En Bangkok conocí a un chileno que le decía a todo el mundo que trabajaba para un periódico muy importante, hacía preguntas constantemente, miraba como periodista, caminaba y movía las manos como periodista, y llevaba consigo una libreta en la que escribía cuanto escuchaba. No sé si porque le caí en gracia o porque estaba muy cansado después de veinte horas de avión o tal vez sólo porque necesitaba hablar con alguien pero el caso es que terminamos charlando en un café del centro de la ciudad; ahí, después de seis tazas de café me confesó que en realidad era cazador de onomatopeyas. Recorría el mundo para capturarlas y escribirlas en diferentes idiomas; estaba dispuesto a hacer el diccionario universal de las onomatopeyas. Con él aprendí que los ladridos de los perros en Francia se escuchan como un ouah-ouah, que el canto de los gallos es cock-adoodle-doo en inglés y que los gatos nipones maúllan con un agudo nyaa. Se despidió poniéndose de nuevo su chaqueta de periodista y prometiendo que me enviaría un ejemplar del diccionario cuando estuviese completo; todavía lo espero con paciencia. ¿Te lo imaginas Nico? Sabría los sonidos que tienen las lluvias que provoco en cada rincón del mundo. La última vez que coincidí con él fue hace un par de años en Estambul, andaba tras la caza de algunos taconeos, capturando el clac-clac-clac al subir las escaleras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debajo de la sonrisa de tu primo Ariel, debajo de su chaqueta de pana puede que exista un verdadero contrabandista de crestas y alas, dijo su padre antes de despedirse. Fíjate en la forma que tiene de observar las cosas, en lo que hace y cómo lo hace y verás que tengo algo de razón. Y desde esa tarde Nico le siguió con la mirada. Estar tan atento a cada uno de sus movimientos, a cada uno de sus gestos le ayudaba a olvidarse por un rato de los picores de las abejas en la pierna. Descubrió la manía de Ariel de hablar para sí en voz baja como si estuviese memorizando un texto incluso cuando parecía estar dormido; descubrió esas bruscas pausas que hacía al leer, como si la lectura le obligase a buscar en el aire alguna idea o alguna imagen extraviada y le sorprendió su habilidad para escribir con ambas manos al mismo tiempo; con la diestra escribía en la libreta y con la izquierda sobre los papeles extendidos en el escritorio. Soy ambidiestro, le dijo Ariel al notarse observado y advertir el gesto de asombro en la cara de Nico. Cuando tenía tu edad también estuve con escayola, dijo Ariel con su voz de locutor de radio. Pero yo me rompí el brazo derecho y tuve que aprender a escribir con la izquierda. Cada frase de Ariel terminaba con un pequeño silbido que iba apagándose como tres puntos suspensivos, como si a las palabras se les fuese agotando el fuelle en su intento de continuar existiendo. ¿Y es muy difícil? Preguntó Nico. ¿Qué, escribir con ambas manos? No, contestó Ariel. Es cuestión de práctica; mira, pon la mano con la que escribes en la espalda. ¿Pero eres zurdo? bueno, mejor, te será más fácil. Ahora con la otra mano intenta dibujar en el aire una palabra, la que sea y ya cuando la tengas dominada inténtala escribir en un papel. Y Nico pensó en que Olga era una palabra perfecta para escribir en el aire pero no se atrevió a escribirla delante de Ariel, le dio vergüenza siquiera dibujar la redondez de la primera letra y prefirió intentarlo con libélula que también le parecía una buena palabra para escribir en el aire. A mitad de la palabra pensó Nico que tal vez tenía razón su padre y Ariel podría ser un contrabandista disfrazado de hombre común y corriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y que miras tanto en esos papeles? Se atrevió a preguntarle en la última cucharada de guisantes a la hora de la cena. No es nada, algunas cosas del curso que me estoy aprendiendo. ¿Entonces no son los planos secretos para hacer helicópteros teledirigidos? Preguntó Nico con un tono desanimado. No, que va, no tienen nada que ver con helicópteros ¿De dónde sacaste esa idea? Mi padre me dijo que estabas construyendo un helicóptero para transportar alas de bichos. Claro, debí imaginarlo. Nunca cambiará. A tu padre hay que creerle pero la mitad de lo que dice, porque si se le cree todo se corre el peligro de estar como él, con pájaros en la cabeza todo el tiempo. Y Nico se imaginó a su padre con una bandada de mirlos orbitando en el ala negra del sombrero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Entonces es mentira que sabes pilotar aviones? le preguntó ya a la hora de dormir. No, es verdad, yo antes me la pasaba pilotando aviones, era muy bueno aunque hace mucho que ya no lo hago. ¿Pero sabes qué me gustaba más que pilotarlos? Construirlos, eso me encantaba; por eso digo que hay que creerle la mitad a tu padre, porque es verdad que antes llevaba a todas partes un montón de planos para montar aviones. Compraba las piezas por separado e iba montándolos en mis ratos libres. Llegué a tener veinte aviones de combate, treinta y seis avionetas y cincuenta helicópteros, todos armados y pintados por mí. Me gustaba construirlos poco a poco, deteniéndome en cada detalle, en las hélices, en las alas y colocaba cuidadosamente cada una de sus piezas; cuando tu padre me veía me decía que yo terminaría siendo el médico oficial de los boeing 717. Pero acabé por aburrirme de los aviones y empecé a montar y desmontar cualquier cosa, cualquier aparato electrónico que me llamara la atención, empecé con todos los electrodomésticos de casa; en una sola tarde desarmé el televisor, la radio, un ventilador y hasta una lavadora para volverlos a montar con la misma velocidad. Era como hacer un puzzle de circuitos, cables y tornillos; un puzzle que conforme lo completaba iba interpretando su funcionamiento hasta que su mecanismo no tenía secretos para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y entonces eres como un inventor y puedes inventar maquinas extrañas y llenas de brazos y de luces? No, no puedo pero se me da muy bien reparar cualquier cosa. ¿Puedes hace que funcione el televisor de la cocina? Mi padre me contó que los colores se fugaron por una rendija y por eso todo se ve en blanco y negro. Ayer lo reparé y no te preocupes Nico, que los colores seguían allí. Y mañana tarde voy a arreglarle la vespa a tu vecina ¿A Olga? Si, a ella. Parece ser que hoy no le arrancaba. ¿Y puedo bajar a ayudarte? No creo que sea bueno para tu pierna. ¡Pero quiero aprender a arreglar motos! Anda, déjame bajar contigo. No, Nico, es mejor que no te muevas tanto, si quieres puedes mirar desde el balcón. Y en ese momento Nico sintió por primera vez una especie de ardor que subía por el cuello y que se expandía cubriéndole la boca y la nariz hasta quedarse en los ojos, un aire caliente que le obligó a cubrirse la cara con la manta. Pero anímate Nico, que ya verás que pasa pronto el tiempo y sin que te des cuenta ya te habrán quitado la escayola y podrás bajar a la calle. Pero yo quiero aprender a arreglar la moto de Olga. Mira, vamos a hacer un trato, te prometo que la repararé para que le funcione sólo unas semanas y en cuanto puedas salir conmigo te enseño como se hace y podrás repararla cuantas veces lo necesite ¿Puedes hacer eso? Claro, ya te he dicho que se me da bien reparar cualquier cosa y puedo enseñarte; sólo tienes que decirme que quieres aprender a reparar o construir y verás que no es tan complicado, todo es cuestión, como el escribir con ambas manos, de practicar, practicar mucho y de saber observar. Nico sintió como iba desapareciendo el ardor en sus ojos con la misma rapidez con la que se le había expandido en el rostro. ¿Trato hecho Nico? Asomó la cabeza fuera de la manta y descubrió a Ariel extendiéndole la mano. ¿Y me enseñarás a construir un helicóptero? Si quieres ¿Pero no prefieres una avioneta con la que hacer piruetas? No, quiero un helicóptero gigante. Muy bien, mañana voy a comprar las primeras piezas. ¿Pero tienes los planos? No me hacen falta Nico; he hecho tantos que me los sé de memoria. Y Nico se durmió pensando en el helicóptero; se lo imaginó volando en el cielo raso de su habitación, lo pudo ver salir por el balcón y bajar hasta la casa de Olga con un cargamento de figuras de papel, todos esos grillos, mantis y barcos que había hecho para ella y que desde la caída de la higuera no había podido darle. Imaginó a Olga con un libro en el balcón como todos los veranos y deteniendo de golpe la lectura al escuchar el zumbido del helicóptero, al verlo llegar hasta ella con su vuelo de insecto. Y pudo imaginar su sonrisa al descubrir en cada uno de esos pasajeros de papel la firma NJ escrita con tinta roja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las tres siguientes tardes Ariel ya había quitado del escritorio todos esos papeles y puesto en su lugar chapas de metal, cintas de madera, cables, imanes, minúsculas madejas de alambre de cobre y brocas que a Nico le parecieron tan delgadísimas y brillantes como el cuerpo de las libélulas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primo dice que lo más importante es empezar con el motor de las hélices, le dijo a su padre cuando llamó desde Managua. Le hubiese gustado contarle como Ariel le había enseñado a cortar los imanes y las chapas de metal, a medir y a taladrar y como había tenido que practicar unas siete veces con un hilo de coser antes de atreverse a rebobinar en espiral el alambre de cobre; pero un ruido como de panal se había metido en el teléfono y escuchaba la voz de su padre entrecortada. Antes de despedirse le prometió que estaría en casa para ver el primer vuelo de Nico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche no quiso dormir hasta que Ariel terminase de arreglar el teléfono. Era el mal contacto de un pequeño cable lo que hacía ese ruido de panal y no unas microscópicas abejas como creyó en un principio. Se había imaginado cientos de abejas tan pequeñas como las de su pierna, moviéndose desesperadamente buscando la salida. Quizás se habían escapado de la escayola y habían terminado dentro del teléfono intentando encontrar el camino de regreso, llegó a pensar para sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es necesario que se descomponga de nuevo el televisor de la cocina para volverlo abrir, ni que deje de funcionar la radio o la aspiradora, le dijo Ariel. Nico le había confesado que llevaba días despertando con ganas de descomponer algún aparato para tener la oportunidad de desarmarlo pieza a pieza, para estudiar su funcionamiento y ser capaz de arreglarlo. Dentro de nada podrás arreglar cuanto quieras, le dijo mientras volvía a abrir el televisor para que Nico descubriese los circuitos, para que supiese lo que son los condensadores y los transistores, para que tocase el cinescopio con un temblor en la mano, con la emoción y el miedo entremezclados como de quien se atreve a tocar una fiera dormida. Pero para él las últimas horas de la tarde eran las mejores del día porque se dedicaban únicamente a construir el helicóptero. Se quedaba fascinado escuchando esa voz de locutor y el silbido al final de cada frase, sin perder ni una sola de sus palabras y atento a cada explicación. Deseaba que le quitasen la escayola y poder salir a la calle para por fin aprender a pilotar el helicóptero, que, cada vez más le parecía que sin sus hélices naranjas sería idéntico al esqueleto de un animal prehistórico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo es una lombriz muy vieja, tiene cuerpo de oruga, elástico, sin huesos y muy vanidoso Nico, le encanta ser observado, le había dicho alguna vez su padre bajo la manta. Entre más le prestes atención más se negará en apresurar o rezagar el paso. Se alarga y contrae como un acordeón. Un minuto a veces dura lo mismo que una hora y con las semanas pasa lo mismo, muchas de ellas pareciera que tienen la misma duración que una lluvia tropical y se deshacen en las manos. Y el tiempo con Ariel se deshacía entre sus dedos, avanzaba casi tan de prisa como esos jueves con Olga. Los días se le hicieron minutos ocupado en el helicóptero, desarmando y armando todos los electrodomésticos de casa, aprendiendo como hacer teléfonos con latas de conservas, linternas mágicas y caleidoscopios con espejos y cajas de cartón. Le gustaba pensar que mientras él construía tantas cosas al mismo tiempo las abejas en su pierna seguían trabajando sin parar. Pero se le hizo eterna la noche anterior antes de que le quitasen la escayola; no dejaba de moverse en la cama y para conciliar el sueño tuvo que volver a ver una y otra vez el libro que le había regalado Olga. Le parecía que los minutos se habían vuelto días, que se alargaban con su cuerpo de acordeón, y que el taxi avanzaba muy lento camino al hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras le quitaban la escayola miró el reloj en la pared y pensó que a esa hora Olga estaría cruzando el parque acompañada de un par de amigas, hablando en voz alta sobre libros y autores. Al llegar al edificio tuvo ganas de de saltar los escalones de cuatro en cuatro para ver a Olga pero su madre le obligo a subir en ascensor. Tardó varios minutos frente a la puerta sin decidirse a tocar. Con el ¿Quién es? en la voz de Olga Nico cayó en la cuenta de que jamás se había atrevido a tocar esa puerta, de que no sabía que color tenían las paredes y el cielo raso en la casa de Olga, ni si había montones de libros por todas partes como se había imaginado muchas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una enorme sonrisa ella le invitó a pasar pero Nico sintió un hormigueo en las dos piernas, como si las abejas siguiesen con él y no le dejasen dar ni un paso. El rubor se le asomó por la cara al ver aparecer las dos amigas de Olga que le miraban con curiosidad. Él es Nico, dijo Olga sin dejar de sonreír. Es el hijo de los Jarquín, primo de Ariel. Y Nico no supo, no sabe como las piernas reaccionaron de pronto y le hicieron subir corriendo a casa. No entendió, no entiende porqué esa especie de ardor le subió por el cuello, por la boca y la nariz haciéndole llorar. No sabe como debajo de la manta sigue siendo solamente Nico, el hijo de los Jarquín, el primo de Ariel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo la manta escucha la voz de su madre diciéndole que vuelve al laboratorio. Pero Nico no asomará la cabeza ni siquiera al escuchar bajar el ascensor. Acariciará el barco de papel junto a su tobillo y deseará estar con su padre provocando lluvias muy lejos de Olga. Mirará los zurcidos y retales de su manta, de esa vieja manta que hoy es su cielo; el llanto le irá agotando y cerrará los ojos tal vez para soñar que por fin da de comer tabaco frito a sus propias libélulas mientras, de este lado, fuera del sueño, un barco de papel paira en las olas remansadas, casi quietas, de sus sábanas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;©Rogelio Jarquín2009.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-2452817868166724074?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/2452817868166724074/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=2452817868166724074' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2452817868166724074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2452817868166724074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/08/tabaco-frito.html' title='TABACO FRITO'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Sp6bI1IoJeI/AAAAAAAAANM/OWRyuCSyOh8/s72-c/libelula+02.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-9057406972286066583</id><published>2009-05-12T07:27:00.000-07:00</published><updated>2009-05-12T22:21:36.487-07:00</updated><title type='text'>7 (Balas perdidas)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SgmH1JrJLdI/AAAAAAAAAME/WoxHmEZZtpU/s1600-h/LITER+BN.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5334944580796755410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 242px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SgmH1JrJLdI/AAAAAAAAAME/WoxHmEZZtpU/s400/LITER+BN.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Así de pronto nos cambia el humor, con la luna en un charco mojándonos los zapatos, o porque hemos consentido que se cuele por las persianas en rebanadas, se pose en la cabecera de la cama y nos estampe franjas lunares en toda la cara; o simplemente porque hemos decidido salir de noche y dejarnos bañar en su luz. Entonces de golpe nos cambia el carácter, la mirada y puede que hasta la forma en que balanceamos los brazos al andar. En cuestión de segundos pasamos de una tristeza sin fin a una alegría igualmente infinita, del astigmatismo a la miopía, del placer de la primera calada del cigarrillo a un continuado ataque de asma que nos mantiene en vela, del nunca al para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para algunos sería preferible que la luna jamás se mostrase tan llena porque les desordena las palabras, que es peor que desordenarles las ideas, porque un repentino tartamudeo les obliga a retroceder en cada frase, vuelta a empezar como un trabalenguas o un complicado paso de baile que no termina por salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No será sencillo confesarte, confesarme, que este temblor de labios, este continuo desearte también va en crecimiento con las fases de la luna, que es ella la culpable que te escriba con todos los dedos, a toda máquina y que mientras lo hago, voy imaginando que mi boca recorre tu cuello, besando ese camino de lunares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es lo que sucede cuando se ha nacido en una familia demasiado sensible a los plenilunios. Porque del árbol genealógico de los Jarquín (un naranjo muy pequeño, un millar por todo el mundo, un poco más, quizás) me tocó la rama más lunática; unas hojas que se transforman y se agitan como el mar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En las noches de luna llena a mi madre le da por llorar mientras escucha a María Callas, le da por recordarse a sus veinte años, entregada a la música, le da por volver a vivir aquel día; ella resplandeciente a punto de ser aceptada en un importante coro; la gente maravillada con su perfecto ir y venir de agudos y graves. Empieza su llanto poco a poco al tiempo que maldice a ese alguien que se le ocurrió abrir la puerta y dejar entrar a la luna con toda su luz en el momento de su gran final, haciéndole desafinar terriblemente. Una y otra vez lo intenta, en el gran ventanal del salón se pone a cantar enfrentada a la luna llena y parece que su voz vuelve a levantarse con dulzura por toda la casa, pero en un breve instante se amarga obligándola a callarse, y venga a recordar y venga a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el otro extremo del licántropo de siempre se encuentra mi padre. Poseedor de la única barba cerrada de la familia, apenas descubre a la luna en el cielo aún azul y ya le invade un pánico incontrolable a la alopecia, y sin oír razones se lanza a buscar a la farmacia y las tiendas todos los tratamientos contra la caída del pelo. Su pánico se vuelve un gran entusiasmo a la mañana siguiente, cuando comprueba frente al espejo que su barba sigue intacta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A mi hermano mayor le asalta una sed de burbujas que le obliga a beberse litros y litros de tónicas, a beberse vasos y vasos de agua con sal de frutas, terminando por masticar cualquier pastilla efervescente que encuentra en el botiquín, para después dormirse con una espumosa sonrisa en la cara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A mi hermana menor le da por el protestantismo y sonambulismo al mismo grado. De pronto, en mitad de la noche su voz nos sobresalta; la descubrimos al pie da la cama, con los ojos abiertos pero ausente, hablándonos de pestes, de falsos profetas y de condenas eternas. Al despertar no recuerda nada y eso le ayuda a continuar tranquilamente con su atea vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te confieso que me costó tiempo y valor aceptar que de entre toda mi familia, algunos amigos y vecinos (que no son Jarquín pero poco les falta) sea yo al que más le afecta la luna y sus cambiantes rostros. Porque a diferencia de ellos que padecen y se agitan y se transforman sólo en luna llena, en mi no desaparece, al contrario, va aumentando y disminuyendo al mismo tiempo que la luna mengua o se llena. He llegado a la conclusión de que todo se debe a que nací justo en el momento en que la redondez del plenilunio era más naranja, en el instante que el esfuerzo de mi madre en el parto se mezcló con sus recuerdos, mientras mi padre en el pasillo le preguntaba a una enfermera rubia por sus trucos para mantener esa melena tan fuerte y brillante. A eso se debe que te escriba con todas las fuerzas de mis dedos contra las teclas negras de mi máquina, a que te escriba sin parar algo que había empezado con un tecleo sonoro, pero lento, como quien comprueba la afinación de un piano. A eso se debe que en la luna menguante necesite sólo unas tímidas gotas de vinagre para aliñar la ensalada y que en la luna llena empape la lechuga hasta ennegrecerla, hasta que el vinagre me llegue a la nariz antes que a la boca; a que poco a poco mi apetito se vuelva voraz, a que las horas dedicadas al sueño aminoren. Es la luna responsable de que poco a poco ignore la única herencia segura que tengo de mi madre, esa desafinada y agria voz que permanece en mí todo el tiempo, ese querer y no poder; ese empezar una melodía con un silbido inocente que día a día va acercándose más y más a una desgañitada voz que tortura a quien la escucha. Con la imaginación pasa lo mismo, con esas historias que escribo, empiezo escribiendo una frase en un papel, una línea que se me ocurre de pronto, entre sueño y sueño, y termino por escuchar en mi cabeza las voces de mis personajes, largos monólogos, diálogos y riñas que no escribo porque me cuesta seguirles. Con cada fase lunar los ojos se van poniendo rojos hasta que ningún colirio puede quitarme la irritación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el deseo, este desearte crece y disminuye continuamente, pero no desaparece como no desaparece la luna. Primero imagino que beso tus manos y me basta con besar tus manos, pero poco a poco voy necesitando besarte más al mismo tiempo en que voy imaginando que tú misma vas desprendiéndote de la ropa; para cuando vuelva la luna llena ya me habré imaginado a mí mismo retozando entre tu desnudez. Y día a día voy sobreviviendo a todos estos efectos mientras te veo serena, andando de noche o escuchando en un café la música que jamás podré tocar. Porque de pronto me dan ganas de renegar de mi apellido, dejar de ser por un momento Jarquín y poder controlarme sin importarme el plenilunio sobre mi cabeza, ser capaz de cantar o de tocar una melodía que llegue volátil hasta donde te encuentras, de ser Félix Antolín y hacer que setenta y seis teclas toquen como si fuesen noventa y siete en cualquier bar de Madrid, inventar de nuevo el fuego como Gene Krupa y sus platos igualmente lunares, hilvanar una caricia de arco y cuerdas como si no me llamase Jarquín sino Joshua Bell.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es fácil confesarte, confesarme, que es por la luna que he asumido ser un músico frustrado, y que me he tenido que refugiar en la literatura, porque a veces, con un poco de suerte, descubro alguna palabra de naturaleza volátil, como la música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo no enloquecer de ganas de saber en que te cambia la luna. Si apenas escucho unos segundos de ese viento que la trompeta de Jerry González convierte en luz y de pronto me va invadiendo la convicción de que yo también puedo, de que también soy capaz de llenar de sonido el aire que hay entre tú y yo. Es entonces, en la brillantez más alta del plenilunio, cuando me visto con mis mejores ropas y me siento frente a lo más parecido a piano que voy a estar jamás. Y con un solo de mi vieja Olivetti voy tocando a mi manera esta caricia que te escribo y que llegará segura hasta donde te encuentras, mientras te muerdes los labios, miras al cielo y le echas la culpa a la luna llena por esa picadura de avispa que sientes al hablar, sin imaginarte, sin sospechar ni por un segundo que soy yo, un Jarquín besándote la comisura de los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2009 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-9057406972286066583?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/9057406972286066583/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=9057406972286066583' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/9057406972286066583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/9057406972286066583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/05/7-balas-perdidas.html' title='7 (Balas perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SgmH1JrJLdI/AAAAAAAAAME/WoxHmEZZtpU/s72-c/LITER+BN.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-1393299963943604153</id><published>2009-04-26T01:47:00.000-07:00</published><updated>2009-09-02T08:50:43.031-07:00</updated><title type='text'>3 (Balas perdidas)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Gracias a que es una persona de naturaleza más bien positiva, ve con muy buenos ojos que el mundo avance y se acelere, a que a estas alturas a nadie se le ocurra viajar en metro y tragarse un ladrillo como El Quijote, por eso apenas pone un pie en la calle y ya se ve a sí mismo homenajeado y premiado con un lugar en la Real Academia, probando la comodidad de sus sillones, eligiendo entre tanto respaldo de letra bordada. La gente le mira mal porque está sonriendo, porque va por la calle abrazando en un único folio lo que cree su mejor obra, un verdadero bet-seller:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;&lt;strong&gt;"BREVÍSIMO PERO DETALLADO EJEMPLO PARA LA PREPARACIÓN Y EJECUCIÓN DE UNA HUIDA EXITOSA, SIN QUE LOS MOTIVOS IMPORTEN DEMASIADO"&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;-¡Señor conductor, Aquí es donde me bajo!-dijo pegándose un tiro en la sien.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2009 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-1393299963943604153?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/1393299963943604153/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=1393299963943604153' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1393299963943604153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1393299963943604153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/04/3-balas-perdidas.html' title='3 (Balas perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-7875276192616894401</id><published>2009-04-25T03:37:00.000-07:00</published><updated>2009-05-05T23:45:45.681-07:00</updated><title type='text'>MMIX</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SfQeVVzFg8I/AAAAAAAAALs/YRaHVetnSfQ/s1600-h/imagen+pag+24+a.jpg"&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328917611063641026" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 188px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SfQeVVzFg8I/AAAAAAAAALs/YRaHVetnSfQ/s200/imagen+pag+24+a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Irene&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le cuesta aceptar que tiene miedo, que está verdaderamente preocupado, nervioso como el aleteo de un insecto alrededor de una bombilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no es por los titulares perfectamente impresos en los periódicos del desayuno, sino por esos cada vez más ligeros sobres de azúcar en el café, tampoco es por las noticias tan llenas de cifras en el telediario de la comida sino por esa extraña sensación de que faltan gajos en el pomelo del postre. No parece afectarle que a la hora de la cena su mujer le obligue a dejar de escribir amenazando con apagar el viejo flexo de su escritorio, para que ya sentados a la mesa ella pueda repetirle el mismo discurso entre cucharadas de sopa, y que, con un final de sobreactuados suspiros, intente convencerle de lo idóneo del momento para hacer un viaje, antes de que esas palmeras del caribe se alejen cada vez más. Pero él no puede evitar sentir escalofríos al ver la delgadez de los fideos en el fondo del plato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para salir a la calle finge tener prisa o estar concentrado en una lectura importante, porque le falta sangre fría para pasar por la puerta de la cocina sin compadecer a su encorbatado suegro que, subido en uno de los taburetes, discute sobre bajos presupuestos con altos cargos que a su vez, se debaten desde el fondo de la radio, donde no pueden escucharle. Intenta seguir de largo cada vez que se cruza en el descansillo con un grupo de vecinos, porque con unas cuantas frases que alcanza a escuchar desde la escalera ya sabe que eso que parece una amigable charla no es otra cosa que una competencia, un agotador enfrentamiento para decidir quién de ellos es el mejor informado, quién controla mayores datos y estadísticas de la quiebra mundial. Y ni hablar del desprecio que le produce el portero cada vez que lo ve inclinando torpemente su pesado cuerpo por las mismas pequeñas monedas que, no hace mucho tiempo atrás lanzaba a las alcantarillas con un golpe de escoba. Incluso siente un poco de lástima por su editor quien hundido en su sillón le extiende un cheque con menos ceros que el anterior, mientras él no hace otra cosa que mirar la textura en los cordeles de sus zapatos, pensando en que quizás a la mañana siguiente será imposible hacer un doble nudo para atarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No falta fin de mes en que no reciba una carta de su madre llena de temores, reumas y telarañas en la memoria, con los mismos consejos dados hace ya más de veinte años, en la época en que él se mudó a estudiar literatura en un cuartucho en pleno centro, sin ventanas y con la bombilla del flexo como única luz, repitiéndole que escribir no da dinero, que es mejor aprender un oficio, fontanería o electricidad, algo útil para no morir de hambre. Tediosos se le han vuelto los sábados de dominó en que sus amigos alargan las partidas opinando sobre economía y planteando remedios financieros entre turno y turno. Los puntos negros de las fichas le ayudan a abstraerse de la conversación, a no pensar. Sin decir palabra coloca un seis-cuatro para cerrar la partida. Sabe que sería en vano cualquier intento por explicar lo que verdaderamente está pasando, que sus amigos y vecinos ignorarían sus palabras; o peor todavía, lo creerían temporalmente loco recomendándole menos lecturas y más descanso, que ni su mujer ni su madre serían capaces de entender lo que para él y para los viejos músicos del Café Central, es evidente, ese horror como de aire que se extiende más allá de las casas de cambio y de los escudos en los billetes, que se va posando sobre los objetos, los comprime y los desgasta. Por eso el único sonido que emite es el de la ficha de dominó golpeando sobre la mesa mientras todos se estorban al hablar, confiando en que alguno de sus lectores sepa descifrar las pistas, las señales dejadas entre las líneas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio la pequeña pero estable popularidad le bastaba para vivir tranquilo. Las editoriales locales peleaban por publicarle y siempre había una novela suya adornando los escaparates de las librerías. Se decía a sí mismo que en su caso la situación no era tan preocupante, que de joven si que había pasado penurias, y era cuando recordaba aquellos años en que malcomía para poder pagar el alquiler, en que no salía al cine para ahorrar algo de dinero y que no faltase bombilla en el flexo, para tener dos o tres paquetes de folios y carretes de tinta de repuesto en la máquina de escribir. Pero poco a poco fue sintiendo que a pesar de tan sólida economía algo no iba bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero fue la maquinilla de afeitar. Tenía que pasar varias veces por el mentón para que cortase del todo, probó cambiando las cuchillas pero al segundo día tenía que bajar por otro par porque éstas ya comenzaban a hacerle daño. Tiró la maquinilla a la basura y se compró una nueva, mucho más cara y moderna pero con el mismo resultado; terminó por dejarse barba. Después su ordenador empezó a fallar, la batería duraba menos, el cursor se perdía o se movía muy lentamente y en ocasiones las letras tardaban media hora en aparecer en la pantalla. Siguieron los colores; en el televisor, en las ilustraciones de la enciclopedia y en los zapatos de su mujer él sentía que habían perdido fuerza, vivacidad, y lo achacó a su vista cansada, aumentó tres veces la graduación de las gafas sin que los colores dejaran de parecerle opacos o desteñidos. Los meses siguientes ya fueron una cadena de electrodomésticos tirados en la calle porque ya habían dejado de tostar, batir o lavar, y en los que sólo él parecía prestarles atención; viéndolos como seres desprotegidos, más muertos que nunca, doblemente abandonados junto a los contenedores de basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por último, la música. Desde joven se planteó que escribir era una tarea que debía hacerse sin música, en total silencio, y no como algunos escritores, que ponen las trece serenatas de Mozart para que los acordes marquen el ritmo de lo escrito. No. Él era capaz de interrumpir en seco su trabajo si el más mínimo de los sonidos se colaba en el ambiente, pero en cambio qué distinto era cuando se daba tiempo para sí, se colgaba a la piel su melomanía para ir todos los viernes con su mujer del brazo a escuchar a los mismos viejos músicos del Café Central, o se quedaba durante horas curioseando las novedades en las cuatro tiendas de discos que quedaban con pie, y disfrutaba investigando vida y obra de cada músico que se mencionaba en el programa de conciertos que le llegaba a su apartado postal mes a mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue ahí, sentado en su mesa del Café Central, siempre reservada a la izquierda del escenario (tenía estudiada la acústica del lugar) donde escuchó de la voz maltratada del pianista la fría verdad que le llegó como una fatídica revelación. No le había dado importancia a que dos viernes atrás, debido a la ausencia del contrabajista, el habitual quinteto se presentase como cuarteto, como tampoco le dio importancia a que de un tiempo para acá, al escuchar un vinilo en el tocadiscos notara que se ampliaba cada vez más el silencio que hay entre pista y pista. Ahí, junto a su mujer, mirándole los tacones cada vez más opacos, fue que sintió comprenderlo, fue en ese instante en que sintió el temor entrando por los oídos junto con la voz del pianista dirigiéndose al público, confirmando una nueva ausencia, anunciando que el trío que quedaba de aquel quinteto intentaría sobrevivir en el escenario todo el tiempo posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Señoras y señores!, Sentimos comunicarles que por falta de nuestro compañero trompetista nos vemos obligados a modificar el programa de esta noche. Les pedimos mil disculpas pero ya saben cómo son estas cosas, no se ven venir, y nuestro colega se encuentra en una mala racha, en una crisis. ¡A su trompeta se le ha acabado el fuelle! Le habría gustado estar con nosotros esta noche, pero ya olvidó cómo se tocan otros instrumentos. ¡Pero no se vayan! ¡Intentaremos hacer ruido para que parezca que hoy hay demasiados músicos aquí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa imagen de la trompeta sin fuelle le siguió en la cabeza todo el concierto y recordó al trompetista con la misma serenidad que la del pianista, en mitad del escenario, anunciando dos viernes antes con idénticas palabras, la ausencia del contrabajo. Miró a su alrededor y sintió pavor al ver la quietud de la gente que salía comentando el último solo de piano. No podía entender cómo había estado tanto tiempo tan ciego, hundido en su realidad, donde la gente pierde el apetito y el sueño creyendo ingenuamente que la devaluación es el mayor problema de este mundo. No es así, ahora lo veía claramente al deshacer los nudos en los zapatos, al desabrocharse uno a uno los botones de la camisa y al oír el metalizado crujido de cabecera al meterse en la cama. Era de esperar que no volviese al Café Central, a que no tuviese ganas de presenciar otra ausencia, a no querer escuchar cuando los trastos de la guitarra se hayan perdido, a no querer enterarse cuando las teclas negras del piano se hayan quedado mudas; a no ver al batería empequeñecerse ante el escenario oscuro, con todos sus brillantes platos, pero solo, tremendamente solo, sin saber qué hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue evidenciando cada día más el terrible hecho de que las cosas se iban borrando, contrayendo en su forma, como lo demostraba el quejido del agua tras los azulejos del baño, ese esfuerzo en subir, en la escalada, en mantener la presión en tuberías más angostas. Porque no se trataba de ese desgaste en el uso, no se trataba de la pastilla de jabón en la ducha, no se trataba del paso del tiempo, de esas manchas en la alfombrilla, de esas madejas de pelo en el lavabo, del moho tras el espejo. De otra naturaleza era el desgaste. El mismo espacio iba ganando territorio a las cosas, empequeñeciéndolas, carcomiéndolas transparentemente. Con nuevas dimensiones obligando más esfuerzo al subir las persianas, más cambiar de cinturón, más relojes inútiles; porque aunque no se tratara del tiempo, que mantendrá su verdadero paso, si eran también los relojes, porque en ese encogerse también iban perdiendo su exactitud, modificando el valor real de los minutos. Cuando comprendió esto tuvo miedo de perder en el falso tiempo las historias que le quedaban y telefoneó a su editor, quien recibió no con mucha sorpresa la noticia de que dejaba a un lado el proyecto de su novela (quinientas páginas) para volcarse en escribir un libro de ficciones breves. El editor desde su sillón bromeó diciéndole que no se le ocurriera terminar por entregarle haikus, que eso sí que no se vendería jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, mientras sus amigos se enzarzan en acusaciones contra potencias afirmando que ante la pobreza mundial se agrandan, él se dedica a explorar los lunares negros que empequeñecen ante tanto espacio en blanco. No comparte el interés de su mujer por seguir las noticias financieras en el telediario, porque aunque mire a su lado, en realidad no está presente, ocupado en el televisor, en su anatomía de plástico, en el brillo de sus teclas, compadeciéndolo como a un enfermo, esperando no parpadear cuando se efectúe el cambio, cuando el marco de la pantalla le ceda lugar a la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ocasiones envidia esa facilidad con la que los demás ignoran lo terrible, con qué simpleza se dejan ir por el engaño, preocupados por sus cuentas bancarias, sus ahorros, temiendo desde antes el día en que sus carteras queden tan vacías como sus debates. Porque para él le es imposible no mantenerse atento cada vez que el frigorífico rompe el silencio o el dial de la radio se bloquea, le es imposible no detenerse frente a los locales, en la agonía de las cortinas metálicas, en ese chirriar buscando algo de alivio para ese doble movimiento, ese encogerse al enrollarse. Le es imposible no darse cuenta al entrar en la cocina y encontrarse con su suegro, con su corbata perdiendo el nudo; o al cruzar la calle, con los zapatos más y más apretados, con el ámbar del semáforo menos nítido, con la llama azul de los mecheros más débil, menos azul. Sabe que es normal que la gente siga por su lado, sin advertir los cambios, que son menos infelices de lo que creen, ignorando que si la calculadora se equivoca en las sumas no es por que sea de mala calidad o porque el dependiente le haya timado con las baterías, es porque dentro un componente se ha borrado o un pequeño circuito ha dejado de existir; que el reloj de pulsera empieza a retrasar cuando uno de sus engranajes encoge al darle cuerda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabe que como una segunda piel el horror va adherido a las cosas, al sofá, al calentador, a la bolsa de la compra, a la acera, a los zapatos, al taconeo de su mujer, al aire. Qué inútiles serían las advertencias de puerta en puerta, que es mejor atacar al horror de la misma forma, sin que se entere, sin que sepa cuántos y cuánto se sabe de él, señalando su propósito, escribiendo, escondiendo pistas en las historias de ficción. De antemano sabe lo complicado de la tarea, porque el horror tiene tantas formas como cosas hay en el mundo, porque lo sabe astuto, y que no todos los cambios son tan claros como el tráfico al volver a casa, ese espacio que va perdiendo la avenida y pareciera que es la cantidad de coches lo que aumenta, o cómo las grietas de la casa, cuando de noche las paredes se acomodan a su nuevo tamaño. Sabe difícil convencer que esos ocho gramos en los sobres de azúcar a la hora de café mienten al igual que mienten las básculas y las balanzas, que esos centímetros en la regla van perdiendo su valor. Porque no a todo el mundo le basta con escuchar que una trompeta ha perdido el fuelle, no a todos le es suficiente inclinarse en un rincón de la acera para ver la desesperación de las hormigas (desesperación menos de hormiga y más de mosca) pisándose en avalancha, intentando entrar por un agujero cada vez más angosto, buscando refugio en las entrañas de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una tranquilidad que le cuesta aparentar, espera a que el horror coloque una nueva ficha, a que mengüe el sabor de la fruta, a que el coche termine por no arrancar, porque cada objeto que se pierde es una cosa más que él cree salvar en las ficciones, cada silla, cada paraguas, cada letrero que se borra él lo revive en una nueva historia. Imagina a su vez al horror esperando los momentos para atacar, esos instantes en que gente mira a otro lado, en ese momento en que una mujer descubre en el fondo de su bolso tres pequeñas monedas o en el que un hombre abre el periódico para hundirse en las noticias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duerme poco y habla menos, sabe que cualquier fallo, cualquier distracción suya supondría un objeto más que se pierde para siempre, que la esencia real de las cosas pueden sobrevivir en las palabras. Por eso cuida de usar las frases exactas, de precisar las descripciones al detalle, de ser breve para que sus lectores puedan memorizarlas antes de que la tinta de los libros también empiece a desaparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se mantiene atento, sabe que es necesario encontrar la forma de esconder de la vista del horror esas historias y decide escribir a trozos, en diferentes papeles, rescatar las cosas a tres tiempos, a tres instrumentos como lo harían los músicos del Café Central, trabajando día y noche desde su escritorio, desde su escenario de sesenta metros cuadrados, escribiendo los principios con el bolígrafo en mano, con los detalles al ritmo de su máquina de escribir y con los finales tecleados en el ordenador. Dándose prisa porque el miedo ya ha comenzado ha hacerle temblar los dedos, y le ha obligado a mirar continuamente a ese sol de veinte volteos que empieza a parpadear, a su viejo flexo con cada vez menos vida, con menos apagarse y menos encenderse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© RogelioJarquín 2009.Historias Lineadas.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-7875276192616894401?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/7875276192616894401/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=7875276192616894401' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/7875276192616894401'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/7875276192616894401'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/04/mmix.html' title='MMIX'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SfQeVVzFg8I/AAAAAAAAALs/YRaHVetnSfQ/s72-c/imagen+pag+24+a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-6092806628401186131</id><published>2009-04-19T06:00:00.000-07:00</published><updated>2009-10-11T00:41:14.229-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='O'/><title type='text'>PALÍNDROMOS</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Ss2UM8R7Z_I/AAAAAAAAAPs/tzh6SAFtqa8/s1600-h/ALFARO1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5390127279093016562" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Ss2UM8R7Z_I/AAAAAAAAAPs/tzh6SAFtqa8/s400/ALFARO1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;De ese Madrid dibujado, el que aprendiste de memoria para reinventar sobre el papel, el de esos mapas que trazas y que después vendes como antiguos a despistados turistas; a este otro Madrid que yo camino y escribo, existen tantas diferencias como distancia hay entre tu mundo y el mío. Tu Madrid circular y amurallado no se parece en nada a mi Madrid en el que las calles cambian de nombre en mitad de una espiral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tu Madrid de tonos azules todo el tiempo es mediodía, un mediodía de verano, nunca de noche; ni siquiera la luna discreta del atardece se asoma en ese cielo de tinta. Y los caminos y los puentes se repiten en un juego de espejos. En tu Madrid hay las mismas personas, los mismos nombres siempre, y se asoman por las mismas ventanas y balcones, charlando tal vez un único tema o escuchando el mismo disco. En el mío la gente no termina de irse o de volver, siempre están volviendo de algún lugar. En el tuyo siempre hay sentido porque todo retorna al principio como un anillo de moebius, como esos palíndromos que aprendemos en la infancia –Anula la luz azul a la luna- y que repetimos hasta olvidar. El Madrid que camino y que intento escribir se agota inútilmente en la búsqueda de principios y finales que contar. En mi Madrid a veces amanece lluvioso y la gente se vuelve lenta y torpe entre paraguas o esperan, igual que yo, a que suceda algo, siempre están deseando que pase algo, lo que sea, mientras se protegen de la lluvia bajo los toldos verdes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no todo es un trago de vinagre, o un disco tan rayado que repite el mismo acorde. Es justo que lo sepas. Te escribo bajo una lluvia finita como astillas de cristal, mientras espero en La Cuesta de Moyano a que algo suceda. Y sucede.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre de gabardina gris y con todos los gestos del tiempo en el rostro, camina calle arriba y calle abajo continuamente mientras fuma un cigarrillo que, milagrosamente, sigue encendido a pesar de la lluvia. Tanto de ida como de regreso se detiene un instante en el quiosco número 19, da una larga calada y prosigue sin darle importancia a sus zapatos que parecen elegir los charcos más profundos. Pensé (tal vez como tú misma ahora, sentada desde tu mesa donde dibujas, quizás una puerta de la muralla) que se trataba de un lector ansioso, cruzando Madrid en busca de un ejemplar difícil; un libro imposible de encontrar. Pensé que se trataba de un ser apasionado por apolillados tomos, algo raro, un coleccionista de escritores muertos, buscando edición a edición las obras completas y definitivas de cada autor. Me lo imaginé en Delhi y en Moscú buscando el Aleph, o en Estambul saltando de alegría por encontrar en medio de un mercadillo un ejemplar de La Historia Universal de la Infamia. No era difícil de imaginar, cuántas veces me habré soñado en Mendoza descubriendo un manuscrito inédito o viajando por la misma ruta que Cortázar pero partiendo por el final, en palíndromos geográficos –Anula la luz azul a la luna- y tirando nuevamente del ovillo que él dejó antes de partir; retrocediendo en un ParísBuenosAiresBruselas, peregrinando bajo una misma lluvia, con una lámpara de queroseno atada al manubrio de una destartalada bicicleta. Es natural pensar que es un bibliófilo este hombre que fuma delante de mí, y que en su ir y venir se imagina a su vez a sí mismo, seco, con la gabardina ya colgada en el armario y sentado cómodamente en el sofá del salón, importándole muy poco si llueve o deja de llover en Madrid, abriendo el libro justo por la mitad, como quien extiende las alas en plata de un valioso insecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son casi las cinco de la tarde y los libreros empiezan a abrir sus quioscos. Todos miran con un poco de fastidio al cielo, parece que no escampará, al contrario, en momentos arrecia como si de pronto la lluvia recordase que tiene prisa por caer. No podrán poner sus mesas con sus torres de libros, montones de ofertas de papel apiladas como en una frutería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La librera del quiosco número 19 es una chica de abrigo verde y rizos negros. El hombre se apresura en apagar con el pie lo que queda del cigarrillo y con un gesto se ofrece a sujetarle el paraguas mientras ella pelea con la cerradura. Con un mismo gesto ella le da las gracias al tiempo que enciende una bombilla y le invita a protegerse de la lluvia bajo el toldo amarillo. Todo esto lo estoy mirando y escribiendo desde el otro lado de la calle, donde un árbol agita sus ramas y gotea con saña sobre mi cabeza (demasiada lluvia por hoy). Con un poco de tristeza descubro que ese hombre no es un bibliófilo como llegué a pensar, que no es un cazador de títulos y que no venía a comprar sino a vender. Saca de su gabardina una bolsa de plástico con dos libros (de arte creo) y se los ofrece a la librera de negros rizos. Parece que no hay acuerdo y el hombre vuelve a meter los libros en el fondo de la gabardina, enciende un nuevo cigarro y cabizbajo sube la calle por última vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo vi irse como si llevase un gran peso sobre sus espaldas. Por un instante pasó por mi cabeza la idea de alcanzarlo y comprarle yo mismo esos libros que parece que le doliesen, pero el único billete de cinco euros en mis bolsillos me hizo desistir siquiera del intento. A estas alturas cinco euros no te sirven para nada, me digo mientras descubro que el quiosco número 19 tiene nombre; Tunicia, leo. Me acerco para comprobar que la librera de rizos negros que ahora quita el polvo de los libros a golpe de plumero (igual que se espantan las moscas en las manzanas), no lleva su nombre colgado en una chapa o un letrero. Que nadie de los que se acercan curioseando entre los libros parece importarle que el quiosco o ella misma tengan nombre. Mojado y con el billete de cinco euros en mis bolsillos subo y cruzo calles hasta el Alfaro donde por ese dinero me bebo dos dobles de cerveza y me seco de la lluvia y del hastío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la barra releo lo que acabo de escribir y me da vértigo. No sirve, pienso. Aquí no hay nada que contar. Lo que escribo no parece ir a ninguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuel me pone una segunda cerveza a la vez que se inclina para descubrir que es un libro de Cortázar lo que llevo en las manos, su reacción es un sonriente “para no variar”, sonrisa que devuelvo alzando los hombros. Comparto la esquina de la barra con tres chicas que comen patatas mientras voltean a todos lados como si esperasen a alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera reacción que tengo cada vez que me da por releer lo que escribo es romper, tachar sin compasión y volver a empezar en una hoja en blanco, incluso puede que llegue a cambiar de libreta, como si de esa forma hallase la concentración, o mejor dicho, el entusiasmo por la historia que quiero contar. Pero hoy me he propuesto no tachar nada, acabarme esta libreta en una misma línea; y cuando digo una misma línea me da por imaginarte al mismo tiempo trazando a lápiz un tejado desde esa mesa en que dibujas. Por eso el índice de mi mano izquierda parece nervioso planeando sobre tres párrafos arriba (ahora sobrevuela palíndromos geográficos –Anula la luz azul a la luna-) y hace temblar la punta del bolígrafo. Cierro la libreta sin ganas y me da por levantar la mirada. Las tres chicas ahora rodean a un joven delgado de aspecto desaliñado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Otra noche de insomnio- me digo con plena seguridad de que así será, de que me acostaré y apenas cierre los ojos estaré de nuevo pensando en estas hojas escritas, que a las seis de la mañana el sonido del despertador me hallara enredado en las sábanas buscándole un motivo al hombre de gabardina gris, un nombre a la librera de negros rizos, usando de pretexto los libros, confabulando un encuentro, un romance entre ambos, buscando un final agradecido, amable para todos, volviendo al inicio como tu Madrid dibujado, circular, como desearía que fuesen todos los finales del mío. Que saldré de casa con los folios entre las manos porque me quedará una hora, lo que dura el trayecto de tren, para que deje aparcada por una semana la historia, porque como todos los lunes a las ocho y media, apenas entre a trabajar, dejaré de ser escritor para dedicarme a piezas de metal, tornillos e imanes. Mi “otra noche de insomnio” se mezcla con la charla que tienen mis vecinos de barra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El viernes es el examen, ya tengo todos mis trabajos entregados a la academia. Me van a aceptar, estoy seguro- afirma el chico y moja la lengua con la espuma de su cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que bueno, Javier, entonces nos harás unos retratos muy chulos- dice una de las chicas mientras enmarca su rostro con las manos- las tres seremos tus meninas.&lt;br /&gt;- Las Señoritas de Avignon, querrás decir- sonríe Javier&lt;br /&gt;-¿por?&lt;br /&gt;-¡Por putas!- grita Javier entre carcajadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la barra Manuel enseña a Eli el truco de teatro para simular las bofetadas. Me despido de ellos con un “estáis colgados”. Pago con mis cinco euros que sobrevivieron a la lluvia. Me despido. Cada vez que salgo del Alfaro doy una última mirada a mi lugar, como si tuviese la sensación de que algo olvido. Los que habían sido mis vecinos de barra ahora se han acomodado en una de las mesas del rincón. Las chicas miran un par de libros que Javier les enseña. En pleno vuelo alcanzo a atrapar algo de lo que están hablando&lt;br /&gt;-¿todo esto te lo tienes que aprender?&lt;br /&gt;-¡Claro! – responde Javier- pero no me importa, llevo toda la vida preparándome.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera es de noche y sigue lloviendo. Es una oscuridad más de invierno que de primavera (Anula la luz azul a la luna- me digo). Abro el abrigo para proteger la libreta y el libro de Cortázar. Y bajo toda la calle Ave María, fumando un cigarrillo que, milagrosamente, sigue encendido a pesar de la lluvia. Doblo a la izquierda, por la calle Argumosa hasta encontrarme con el museo Reina Sofía. Pienso en todos esas pinturas tan resguardadas, tan quietas y secas en esta noche pasada por agua pero que no existen, no existirán en ese Madrid que te inventas. Y claro, también aquí me detengo a imaginarte en tu mesa de dibujo. Y es en este momento, en este instante en que parece que te estoy viendo al mismo tiempo en que fumo y protejo de la lluvia libro y libreta, cuando todo parece tener sentido. Recuerdo a Javier en la barra del Alfaro y sé muy bien que acabas de cerrar el círculo de tu Madrid amurallado. Que Javier no podrá con el examen de la academia, que no pintará ni meninas ni Señoritas de Avignon. Que lo encontraré tal vez un poco más viejo, bajo la lluvia con gabardina gris, vendiendo sus sueños en dos tomos a una librera de negros rizos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora sé que acabas de dar el último trazo a tu Madrid de tonos azules, a su muralla y que yo estaré siguiendo la misma ruta, nuevamente esperando que algo suceda, lo que sea, pero deseando que ese algo no se cierre en círculo, que no vuelva a repetirse por uno de sus costados; que siga, que siga para alguna parte, sin importar ya si todo esto tiene sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…Anula la luz azul a la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© RogelioJarquín 2009.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-6092806628401186131?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/6092806628401186131/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=6092806628401186131' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/6092806628401186131'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/6092806628401186131'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/04/palindromas.html' title='PALÍNDROMOS'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Ss2UM8R7Z_I/AAAAAAAAAPs/tzh6SAFtqa8/s72-c/ALFARO1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-4215824233765044956</id><published>2009-03-30T02:16:00.000-07:00</published><updated>2009-03-30T02:20:31.446-07:00</updated><title type='text'>GENEALOGÍA</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Fuera de sí, entró en ella y salió aquel.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© RogelioJarquín 2008.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-4215824233765044956?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/4215824233765044956/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=4215824233765044956' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4215824233765044956'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4215824233765044956'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/03/genealogia.html' title='GENEALOGÍA'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-3878914970556618531</id><published>2009-03-27T01:32:00.000-07:00</published><updated>2009-04-10T14:22:47.229-07:00</updated><title type='text'>Definición</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/ScySWr73R9I/AAAAAAAAALk/4WFqfDH3DBs/s1600-h/Pr1040559.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317786178466301906" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/ScySWr73R9I/AAAAAAAAALk/4WFqfDH3DBs/s200/Pr1040559.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Las piedras chocan y hacen fuego: el cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© RogelioJarquín 2008.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-3878914970556618531?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/3878914970556618531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=3878914970556618531' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3878914970556618531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3878914970556618531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/03/las-piedras-chocan-y-hacen-fuego-el.html' title='Definición'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/ScySWr73R9I/AAAAAAAAALk/4WFqfDH3DBs/s72-c/Pr1040559.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-584147927293369721</id><published>2009-03-03T03:41:00.000-08:00</published><updated>2009-03-10T02:12:47.572-07:00</updated><title type='text'>5  (Balas perdidas)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Sa0Z3JyotwI/AAAAAAAAALU/aHndzC-LMfU/s1600-h/ALFARO1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308927971051484930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Sa0Z3JyotwI/AAAAAAAAALU/aHndzC-LMfU/s200/ALFARO1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Bien puede suceder en Madrid y su julio de toldos verdes, o en el noviembre asfaltado de Montevideo. Seguramente (ya en Madrid o Montevideo) la gente se arremolina en la boca del metro, con las horas justas viajando en la muñeca, mira por mirar mientras anda y se dice no recordar un verano tan salvaje, luego fuma y toma café todo el tiempo por esa vieja costumbre de despistar el calor con el calor y el frío con frío.&lt;br /&gt;Una mujer, que bien podría llamarse Isabel o Elena despierta con los ojos hinchados de quien se busca el alma mientras duerme. La mujer (Isabel o Elena) camina por las calles de la mañana esta vez para encontrar la realidad. Halla en su lugar a un hombre sentado en el parque, llorando a rabiar, y piensa “la vida debería de ser así, con enormes y robustos hombres que lloran y ríen para que el alma no se pierda entre las vísceras”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2009 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-584147927293369721?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/584147927293369721/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=584147927293369721' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/584147927293369721'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/584147927293369721'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/03/5-balas-perdidas.html' title='5  (Balas perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Sa0Z3JyotwI/AAAAAAAAALU/aHndzC-LMfU/s72-c/ALFARO1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-5754785759707137642</id><published>2009-01-21T01:30:00.000-08:00</published><updated>2009-02-12T04:39:42.922-08:00</updated><title type='text'>4 (Balas Perdidas)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ahora que tienes papel y lápiz dibújame un radio transistor, con frecuencia modulada. El dial donde prefieras, pero que la música empiece volátil (léase levedad, nunca ingravidez) y que haga una breve escala en Jean Sibelius y su Tempestad. Después puede seguir, que continué por horas, hasta que una voz, siempre fría, anuncie el final de la emisión, o mejor, que presagie para mañana lo que todos sabemos “También amanecerá en invierno” y pronostique lo que no sabemos: los astros y la luna se alinearán entre el jueves y el viernes en tu signo, es decir, en el mío. Dibújame un radio transistor con toda la piel de madera. A cambio yo te escribiré en el lomo de un cometa en blanco, una veintena de historias pequeñitas, unas que no te ocupen mucho espacio, para llevarlas contigo, que no pesen, volátiles (de nuevo la levedad) y translucidas como un collar de besos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;©2009 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-5754785759707137642?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/5754785759707137642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=5754785759707137642' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/5754785759707137642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/5754785759707137642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2009/01/3-balas-perdidas.html' title='4 (Balas Perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-8178713708900363349</id><published>2008-12-02T02:59:00.000-08:00</published><updated>2008-12-02T03:41:59.385-08:00</updated><title type='text'>Magda Lloviendo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/STUY1GuFlTI/AAAAAAAAAK8/tS9ZyVjk4vk/s1600-h/moleskineRJ.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5275149839150454066" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/STUY1GuFlTI/AAAAAAAAAK8/tS9ZyVjk4vk/s200/moleskineRJ.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo que trae una mudanza es eso, Que reencuentras libros y libretas donde hay historias que fueron. Este es un cuento de hace diez años, del que no mantengo la mismo voz, pero si guardo un buen recuerdo de esos días en el que el cuento se iba haciendo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;MAGDA LLOVIENDO (MEXICO D.F.1998)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que soy lluvia cuento la historia que él llora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para escribir, se olvidó de su nombre de dentista y adoptó el de Leonardo Mantis, cargó con su fortuna de libros, sellos postales y fotografías antiguas. Abandonó sus calles de bicicletas y naranjos para irse a vivir a un poblado viejo de tierra muerta con hombres grandes y rojos como sus hormigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prendía su pipa y llenaba la cabaña de olor a vainilla, buscaba algunos billetes siempre olvidados en los libros y bajaba a la casa de Susana Romero donde hombres y mujeres se reunían para que el tarot les dijera el futuro. Gitana corpulenta de hermosa voz y ojos de golondrina; Susana Romero había llegado poco antes de que la estación de tren se convirtiera en un cementerio de máquinas y vagones. Decían que venía huyendo del puerto y el porvenir, que la había maldecido su padre al encontrarla en la playa seduciendo a su hermana menor, que empezó a leer el futuro de otros para olvidarse del suyo y que su maldestino era morir vomitando peces sobre las aguas de Gardebia. Al lado de Susana, Leonardo Mantis con su imagen raquítica de santo, compraba el porvenir a quienes habían recibido del tarot predicciones desafortunadas, apuntaba los destinos en una libreta y volvía a su cabaña; se ocupaba de leerlos una y otra vez, de mezclarlos, de jugar al alquimista cambiándolos de orden y los iba olvidando conforme surgía de ellos un libro para escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le amaneció febrero buscando las primeras líneas para el capítulo siete de su novela sobre un trompetista de nombre Marielio; amante de los corales y de contar el tiempo con arena como todo mortal. Realmente le gustó lo que estaba escribiendo, como iba logrando que su personaje no se pareciera a él; le inventó una geografía con un lago para que remara los jueves pensando en la eternidad, llorándole igual que lo hacen los hombres de este mundo. Cansado de releer lo escrito, decidió dejar reposando a Marielio y salir en busca de porvenires con sacerdotisas, magos o ruedas de la fortuna que sirvieran al capítulo por escribir. Afuera se encontró con el aire de otro lugar, un viento extranjero, suave, con perfume de lirios, que le obligó a recordar el olor de la granada despierto en su barrio de agosto a noviembre. Hundido en las fragancias de su memoria, no se sorprendió al encontrar vacía la casa de Susana. Guiado por el aroma de lirios llegó hasta la entrada del pueblo, ahí estaba la gente rodeando una carpa mirando bailar a un par de mujeres con vestimenta azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes amaneceres fueron iguales. Los habitantes, aturdidos por la belleza de las bailarinas, se dedicaron a contemplarlas y olvidaron el tarot. Susana, intentando ahogar los peces de su destino, comenzó a dormir con la boca abierta para tragar el nuevo viento. Leonardo, cansado de recontar los aromas de sus recuerdos, terminó por inventárselos mientras fumaba esperando tan sólo un porvenir para su trompetista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sumó al ambiente el nombre de las dos peregrinas suspirado por todos los hombres, quienes aprendieron a soñar en voz alta y a cantar canciones de mar. Exaltados por la divinidad de ambas mujeres, olvidaron en cualquier parte su antigua fe, sacaron y enterraron en los hormigueros a cristos, vírgenes y santos de yeso y cal, transformaron la iglesia en un gran dormitorio y las convencieron de quedarse más tiempo. Los bailes alegres de Magda Triana y las risas de su madre, Aidara Marín no sólo invadieron la que alguna vez fue llamada casa de dios, sino también el miedo de Susana al futuro y la cabaña de cada varón que las escuchó hablar de marea, de barcos, y que dedicó la noche para lamentar el no tener un puerto para ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde en que Magda vio por primera vez a Leonardo Mantis, le sorprendió la palidez de su figura, su diminuta imagen contra los descomunales cuerpos de los demás hombres y la tristeza con que aspiraba el humo del tabaco. Descubrió la ausencia de toda edad en su mirada y la trepidante voz de quien no sabe hablar. A fuerza de cinco días sentado frente a la puerta de Susana Romero, Leonardo se resignó a la idea de que nadie tendría más presagios para venderle y pensó en regresar a su cabaña, pero lo detuvo la tibieza de las manos de Magda. Fascinado por el bello semblante, su raro acento y la facilidad para sonreír; él no volvería a creer necesarios los porvenires sino los diarios encuentros en que los dos conversaban en Esperanto para no ser entendidos, e inventaban constelaciones en un cielo muerto. Él le contó de Marielio y algunas viejas historias aprendidas de tanto leerlas; ella, sobre seis meses viajando rumbo al puerto de Gardebia y de las risas de Aidara Marín. Mujer menuda, de espíritu inquebrantable; Aidara había empezado a burlarse de todos los hombres tiempo atrás, cuando vio cruzar por tierra la corpulencia monumental y la descuidada melena azul del navegante Pablo Triana, traficante de música pagana y conocedor de todas las maravillas del mundo, quiso quedarse con ella para siempre pero fue perseguido y acusado por el Clero de transportar sortilegios en rollos de papel pautado; años más tarde lo canonizaron al verlo desaparecer caminando en el mar y Aidara siguió pensando en él toda la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leonardo y Magda se buscaban para perder las tardes diciendo palabras que sólo ellos podían entender. Tuvo la certeza Leonardo Mantis de que nunca, hasta estos encuentros, había crecido tanto el placer que le causaba escribir; se lo atribuyó al perfume de lirios que perseguía a Magda y opacaba el aroma del tabaco. Dejó al trompetista Marielio en el capítulo siete para inventar historias con olores. Se detuvo el día en que Magda Triana y Aidara Marín anunciaban su partida a la muchedumbre. La noticia provocó un tumulto; los habitantes, desesperados, dispuestos a suplicar y prometer todo, rodearon las salidas del pueblo. Les juraron aprender relatos navales, traer caracoles, arena, estrellas de mar y al mismo mar con tal de que no se fueran. Magda por lástima y Aidara por la diversión que le causaba verlos tan inquietos, aceptaron esperar bailando a que trajeran las aguas de Gardebia. Susana Romero sin tener que consultar el tarot; decidió cerrar puertas y ventanas para que no la alcanzara junto con las promesas el maldestino que la buscaba por toda la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leonardo dejó de fumar y dormir oyéndolos en la oscuridad de la noche, los oyó empujar vagones, golpear rieles hasta enderezarlos, armar y desarmar locomotoras creyéndose los pioneros del ferrocarril; envidió esos cuerpos curtidos, lamentó la fragilidad de sus brazos y sintió vergüenza de sus inútiles conocimientos de literatura, Esperanto y medicina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De un martes a otro resucitaron un tren de veintisiete vagones, lo pintaron de azul y buscaron madera por todas partes; quitaron las puertas de las casas, recolectaron treinta bancos, nueve sillas y una guitarra sin cuerdas. Leonardo Mantis no tuvo que pensarlo, entregó libros y librero a la caldera del tren y el jueves siguiente Magda lo despidió a él y a doscientos hombres más que buscarían por ferrocarril la bahía de Gardebia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás se parecieron tanto los hombres a las hormigas como en ese tiempo en que iban y venían trayendo pedazos de mar. Les costó dos mil días con todas sus noches, los corales, la arena, el agua, destruir los hormigueros y reinventar el paisaje poniendo en su lugar el puerto de Magda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satisfechos, asombrados ante el primer crepúsculo de su invención, colgaron hamacas decididos a descansar una semana entera. Leonardo, contemplando la soledad de su cabaña sin libros, entendió que no sería él quien apagara las risas de Aidara Marín, que había podido cambiarse el nombre, más nunca tendría la corpulencia perfecta ni causaría lo mismo que provocó alguna vez la imagen del navegante Pablo Triana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los habitantes dormían mientras Magda empezaba a caminar en el agua, bailó sin hundirse y sintió que las olas se volvían extensiones de su cuerpo, vio como sus pies se diluían, luego sus piernas y sus brazos... dejé de ser Magda, me abandoné a las aguas de Gardebia para unirme a su perfume, después subí en la brisa y he comenzado a mojar todo el poblado; a llover para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora las risas de Aidara Marín se han vuelto más fuertes, mira por su ventana a los hombres sobre barcas buscando inútilmente el cuerpo muerto de Magda Triana y permite que juegue con los dedos de su mano la cascada de peces de color naranja que sale de la casa de Susana Romero. Leonardo Mantis fuma intentando contar desde el capítulo siete la vida de Marielio el trompetista, pero ahora sólo le es dado llorar como lo hacen los hombres de este mundo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;© RogelioJarquin 2002.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-8178713708900363349?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/8178713708900363349/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=8178713708900363349' title='29 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/8178713708900363349'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/8178713708900363349'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/12/magda-lloviendo.html' title='Magda Lloviendo'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/STUY1GuFlTI/AAAAAAAAAK8/tS9ZyVjk4vk/s72-c/moleskineRJ.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>29</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-870068716412351167</id><published>2008-11-11T08:15:00.000-08:00</published><updated>2009-09-02T06:20:11.529-07:00</updated><title type='text'>El Laberinto</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SRmw04BA7HI/AAAAAAAAAIY/jGgXjCguqIo/s1600-h/laberinto%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;color:#660000;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5267435661622832242" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SRmw04BA7HI/AAAAAAAAAIY/jGgXjCguqIo/s200/laberinto%5B1%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;Cuando por fin avanzó en retirada, aparentó tener todo bajo control, rogó para que la dureza no le abandonase el rostro pero con cada paso que daba más fuerzas necesitaba para fingir serenidad. Todo inútil. Buscó un último refugio en el filo de su espada mientras las escaleras le iban subiendo. Ya en la calle no pudo soportar más y echo a llorar. Había vuelto a perder al minotauro en los andenes de Atocha.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2008. Rogelio Jarquín. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-870068716412351167?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/870068716412351167/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=870068716412351167' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/870068716412351167'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/870068716412351167'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/11/el-laberinto.html' title='El Laberinto'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SRmw04BA7HI/AAAAAAAAAIY/jGgXjCguqIo/s72-c/laberinto%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-2252864463443039864</id><published>2008-11-07T02:21:00.000-08:00</published><updated>2009-09-02T06:20:36.045-07:00</updated><title type='text'>Amantes en Monterroso</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SRQXcB57NFI/AAAAAAAAAIQ/2FmzR-7z-Qk/s1600-h/ella.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5265859634618119250" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 107px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SRQXcB57NFI/AAAAAAAAAIQ/2FmzR-7z-Qk/s200/ella.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;...Y cuando despertó, ella también era él.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;©2008. Rogelio Jarquín.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-2252864463443039864?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/2252864463443039864/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=2252864463443039864' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2252864463443039864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2252864463443039864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/11/amantes-en-monterroso_07.html' title='Amantes en Monterroso'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SRQXcB57NFI/AAAAAAAAAIQ/2FmzR-7z-Qk/s72-c/ella.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-2878562850065197232</id><published>2008-11-03T23:26:00.001-08:00</published><updated>2009-09-02T06:32:51.882-07:00</updated><title type='text'>la espera</title><content type='html'>&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SQ_5OmDIZpI/AAAAAAAAAIA/u2k9fD6zzcs/s1600-h/microrelato.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5264700518546564754" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SQ_5OmDIZpI/AAAAAAAAAIA/u2k9fD6zzcs/s200/microrelato.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:courier new;font-size:130%;color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;Ahora lo sé. &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:courier new;font-size:130%;color:#660000;"&gt;&lt;strong&gt;La mujer de mi vida llegó tarde, yo ya había muerto.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Courier New;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;©2008 Rogelio Jarquín. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-2878562850065197232?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/2878562850065197232/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=2878562850065197232' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2878562850065197232'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/2878562850065197232'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/11/18-balas-perdidas.html' title='la espera'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SQ_5OmDIZpI/AAAAAAAAAIA/u2k9fD6zzcs/s72-c/microrelato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-5086306020570080998</id><published>2008-10-29T02:37:00.000-07:00</published><updated>2009-02-12T04:41:19.967-08:00</updated><title type='text'>8 (Balas perdidas)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SQgvL_fRGVI/AAAAAAAAAHo/LNAK7n8EhnA/s1600-h/TREN+011.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5262508047650068818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 170px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SQgvL_fRGVI/AAAAAAAAAHo/LNAK7n8EhnA/s200/TREN+011.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Todos los días poso un nombre para ti. Me basta ese mirarte para descubrir tus rasgos cada mañana. Todos los días me prendo a tu serenidad de viajera y me atrevo a que seas para mí algo más que un anónimo lunar cerca de la boca, el bolso blanco en el tren de las ocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y salgo de la estación con tu gargantilla de nombres en los bolsillos mientras el mío me sujeta de uno a otro costado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, ya atardeciendo, es mi nombre el que estaciono para usar el de otro, lo aparco en cualquier callejón y me voy andando sin él con la esperanza de que alguien lo hurte, pero siempre sigue ahí a mi regreso. A veces simplemente lo dejo fuera de los bares y él se queda húmedo y ansioso como un perro cualquiera a espera de su amo. Hoy por no última vez decido renombrarme hasta que amanece y mis manos buscan tu nuevo nombre en el fondo de los bolsillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2008 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-5086306020570080998?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/5086306020570080998/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=5086306020570080998' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/5086306020570080998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/5086306020570080998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/10/9-balas-perdidas.html' title='8 (Balas perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SQgvL_fRGVI/AAAAAAAAAHo/LNAK7n8EhnA/s72-c/TREN+011.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-4129309713161372612</id><published>2008-10-22T01:11:00.000-07:00</published><updated>2009-09-02T06:33:48.504-07:00</updated><title type='text'>Andrés Jarquín</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SP7hLfM6clI/AAAAAAAAAHY/qJRqbaeWiF4/s1600-h/insectos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259889002285789778" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SP7hLfM6clI/AAAAAAAAAHY/qJRqbaeWiF4/s200/insectos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;Las hormigas avanzan en procesión marcial. Atraviesan el campo de orquídeas amarillas del mantel, suben y bajan entre las hendiduras de una cesta de mimbre, cruzan por el lomo de un elefante de porcelana, rodean el florero de cristal y se concentran en la movediza superficie del tarro de azúcar como un escuadrón de viejos mineros en las entrañas de la tierra. Una a una va eligiendo su grano y vuelven sobre sus pasos con el dulce cargamento. Andrés sigue muy de cerca la trayectoria de la marcha, desde la grieta de la pared hasta el centro de la mesa y de regreso. Tiene seis años, un reloj pintado en la muñeca izquierda, un puñado de piedras en los bolsillos y una cadena que se sujeta a su tobillo derecho y que le une o le hace formar parte de una de las extremidades de la mesa. Está solo. No sabe si le han encadenado por miedo a que se marche o a que lo roben, pero le da igual mientras haya hormigas que ver. Se cuelga de la mesa y levanta las piernas para jugar al trapecista. Se balancea poco a poco, cada vez más fuerte, hasta que un pequeño quejido de la madera le advierte de su fragilidad. Se acuesta en el suelo y entonces mira las vigas, o lo que queda de ellas y las cuerdas de luz que entran por las láminas del techo. Ha escuchado cientos de veces que son las polillas las que van acabando con la casa, con las paredes de madera y el techo de cartón, ha oído que son esos insectos los que destruyen la ropa y las mantas de la cama, y que por eso todos duermen con esferas de naftalina entre los pies. Se levanta del suelo, pero esta vez no jugará al trapecista con la mesa, se queda quieto, bien quieto como lo hacen los cazadores de insectos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2008 Rogelio Jarquín. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-4129309713161372612?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/4129309713161372612/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=4129309713161372612' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4129309713161372612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4129309713161372612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/10/5-balas-perdidas.html' title='Andrés Jarquín'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SP7hLfM6clI/AAAAAAAAAHY/qJRqbaeWiF4/s72-c/insectos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-815004300680013234</id><published>2008-10-03T02:25:00.000-07:00</published><updated>2009-02-12T04:42:38.490-08:00</updated><title type='text'>23  (Balas perdidas)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOXlzDW6CDI/AAAAAAAAAHQ/_vZe_CGCh1U/s1600-h/02+bala+margen.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5252857205635024946" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOXlzDW6CDI/AAAAAAAAAHQ/_vZe_CGCh1U/s200/02+bala+margen.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Dormir, no más que eso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Quiero dormir a la orilla de tu piel,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Escuchar el oleaje de tu respiro, &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras tu duermes, mientras te sueñas,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Te adivino dulce y perfumada &lt;/div&gt;&lt;div&gt;En la orilla de otras sabanas&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y yo despierto sólo tiemblo,Tiemblo y quiero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Juego de la imaginación es el deseo;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El de mi boca enredada en tus besos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;©2007 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-815004300680013234?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/815004300680013234/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=815004300680013234' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/815004300680013234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/815004300680013234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/10/2-balas-perdidas_03.html' title='23  (Balas perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOXlzDW6CDI/AAAAAAAAAHQ/_vZe_CGCh1U/s72-c/02+bala+margen.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-4227915282726062460</id><published>2008-09-16T01:18:00.000-07:00</published><updated>2008-09-16T02:16:24.399-07:00</updated><title type='text'>Sobre la memoria</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SM9zxEZk1fI/AAAAAAAAAGo/nFwGLNaxwTY/s1600-h/de+la+memoria.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5246539377741714930" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SM9zxEZk1fI/AAAAAAAAAGo/nFwGLNaxwTY/s200/de+la+memoria.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; (Nota en una libreta)&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Fue una tarde de patatas y regaliz y terminamos hablando de la memoria. ¿Cómo decirle a Clara lo que es la memoria? Le conté que es una cadena de bichos circulando por todo el cuerpo, atados fuertemente, recorriendo a paso seguro cada uno de nuestros sentidos.&lt;br /&gt;Pero no son bichos fantásticos, no son hadas, ni siquiera son insectos; son peces y elefantes intercalados (trompa cola, cola trompa). Peces para olvidar el dolor de tripa y elefantes para recordar los helados de limón. Cuando nos cuesta trabajo recordar una calle o un rostro, es porque un pez se ha colado en donde debería estar un elefante. Sí, digamos que eso es la memoria...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-4227915282726062460?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/4227915282726062460/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=4227915282726062460' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4227915282726062460'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4227915282726062460'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/09/sobre-la-memoria.html' title='Sobre la memoria'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SM9zxEZk1fI/AAAAAAAAAGo/nFwGLNaxwTY/s72-c/de+la+memoria.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-3464407851418265793</id><published>2008-01-14T05:22:00.000-08:00</published><updated>2009-09-02T06:35:19.563-07:00</updated><title type='text'>Hipertrofia</title><content type='html'>&lt;span style="color:#66ffff;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Le urge y bastante salir de esa inutilidad física, de ese envase, de ese cuerpo incombinable con su ser, con su humor de anciano hastiado de la vida. Y es que está en una edad en que se es cualquier cosa o más bien nada, joven para algunas cosas y viejo para otras. A sus veintitantos años siente ya que su cabeza se ha vuelto tan pesada que suele adelantarse del paso del resto del cuerpo. Y es natural que eso le preocupe porque todavía conserva su cara de niño, ni siquiera de púber, de niño metido entre los hombros fumando una pipa más grande que él, con una inmensa cascada de cabellos alrededor de esta voluminosa cabeza. ¿Será quizá que lo único que le crece es la cabeza? Sí, tal vez su crecimiento es desproporcionado. Entonces llegará un día en que su cabeza ya no quepa por lo ancho de las puertas y tendrá que mantenerla fuera de las ventanillas al viajar en autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaya problema para ponerse el suéter, tendrá que usar de los de tejido elástico. Y de seguir usando sombrero ni pensarlo, tendría que mandarlo hacer a su medida y cambiarlo con cada centímetro de más y eso le costaría literalmente un ojo de la cara. Tampoco podrá usar gafas oscuras y con lo que le molesta el sol. Realmente le preocupa. Y si los dolores son del volumen de quien los sufre le esperan grandes tormentos con los dolores de cabeza. Afortunadamente no padece de migraña, pero sólo de pensar lo que le espera, es extraño, pero ha comenzado a sentir un dolor en las rodillas y las ve el doble de su tamaño habitual.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2007. Rogelio Jarquín.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-3464407851418265793?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/3464407851418265793/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=3464407851418265793' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3464407851418265793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3464407851418265793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2008/01/hipertrofia.html' title='Hipertrofia'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-3562040997533511660</id><published>2007-10-16T08:28:00.000-07:00</published><updated>2009-09-02T06:07:10.345-07:00</updated><title type='text'>MICTLÁN DEEFE</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RxTZHLv_afI/AAAAAAAAAFw/iZtvPp2IWIg/s1600-h/MICTLAN+01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5121957393663486450" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RxTZHLv_afI/AAAAAAAAAFw/iZtvPp2IWIg/s320/MICTLAN+01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;color:#ffcc66;"&gt;&lt;em&gt;A Gerardo y Merche que saben de estas cosas.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333399;"&gt;Me queda la memoria perfumada, me queda esa marca bajo los labios, una cicatriz larga y fina que la navaja de afeitar hace sangrar como una herida nueva. Me queda ese momento breve en que cierro los ojos para que el olor a flor de mi sangre me traiga el recuerdo de un barrio tapizado de jacarandas, la imagen de las tierras perfumadas de mi país y los cielos nocturnos de mis más antiguos miedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No se trata de una cicatriz cualquiera. No señor. Tienes suerte, naciste con herencia; un golpe de campeón”, me decía mi padre mientras lustraba inútilmente sus zapatillas de piel. Casi nunca me hablaba de boxeo pero cuando lo hacia no había forma de pararlo, como si quisiese resolver todos los problemas de la humanidad entre las cuerdas de un ring. “Si a Dios se le hubiera ocurrido darles guantes a Caín y Abel no habría pasado de una nariz rota y seguro no estaríamos tan perdidos”, y frotaba sus viejos guantes como si les fuese a salir un genio que cumpliese todos sus deseos, todos los títulos que hay en el mundo, victorias soñadas entre el calor y el bullicio de la plaza del Zócalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ex campeón peso gallo de la delegación Juárez y Coyoacán ofrece sus conocimientos pugilísticos, clases de defensa personal, cómodos pagos” decía el letrero que mi padre colgaba en las rejas de la Catedral, junto al cartel de un electricista y el de un profesor de guitarra y solfeo. No le iba nada bien, la gente buscaba un cerrajero o un carpintero que les arreglase las puertas pero no un boxeador. Iban en busca de un albañil que les tapase las goteras del techo y no quien les enseñase a dar golpes por muy cómodas y baratas que fuesen las clases, para eso ya existían los gimnasios de Tepito y la Lagunilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pequeño padecí en carne propia esas duras lecciones de boxeo. Del mismo modo en que los otros niños esperaban temerosos a que llegase la noche, la oscuridad con sus seres terribles, monstruos gigantes que se comían las almas inquietas, yo aguardaba tembloroso a que la tarde trajera al enorme ogro que vivía conmigo. Mi padre, el ogro, me ataba unos guantes enormes y pesados como mi miedo, y después de corregirme la posición de brazos y piernas y recordarme las reglas para un supuesto combate, dejaba caer sobre mí una lluvia de golpes que yo malamente trataba de esquivar, hasta que terminaba bañado de sudor, lágrimas y sangre. Y fue ahí, con las manos presas, inútiles para defenderme y limpiar el llanto, que descubrí un aroma húmedo y denso salir de mi boca, un perfume de jardín y pájaros, como el que se pasea entre los kioscos de las flores. Eran mis labios que sangraban y despedían la misma fragancia que tiene mi barrio en julio, cuando el viento y la lluvia tapizan sus calles con jacarandas y buganvillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero al anochecer mi padre, aquel enorme ogro que los cuentos de hadas describían muy bien, se transformaba, se volvía el niño que perdido en el bosque descubre en las piedras y los árboles las figuras de sus temores. Cuando a mi padre le envolvía el miedo de la noche sangraba, de sus nudillos fluían unos delgados hilos rojos que iban en aumento conforme entraba la oscuridad por la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es la cabrona de tu madre que no me deja tranquilo” decía con un temblor de voz “va a sacarme el alma por las manos” y me hacía correr las cortinas como si de esta manera pudiera impedir que la noche entrase a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es para nosotros que la ciudad se extienda y cambie, no es para nosotros que cada día nazca un callejón, un barrio, es para que puedan caber nuestros fantasmas, nuestros temores, es ella quien nos reconstruye urdiéndose a sí misma, todo se mueve constantemente; mercados, carteles, monumentos, todo avanza y al igual que las aguas del río, nunca será posible perdernos por las mismas calles. Solo los mitos y los ritos perduran, nuestras primigenias supersticiones, nuestros miedos; esas creencias flotan en el aire, pasean sobre las cornisas de las casas y a veces caen al suelo, bajan a las calles como una fina lluvia de cenizas. Y se posan en nosotros, en nuestros días, y nos queda por siempre la convicción de que los gatos anuncian la llegada de viajeros, de que los muertos se guían por el olfato, la superstición de que los niños zurdos siempre traen consigo un mal destino, la costumbre de adorar en un mismo altar a dioses paganos, cristos y santos sin saber del todo a quien se le reza, la creencia de que las mujeres muertas en el parto se convierten en mariposas nocturnas o que mezclan su alma con la de la noche y que de ellas nacen estrellas como garras con las que devoran a los que transitan en la oscuridad. A esas almas se les llama Cihuateteos. Pues bien, mi madre era la cihuateteo que cada noche entraba para herir los duros puños de aquel púgil. Y esa sangre no era igual que la de mi boca, no era florido su perfume sino un denso olor a naftalina y maderas. Todavía puedo ver sus manos rojas, rodeadas de “palomas de san Juan” polillas que revoloteaban atraídas por el brillo de la sangre, puedo verlo, grandullón y torpe, envuelto en el pánico, la respiración agitada y con un llanto ahogado que no le dejaba dormir. Por las mañanas amanecía con su rostro de hombre sin miedos, tomaba su letrero y salía rumbo al Zócalo llevando consigo su mayor tesoro, la bolsa de papel mate en la que guardaba migas de pan para las palomas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos gran parte de nuestro tiempo buscando, inventando y coleccionando remedios, antídotos mágicos para nuestras tristezas y nuestros miedos. Unos compran en el mercado de Sonora los secretos del amor y la fortuna, adquieren los favores de la Santísima Muerte y envían mensajes amorosos a sus difuntos, otros van al callejón de La Soledad, una calle oscura, sucia y perdida donde prostitutas marchitas hacen su pasarela de vestidos brillantes, perfumes pesados y falsas sonrisas, y unos decidimos marcharnos, salimos sin maletas para que no nos puedan seguir nuestros miedos y nos vamos a cualquier lugar de la tierra. Pero hay que estar demasiado solo para terminar como mi padre, buscando el espíritu santo entre las palomas a las que da de comer, creyendo remediar su soledad llenando el Zócalo de migas de pan y soñando con peleas que nunca ganó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No señor, no es una cicatriz, es la marca de mi estirpe, una especie de bendición” me decía con una alegre solemnidad como si me estuviese confiando el gran misterio de la vida. Yo, escuchaba atento, creía fielmente en esas palabras y las aprendía de memoria como si se trataran de oraciones mágicas, exorcismos contra todos los males, conjuros para la felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de la misma manera que mi padre aceptó que todos sus esfuerzos habían sido inútiles, que los únicos combates de los que yo podría salir librado serían con los de mi propia sombra, los años y la costumbre de la ciudad por reinventarse cada día, acabaron por extraviar la magia de mis conjuros, por desgastar los efectos tranquilizadores de las palabras; el olor a tinta de la imprenta donde trabajaba borró de mi memoria el aroma florido de mi sangre, se fue encogiendo la imagen del ogro hasta quedar convertido en un simple mortal, en un hombre triste y rudo, pero no cesaron sus temores que terminaron por ser también míos y que despertaban puntuales a los primeros minutos del atardecer. Salía de la imprenta a las cinco de la tarde y tenía que echar a correr rumbo al Zócalo antes de que a mi padre le empezara a envolver el pánico, lo hallaba aferrado a sus viejos guantes como si se tratasen de talismanes, amuletos para su salvación. Mientras él se quedaba en casa, sangrando por las manos sus temores, yo me olvidaba de los míos observando las partidas de ajedrez en la Alameda.&lt;br /&gt;En realidad no era el juego lo que me hacía estar más de cuatro horas atento a los movimientos de los ajedrecistas, sino las fascinantes historias que contaba uno de ellos. Álvaro Manises, poseía la voz más serena que yo había escuchado, tenía un rostro pálido, ojeroso, los cabellos blancos, largos y descuidados y un traje enorme y viejo que le daba cierto aire de naufrago, de sabio de mar. “¿Sabes de dónde viene mi apellido?” Y me contaba como había descubierto en un atlas que Manises era un poblado de Valencia, famoso por su cerámica, “yo también tengo algo de artesano” y sentenciaba la partida con un jaque mate. Cuando no me narraba antiguas batallas o leyendas, soñaba en voz alta; hablaba de crear un ejercito de organilleros para alejar las lluvias del centro histórico y de la película que algún día los dos rodaríamos. “Ya hasta tengo titulo. Se llamará Mictlán Deefe” y empezaba a silbar un danzón, Nereidas o Perla marina. Casi siempre silbaba, decía que era como ponerle banda sonora a los días, soltar un ovillo de música con el que adornar el cuerpo humeante de nuestro cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lo tuyo no es una cicatriz” afirmaba “es la maldita lluvia que quiere hundir esta ciudad. Es el pinche Tláloc lanzándonos los colmillos. No es agua lo que cae sino astillas y nos marcan la piel”. Los domingos iba a desayunar a su casa y curábamos las heridas de la lluvia con una botella de buen whisky, me daba lecciones de ajedrez y terminábamos oyendo uno de sus discos de vinilo.&lt;br /&gt;“esta muy viejo, se escucha mal”&lt;br /&gt;“Qué va estar viejo, es Tláloc, el cabrón se mete hasta en los discos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus hijas nos miraban con ojos desesperados, no soportaban que en medio de una conversación metiéramos los diálogos de una película y acabáramos hablando de irnos lejos, escaparnos a Madrid o recorrer el poblado de su apellido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“mejor váyanse a Estados Unidos, está más cerca y hay que cruzar menos agua” nos decían entre burlas “a lo mejor regresan llenos de dólares y con un par de rubias”&lt;br /&gt;“Pero hay muchos gringos” contestaba Álvaro y volvía a llenarme el vaso de whisky.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me gustaba su hija la menor, tenía una voz suave, unos enormes ojos marrón y tocaba el piano muy bien. A Ericka le llamaba la atención la cicatriz de mi barbilla. “Yo tengo una en forma de luna. Justo aquí” y ponía mi mano en su costado izquierdo. Le hubiera dicho algo si me hubiese dado oportunidad, pero la mayoría de las veces me terminaba hablando de sus secciones de relajación, de masajes con imanes y los prodigios de la medicina homeopática. “Deberías llevar a tu papá” me recomendaba. “Eso no cura los espantos” murmuraba tras de mí Álvaro. Me costaba salir de ese apartamento, me era una tortura tener que regresar a casa, a contagiarme de los temores de mi padre. Apenas me despedía y ya contaba las horas que faltaban para irme a la alameda y encontrarme con Álvaro, explicando el misterioso mecanismo de los organillos y como es que su música aleja a las nubes, o viéndolo trazar de memoria un mapa de Madrid y venciendo cuanto ajedrecista se atrevía a retarle. “Sólo el diablo es capaz de comerle la reina a este viejo del demonio” mascullaban su derrota. Y tal vez algo de cierto había en esas palabras; sólo el diablo podía ser capaz de vencerlo y sólo el diablo lo hizo. Fue un noviembre, la ciudad parecía estar con un medio sueño, murmurando para sí, llenando el aire de copal y haciendo aparecer en las casas altares de flores y fruta. Ese día Llegó a la alameda un gringo bien vestido, traía una libreta y una maleta de piel. Propuso un torneo a los ajedrecistas, ofreció mucho dinero y todos comenzaron a interesarse, todos menos Álvaro que empezaba a quejarse de la lluvia. El gringo siguió insistiendo y Álvaro dijo con cierta arrogancia:&lt;br /&gt;“ Si con alguien voy a jugar será contigo”, el gringo sonrió “lo siento, yo soy muy mal jugador pero tengo aquí quien lo hará por mí” y sacó de su maleta una computadora portátil. Álvaro dejó escapar una carcajada y aceptó jugar a cambio de una botella de whisky. Todos nos colocamos alrededor de él, convencidos de que Álvaro Manises acabaría con toda la tropa de su ridículo contrincante y de que ganaría un montón de dólares para irse a emborrachar a cualquier parte de la tierra, quizás a España o al fin del mundo. El gringo se entretuvo resolviendo un crucigrama mientras nosotros aguardamos en silencio, esperando el silbido triunfar de nuestro amigo. Pero el silbido se demoraba más de lo habitual. En realidad nunca llegó, vimos para nuestra sorpresa como fue cayendo peón por peón, como desaparecían de la pantalla las torres, los caballos y como en menos de cincuenta movimientos un alfil colocó en jaque mate al rey negro de Álvaro Manises. Él, se levantó del banco, en ese momento sus manos temblaban al igual que nuestras miradas, tomó su botella de whisky, se abrió paso entre nosotros y lo vimos alejarse, sin decir ni una sola palabra, cruzando las sombras grises de la alameda. Esa tarde regresé andando a casa, la avenida de Tlalpan olía a flores de cempasúchil y el viejo dios de la lluvia volvía a lanzarnos sus filosos colmillos. Afuera, en el zaguán, un organillero no dejaba de tocar su melodía intentando inútilmente alejar el agua de las nubes y mi padre seguía con su rutina de lamentaciones mientras el miedo hacía sangrar los nudillos de sus manos. Toda la noche estuve pensando en la derrota del ajedrecista, y al igual que él, soñando en voz alta, me imaginaba viajando, sentado al lado de Álvaro y Ericka Manises dentro del avión que nos llevaría a conocer Madrid, cruzando el océano hasta estar bien seguros, lejos de la Ciudad de México, lejos del Mictlán D. F., del Distrito Federal con sus palacios de pavores, de nuestro paisaje desgastado, humeante y lluvioso. Al día siguiente me llamó Graciela, la hija mayor de Álvaro, él no había aparecido y ellas estaban como locas, recorriendo hospitales y comisarías. Me uní a la búsqueda y por dos interminables días anduve en cantinas y bares, sabiendo de antemano que no se dejaría encontrar con el pudor de la derrota y menos en ese momento, mientras estuviese tan indefenso ante las calles heridas por la lluvia. Me lo imaginaba igual que yo o que mi padre, abrazando su tablero de ébano y caoba, temblando ante la furia de un dios que debió dejar de llover desde hace tiempo y ocultando de sí mismo sus más viejos temores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la media tarde de un jueves cenizo cuando Ericka me llamó para darme la noticia. Hasta mi cuarto llegaba la voz interminable del radio de la sala, mi padre seguía atento un combate de boxeo mientras yo fumaba y bebía whisky sin parar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se nos fue, se nos fue” repetía Ericka entre sollozos.&lt;br /&gt;“¿Adónde? ¿De qué hablas?” Pregunté adivinando lo peor. “Mi papá... se murió mi papá, nos ha dejado solos”. No recuerdo mis palabras, sólo que me abandoné al llanto con ella, mientras el grito del locutor anunciaba la hora y daba por concluida la emisión del combate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las acompañé a recoger el cuerpo; Álvaro Manises, cincuenta y dos años, había muerto en Tlalpan, solo, en una habitación del hotel Mexicali. Lo encontramos con la cabeza sobre el ajedrez, de sus sienes fluía un delgado hilo de sangre cuyo color terroso había teñido sus cabellos y los escaques del tablero. Sonreía, recuerdo que aún había una sonrisa en su cara y que el rótulo neón del hotel entraba por la ventana hasta reflejarse en la alfombra, en sus ropas y en sus manos quietas. “Se le partió el cerebro como una nuez” dijo un policía. “Son las estrellas, le quebraron la cabeza las estrellas” afirmó convencido el forense mientras Ericka lloraba y besaba la frente herida de su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidieron incinerarlo. Ofrecimos al fuego el cuerpo sin vida de Álvaro Manises y él nos lo devolvió en cenizas, encerrado en una urna de madera cuyo frente se adornaba con una cruz dorada; símbolo de un dios al que Álvaro jamás llegó a nombrar. Afuera del crematorio un organillero soltaba su música, no era Nereidas ni Perla marina sino otra melodía, una música triste y vieja, parecía que las notas agonizaban apenas iban naciendo. “Ahora pensaremos como repartir las vacaciones” dijo Graciela “¿querrás llevártelo en navidades o en verano?” Me preguntó entre sollozos. Ella era así, uno podía medir su tristeza según el tono de sarcasmo con que acompañaba sus frases, como si quisiera burlarse de la vida, o en este caso, de la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ericka sacó de un armario el estuche de ajedrez de su padre y me lo puso en las manos.&lt;br /&gt;“Esto es para ti” me dijo.&lt;br /&gt;“¿Qué es?”&lt;br /&gt;“ábrelo”&lt;br /&gt;Dentro del estuche en lugar de peones, caballos y torres había un fajo de billetes, dinero como para tres o cuatro años.&lt;br /&gt;“Era de mi padre, lo ahorró para irse contigo a España” “vete, vete a Madrid o adonde quieras” me suplicó. “Pero... ¿y tú? Vente conmigo” dije aun sin entender todo lo que había pasado, sin acabar de aceptar la ausencia de Álvaro, sin terminar de llorarle. “No seas tonto. Vete, vete de aquí. Cruza el atlántico y comete el mundo, comete esas calles de postal y muérete de viejo, pero no te mueras aquí, ni te mueras sólo, vete” besé sus ojos, besé su cuello y su boca y toda ella era llanto y tenía un perfume liviano de fruta y jardines. “Vete” insistió “Yo estaré bien, tengo la cura para los males” dijo señalándome su repisa llena de medicinas, de frascos mágicos con los que entretener la soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui al Zócalo por mi padre, a esa hora mi madre ya empezaba a lastimar sus manos y él me buscaba por toda la plaza. Lo descubrí tan pequeño, tan triste y viejo, tan lejos de la imagen de Álvaro Manises, tan lejos del ogro cruel que me bañaba de golpes. Y me dio miedo, me invadió el pavor de acabar de la misma forma que el púgil, entre palomas y migas de pan, entre sangre y mariposas nocturnas. Esa noche dormí sin soltar el estuche, mis manos aferradas, sujetas al ajedrez como Ericka a sus frascos, como mi padre a sus guantes, como las cihuateteos a la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando compré el billete de avión (sólo ida) no sonreí por los sueños puestos en Madrid, no pensé en ese viaje como algo tan deseado sino como la huida necesaria, no pensé en las rutas que habíamos inventado Álvaro y yo tras una tarde de whisky y ajedrez, no pensé en caminar por esas calles tantas veces soñadas en silencio y en voz alta, no pensé en Graciela riendo sus depresiones, ni en Ericka buscando inútilmente los remedios para el olvido, pensé sólo en no volver a ver el cielo oscuro que habitan los miedos de mi padre y en dejar atrás la llovizna que corta como vidrio molido, hunde y ahoga los aromas floridos de la Ciudad de México, del Mictlán D. F. de mis temores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Qué es Mictlán?” Le había preguntado a Álvaro Manises mientras me explicaba la importancia de los alfiles “Es aquí, el Mictlán es aquí, esa forma de estar vivos sin estarlo del todo. Por eso nos confundimos con los muertos, a veces lo estamos y a veces no. Desde afuera de la ciudad, desde afuera de su latido lluvioso, parecemos el parpadeo de un fotograma” Era verdad, eso fue lo último que vi desde el avión, la Ciudad de México bañada de luces, envuelta en una capa de agua y humo cortando por instantes su movimiento, marcando el ritmo de los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y recordé a mi padre, seguro estaría encerrado en casa, imaginándome muerto, creyéndome victima de la ira de mi madre y temiendo por sí mismo, por sus próximos atardeceres a solas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche en los aires duró muy poco, apenas unos minutos, como si el avión hubiese atravesado un muro nocturno, una pared oscura que sólo sirviera para dividir el mar del mar y el cielo del cielo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333399;"&gt;Fue ese muro nocturno lo que me hizo pensar que estaba a salvo lejos de mis más antiguos miedos, fue la densidad de esa noche y esas siete horas extraviadas por alguna parte del viaje lo que me hicieron creer que por fin había pasado la verdadera frontera, sin imaginar que los miedos me esperaban agitando sus alas. Desde mi primera noche en Madrid las cihuateteos me persiguen golpeando el cristal de mis ventanas. Lo único que puedo hacer es esconderme en cualquier hostal perdido en las últimas horas de la tarde y esperar el amanecer mientras aparecen una y otra vez en mi cabeza las palabras repetidas por el púgil que ahora yo rezo mientras escucho los aleteos golpear las persianas. “Cuidado con la noche, cuidado con las estrellas, con las cihuateteos disfrazadas de polillas; con esas putas convertidas en hadas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2007 Rogelio Jarquín. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-3562040997533511660?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/3562040997533511660/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=3562040997533511660' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3562040997533511660'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3562040997533511660'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/10/mictln-deefe-1-parte.html' title='MICTLÁN DEEFE'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RxTZHLv_afI/AAAAAAAAAFw/iZtvPp2IWIg/s72-c/MICTLAN+01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-8583770238291228467</id><published>2007-10-15T10:38:00.000-07:00</published><updated>2009-09-02T06:16:01.583-07:00</updated><title type='text'>Fuegos fatuos.</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RxOmlLv_aeI/AAAAAAAAAFo/UyoJk__RMDM/s1600-h/JR.jpg"&gt;&lt;span style="color:#330033;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5121620358989834722" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RxOmlLv_aeI/AAAAAAAAAFo/UyoJk__RMDM/s200/JR.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#330033;"&gt;Nadie me avisó que yo había muerto. Ahora me pierdo en el aire y mis pensamientos se me escapan como si fueran parte del descuidado tiempo. Lo sé ahora porque he olvidado como es un amanecer, huelo a noche, he tomado el volumen de las sombras que no se ven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sí; después del anochecer vuelvo al cementerio, me acurruco en la tierra que dice mi nombre, para que el olor a humedad pellizque mis huesos, como lo está haciendo ahora, trepándome y arrancándome sin que pueda impedírselo, porque mi voluntad acaba en el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor es el frío del cuerpo, que lastima cuando me agarra y me hace oír los rezos de las mujeres que vienen a rogar por el alma de sus difuntos. Yo me pongo a reír porque ellas en verdad piensan que rezando se llega a otra parte que no sea la tumba. A mí se me consumió la fe en dios desde antes que me llegara la muerte, creo que por eso tal vez no supe siquiera el momento en que se me acabó el calor de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre dije que los sacerdotes ni salvan su propia alma, sólo absorben el poco dinero que logra ganar la gente que a maíz y fríjol tiene para malvivir; y ya ven, aquí no hay ni infierno, ni paraíso y tampoco purgatorio. Hay demasiados muertos preguntando por el dios que debería estar esperando a los que fallecen. Lo único que tengo de dios es la cruz que ha atravesado mi caja hasta rozar con lo que antes fue mi pecho; y eso no sirve para olvidar que se sufre también desde la tumba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo pensaba que estar muerto era cuestión de dormir para siempre, mientras te llegaban los gusanos a picotearte la piel; pero no, los muertos sentimos también el peso de los minutos, igual o hasta más que los que están con vida. Sí, aquí sobra tiempo que afuera falta. ¡Si al menos hubiera durado mi vida un minuto de los que los muertos sentimos! hubiera tenido tiempo de enterrar a mis hijos. No me termino de acostumbrar al ritmo de los minutos sin vida. Me entra el deseo de adelantar el tiempo pero al final me acuerdo que también el futuro está empapado por la nada. Eso sí, cada instante llegan paseando como serpientes de humo los aromas entullidos de la vida, los que dejan mis labios de fantasma el sabor del café tostado, el perfume de la fruta fresca, de la leña húmeda y de la hierba verde; es como me llega más fuerte la melancolía y siento más duro el dolor del silencio y me paso capturando olores que después dejo ir para que vuelvan al mundo, ellos que si pueden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que dura poco es la noche. Yo salgo a buscar algún vivo que se acuerde de mi nombre, pero no, ya soy un muerto viejo como para que alguien se acuerde de mí, los amigos que dejé ya se han ido de estas tierras, en que sólo está con vida la mala hierba que crece sobre mi tumba. Los ecos de lo ya vivido me aprietan donde creo que está la garganta, se van hasta mi memoria los pedazos de juventud que aún siguen aferrados a los pueblos vivos que llevan vientos diferentes a los de nosotros. Al borde de mis huesos llegan las huellas de una vida pasada. Los efectos del recuerdo hacen más pesada mi alma. Se estancan los primeros días de mi existencia que en vida no pasaron por mi mente y ahora aparecen como ráfagas de sueños en penumbra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vida me nombraban Sebastián Ruedas. A mí nunca me probaron que ese era mi nombre, jamás supe si yo era quien decían. Supongo que mis padres se encuentran aquí, convertidos en polvo, en lamentaciones de fantasmas. Yo me crié como todos; con una madre postiza que me engordaba con tortilla, fríjol y atole de maza. Mamá Chole también sólo me tenía a mí y por eso me mandó a estudiar cumpliendo la edad de un hombre. Viajé a Guadalajara y fue donde me titulé y también donde me arrancaron la fe de un dios. Eso ocasionó la muerte de Mamá Chole, dijo que me había vuelto "lo que Judas empeñó", se fue sintiendo mal cada vez que me veía. Un día me avisaron que tenía que ir a encargarme de su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no recuerdo cuantas veces me casé, ni cuantos hijos engendraron las mujeres que me acompañaron en diferentes noches. Una que otra vez llegaron a mi casa mujeres con hijos en brazos a pedirme que les diera mi apellido, yo se los daba y después ya nada sabía de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A sol y tierra me llené de días, de momentos, de años. Ahora sólo puedo conformarme con llegar a las calles y mirar los paisajes saboreando los cantos de la gente que vive de noche. Ver las figuras (mitad de sangre, mitad de hueso, mitad de humo) danzando sobre el mundo que ya no es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se extraña el calor de la sangre chorreándote el corazón y la carne que hacía ruido con el crujir de la hojarasca sobre la arena negra. Se extrañan los ojos gelatinosos que vomitaban agua salada. Aquí nada mas hay un calendario de un solo día, manecilla para un solo minuto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El murmullo de los muertos que hablan de día a través del chocar de piedras en el pantano me lastima donde debieron estar en vida, mis oídos; se lamentan de no poder callar la obscuridad de la sepultura. Hay otros que ya ni siquiera salen, se quedan para no dejar solas sus cenizas grises, que no les ayudan a recordar el rostro de su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí; fueron los quejidos de tantas tumbas los que me avisaron que yo estaba en el sepulcro. Los roces de los cuerpos falsos fueron al principio miedos, después cantos de regiones donde saben de los que estamos bajo tierra, porque no todos los muertos se encierran en este panteón, unos siguen en sus casas de vivos o en las huellas que dejaron en su sembradío que los reconoció como sus dueños. Yo no tengo casa. No hay tierra que me reconozca como algo, aquí nada es mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son los campos llenos de frutos los que extraño, son las grandezas de la simplicidad humana a las que deseo volver, son los días hábiles en que volvía de una jornada semanal que me dejaba ásperos los músculos, para atragantarme de gente mirando aparadores en el centro de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sentido de estar vivo se daba a notar en mi movimiento entre columnas luminosas de cabarets en los que llegué a pasarme largos ratos. Yo si vivía el tiempo. Creo que llegué a enamorarme de una que se robó mis sueños, no recuerdo el nombre; a nosotros los muertos ya cansados se nos suelen olvidar los nombres. Sólo recuerdo una hermosa sonrisa en su cara. También ella tuvo un hijo mío, creo que le puso mi nombre, ella también se fue, yo no quería pero... ella acabó casada con Don Macario y mientras mi hijo, a quien amaba porque era parte de ella, creció diciéndole padre al que me mandó a matar. Ese hombre me odiaba, se sentía su sangre maldecirme cada vez que me veía. Lo único que le agradezco a Don Macario es que me haya matado cuando dormía, porque dicen que cuando te matan consciente es más doloroso dejar este mundo. Al fin y al cabo, si no hubiera sido él hubiera sido otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que rasposas son las rutas de mi tumba, que monótonas mis&lt;br /&gt;compañías muertas igual que las rocas. Fastidioso me es tener que atragantarme sus recuerdos que gritan a toda voz. Sólo hay un hombre feliz en este lugar: Felipe el sepulturero; cada vez que llega uno nuevo se le oye cantar con esa voz que avisa que ese día si comerá bien. Almuerza café con canela y un pan, se sienta en mi lápida y me platica las noticias del mundo, él sabe que lo escucho porque fui su mejor o más bien único amigo en toda la tierra. Nos encantaba tomar sobre el tejado de la iglesia para que el sacerdote saliera a reclamarnos. Felipe me ayudó muchas veces a robarme a mis mujeres cuando ellas se hubieran querido quedar. Eramos casi de la misma sangre. Él si sintió mi muerte en los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora me pierdo en el aire. Beso la tierra y camino bajo pies que no saben de la muerte. Salgo en forma de noche y camino tras tacones de quien me toca tomar su forma. Ahora es tiempo de olvidarse que uno está muerto. Sólo así alcanzo a disfrutar el algo de vida que tenemos los muertos hechos sombras.&lt;br /&gt;©2007 Rogelio Chávez. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-8583770238291228467?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/8583770238291228467/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=8583770238291228467' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/8583770238291228467'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/8583770238291228467'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/10/fuegos-fatuos.html' title='Fuegos fatuos.'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RxOmlLv_aeI/AAAAAAAAAFo/UyoJk__RMDM/s72-c/JR.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-4161680340702036307</id><published>2007-09-19T04:49:00.000-07:00</published><updated>2009-02-12T04:43:35.396-08:00</updated><title type='text'>16 (Balas perdidas)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RvEM71U-6SI/AAAAAAAAAFg/k4ANNbwHIGA/s1600-h/wall03.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111881274109126946" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="182" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RvEM71U-6SI/AAAAAAAAAFg/k4ANNbwHIGA/s200/wall03.jpg" width="230" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;No pido mucho, ni siquiera el bastante que le das a los demás y ellos se marchan como niños atados al cielo por un globo. No pido mucho, ni siquiera el ocasional con que les adornas las cabezas a los desconocidos o a los ausentes. Yo no pido mucho, solo el cuentagotas de tu presencia, a veces lunes, a veces martes, a veces jueves. Seguir viéndote como ahora que te das a ti misma alrededor de una taza de café. Quizás, mirándote, descubra por qué entre más necesario me es el tantito tuyo que me cedes, menos creo en las historias de amor. Eso ya me sería suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2007 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-4161680340702036307?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/4161680340702036307/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=4161680340702036307' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4161680340702036307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4161680340702036307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/09/23.html' title='16 (Balas perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RvEM71U-6SI/AAAAAAAAAFg/k4ANNbwHIGA/s72-c/wall03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-839393228039504799</id><published>2007-09-12T00:42:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:51:04.544-08:00</updated><title type='text'>6 (Balas perdidas)</title><content type='html'>&lt;span style="color:#ffff66;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RueZSLUem8I/AAAAAAAAAFY/wYiuVUtPYZs/s1600-h/fogata_nocturna.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5109220839830494146" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RueZSLUem8I/AAAAAAAAAFY/wYiuVUtPYZs/s200/fogata_nocturna.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#66ffff;"&gt;En la hoguera el fuego se queda quieto como para mentirle a la noche, para hacerle creer que está muerto o sólo duerme. Después tirita. Parece mentira que su temblar sea precisamente lo que nos cobija. El misterio de la llama no es la luz sino su danza resistida, sus golosas aspas. No causa calor, ingiere el frío, ese es su oficio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2007 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-839393228039504799?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/839393228039504799/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=839393228039504799' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/839393228039504799'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/839393228039504799'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/09/6.html' title='6 (Balas perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RueZSLUem8I/AAAAAAAAAFY/wYiuVUtPYZs/s72-c/fogata_nocturna.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-1674177139858356419</id><published>2007-09-10T19:45:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:51:05.021-08:00</updated><title type='text'>Preámbulo para atrapar sueños</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RuYDYdqTWAI/AAAAAAAAAFQ/X8DAtgPzVNs/s1600-h/villa+margarita+maza+de+juarez+2005.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108774546112206850" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 260px; CURSOR: hand; HEIGHT: 194px; TEXT-ALIGN: center" height="190" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RuYDYdqTWAI/AAAAAAAAAFQ/X8DAtgPzVNs/s200/villa+margarita+maza+de+juarez+2005.jpg" width="248" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces pienso que debería guardar los sueños en el relieve de mis sabanas. Hay noches en que la mente ha trabajado tanto que no tiene fuerzas ni siquiera para construir una pesadilla, en esas noches hacen falta los sueños pasados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me han olvidado muchos sueños. Cuando se sacude el polvo de las sábanas suelen salir disparados por la ventana, sólo se alcanza a escuchar un quejidito; como si tragara un sorbo de agua, te asomas y lo ves muerto, hecho un cadáver bañado de sangre amarillenta, con los cabellos verdes enredando piernas y brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes, cuando tenía la edad de mi niña “Andrea”, era más fácil atrapar los sueños y colgarlos en el librero. Yo los metía en el jarrón de los dulces de menta para que mi Madre no los tirara; todo tenía que ser rápido, era cuestión de unos instantes para que la mala suerte le metiera las ganas de estornudar a mi Madre para que se diera cuenta. No me lo van a creer, pero en verdad, mi madre era la única mujer sobre la casa que tenía alergia por los sueños y, por esa razón quería exterminar todos los sueños que estuvieran en mi cuarto, la cosa es que cuando estornudaba eran señas de que había sueños en algún lugar de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco se me acabó la paciencia para atraparlos, qué le vas hacer, hermano, cuando estás en la sacudida de la pubertad todo te desespera, lo que pasa es que descubres a las mujeres. Tal vez te acuerdas de irte temprano a la cama, pero del almacén de sueños que has dejado bajo el colchón no. Que cosa tan rara, dejas que se descompongan como cuerpecillos putrefactos, y te llenen los pies y las axilas de aromas pesados; luego te dicen que apestas, que estás lleno de sudor, y te mandan todo el día a la ducha. Lo he recordado. Anoche se acercó Andrea a mostrarme su pecera llena de bolitas amarillas; de sueños. Parece broma, pero mi hija me va ayudar a pescar mis sueños que, aunque ya no son de niño no dejan de ser sueños (ahora se han vuelto grises). Hoy hemos atrapado uno, ella lo miró cuando estaba a punto de pisarlo; lo metimos en una jaula, pero parece que no le gusta estar encerrado porque he oído una que otra lágrima chocar con sus mejillas. Tengo pensado sentarlo en el relieve de mis cobijas, pero tengo miedo de que mi esposa estornude.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2007 Rogelio Chávez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-1674177139858356419?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/1674177139858356419/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=1674177139858356419' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1674177139858356419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/1674177139858356419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/09/prembulo-para-atrapar-sueos.html' title='Preámbulo para atrapar sueños'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RuYDYdqTWAI/AAAAAAAAAFQ/X8DAtgPzVNs/s72-c/villa+margarita+maza+de+juarez+2005.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-218193530008803046</id><published>2007-09-10T12:48:00.000-07:00</published><updated>2009-09-02T06:14:59.897-07:00</updated><title type='text'>HISTORIA SIN PELDAÑOS</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RuX_3dqTV_I/AAAAAAAAAFI/3O0u0Tpw4Ms/s1600-h/madoz+89.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108770680641640434" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RuX_3dqTV_I/AAAAAAAAAFI/3O0u0Tpw4Ms/s200/madoz+89.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Hubo un tiempo en que sí podía sentirme desterrado, muerto. Y buscaba esa quietud en la noche cuando las cosas estaban más sin vida, eran momentos en que el silencio me daba un poco de esa muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dolió mucho dejar el apartamento que Marla y yo habíamos comprado hace unos años a orillas de la ciudad y parar a esta casa de una sola planta y a espaldas de la estación del tren. Me gustaba la idea de vivir en el último piso y que bajo de mí estuviera una docena de escaleras y con ellas doce posibilidades de resbalar y caer muerto; siempre tuve la seguridad de que moriría igual que mi Padre y que el Abuelo, cayendo por unas escaleras, digamos que sentía que era la tradición de la familia, una muerte de sorpresa en los peldaños, un golpe en la cabeza y después un perpetuo silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cambio a Marla, a ella le desesperaba mi obsesión por el silencio, y es que, junto con el silencio de la noche, llegaba el deseo de una eterna quietud, de un callado abismo que sólo se puede obtener en el sepulcro, bajo tierra, rodeado de flores, una sábana florida que convoque al vacío. El silencio no sólo era la ausencia del sonido cotidiano sino también la cercanía conmigo mismo, la pasión por las cosas sin vida que me hablan detrás del rostro para después abandonarme al día, a lado del resonar insoportable que causa la ciudad en movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marla abría las ventanas de la casa para escuchar toda la noche el ruido de las locomotoras, para oír el gentío que esperaba a que saliera el tren. Yo mientras tanto me reprochaba el haberme dejado convencer y terminar vendiendo el apartamento para quedarnos con la casa de su padre. En esta casa no existe ni un peldaño para resbalar, tampoco hay quietud, todas las cosas se mueven y vibran con los vagones que avanzan tras de mi cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la muerte parecía haberse olvidado de mí, porque a pesar que la casa parecía cementerio, con flores en todas partes, velas y crucifijos adornando la cabecera de mi cama, era inevitable la separación que tenía con las escaleras. En la oficina me cambiaron a planta baja por cosas del espacio y a Marla la mandaron al quinto piso junto con todas las demás mujeres que entre murmullos se quejaban de subir escaleras diciendo que a ver a qué hora el señor Córdova mandaba arreglar el ascensor, que eso de hacerlas subir todos los días, no eran modos de tratar a unas damas, que los muchachos muy cómodos en planta baja, mientras ellas aguantando el dolor de las piernas por la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, teniendo que soportar todo el día los gritos de la gente vendiendo frutas en la plaza, frente a la oficina; al menos en el quinto piso no se alcanzaban a oír, sólo de vez en cuando se oía un avión pasar y yo pensaba en los pisos que se han de necesitar para estar a su altura para después dejarse caer por todas las escaleras hasta llegar a morir en la plaza, sobre un puesto de flores amarillas, como la muerte, porque seguro que la muerte es amarilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una muerte amarilla la que siempre he querido para mí y no una marrón oscuro que llegue en las arrugas del cuerpo, cuando se vuelva cotidiano estar sentado en una banca del patio, bajo el sol de mediodía y como única distracción, mirar los vagones que remarcan la lentitud del anciano. Y Marla sí, ella quería llenarse de arrugas, de años, y jubilarse para tener todo el día oyendo las locomotoras y recordar cuando su padre vivía aquí, cuando subía a la azotea con él y miraban las vías a la vez que los dos inventaban historias de hombres que sólo viajaban, que no hacían nada, sólo acompañaban al tren hasta sus últimos días. Marla hablaba de eso y de que ella volvería a contar historias a sus nietos o a cualquier niño que quisiera subir a la azotea y saludar a los viajeros que desaparecen junto con el ruido del tren. Para ella era llevarle la contra al decirle que yo prefiero el silencio, la calma, morir joven sin previo aviso y lleno de flores. Porque a ella le desagradaba guardar un minuto de silencio a los muertos y de llenar las tumbas de flores que sólo remarcan la falta de vida. Prefería una muerte con música, un funeral en la estación de tren y que una locomotora la llevara hasta lugar donde ella imaginaba que todas las vías del mundo iban a iniciar de nuevo su ruta.&lt;br /&gt;Y ahora ya no tengo la seguridad de morirme en las escaleras, y tampoco de volver a escuchar esa nada que antes podía tener en mis noches. Lo supe cuando Marla sufrió el accidente; cuando se la llevó la ambulancia. Dijeron que había resbalado y que rodó por las escaleras, que no tuvo tiempo de pedir auxilio. Yo estaba triste pero no sé si por ella o por mí, porque mi destino mortuorio ya no era mío sino suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Murió antes de subirla a la ambulancia, inmóvil y no como ella habría querido. Fue como si el silencio se volviera ella, ella que siempre se había quejado del mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda la oficina me acompañó al tanatorio. Algunas de sus compañeras lloraban de verdad. Después de darme el pésame con una solemnidad ensayada, el señor Córdova habló de reparar el ascensor y de que sentía mucho la muerte de Marla. Pidió un minuto de silencio y fue que por primera vez desde hace mucho tiempo yo oía una nada tan profunda y por un momento me volví a sentir desterrado, muerto. Jamás pensé ver a Marla tan quieta, callada y rodeada de flores amarillas, en esa muerte joven que seguro es amarilla. Y yo tan solo, sin mi muerte, con el constante ruido de las locomotoras, con el palique de la gente en la plaza; esperando a que la muerte llegue en las arrugas, la muerte marrón que era de Marla, y recordando como ella se quedó con mi silencio, con mi quietud, mi muerte amarilla; desterrándome de la nada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;©2007 Rogelio Chávez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-218193530008803046?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/218193530008803046/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=218193530008803046' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/218193530008803046'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/218193530008803046'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/09/historia-sin-peldaos.html' title='HISTORIA SIN PELDAÑOS'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RuX_3dqTV_I/AAAAAAAAAFI/3O0u0Tpw4Ms/s72-c/madoz+89.gif' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-8872975153091008625</id><published>2007-09-01T01:25:00.000-07:00</published><updated>2009-09-02T06:18:17.085-07:00</updated><title type='text'>Artificio</title><content type='html'>&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#333399;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RtkjetqTV7I/AAAAAAAAADo/q66oJlJqDyY/s1600-h/maquina_de_escribir4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105150663161239474" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RtkjetqTV7I/AAAAAAAAADo/q66oJlJqDyY/s200/maquina_de_escribir4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Uno se escribe historias para sí, se va creando artificios atrás de un escritorio y se cree que ahí si se tiene el control absoluto de las cosas. Se abstrae de la realidad sólo lo necesario, lo verdaderamente indispensable para jugar por un rato a ser dios, y se empieza por querer cambiar las cosas, por darle la vuelta a la realidad. Todo va bien hasta que vaya a saber porque llega un momento en que se pierde todo control y tu personaje decide no llamarse Julio sino Osvaldo, tener cierta obsesión por los moluscos y no por los rinocerontes como tú le has ordenado. Y es él quien termina contando la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue nunca donde tú le dijiste, se las arregló para pasear por toda la ciudad, asomarse en tu ventana y verte a ti convertido en un personaje peleando con una máquina de escribir; te miró rompiendo hojas, dando vueltas en torno a tu escritorio y te volvió la espalda metiéndose las manos en los bolsillos de su abrigo color mostaza, preguntándose quién eras tú. Buscó por los parques caracoles para ponerlos en su abdomen y sentir su paso lento y continuo. Por la noche entró al metro y recorrió los andenes y las estaciones de cada línea. Tú buscaste la forma de retomar el mando en la historia, pero a Osvaldo no le importó lo que tú querías contar; se metió a una sala de cine y vio una película que aún no veías. Llegó a su casa y el insomnio le hizo recordarte escribiendo, sacó de un cajón una hoja y se quedó contemplándola durante horas. Buscó una pluma y dibujó caracoles alargados, con ruedas y alas. Después tomó otra hoja y empezó a escribir una carta a Marcela. Pensaste en levantarte del escritorio y dejar inconcluso todo, pero te entró la curiosidad por saber que le escribía a tu mujer. Osvaldo ocultó de ti cada frase escrita, la pasó en limpio en una hoja amarilla y la metió en un sobre adornado con dibujos de caracoles dorados. Salió y recorrió el mismo camino que tú recorrías para ver a Marcela. Tocó y metió bajo la puerta el sobre, después corrió toda la avenida principal silbando una melodía que tú también silbabas. Observaste como Osvaldo en las nueve líneas siguientes conquistaba a tu mujer, como la invitaba a bailar a un bar que te parecía sombrío, como tus conocidos veían feliz a Marcela escuchando los halagos de tu personaje, a quien para ella era fácil besar al igual que a ti recordar que ya no era feliz ni contigo ni con tu colección de rinocerontes de metal y mucho menos con tu aroma a tabaco. A ti te siguió desde afuera de la hoja esa sensación de celos que tu razón tachaba como estupidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las caricias veías como pasaban a los besos y de ahí, a las confidencias personales, Osvaldo se enteró de tu costumbre de comprar rinocerontes en cada viaje que hacías, se le hizo ridícula tu idea de ponerle nombre de mujer a tu pluma fuente y que era de mal gusto tener una bicicleta pintada de verde fosforito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Marcela se acercó a Osvaldo para decirle que sí, que ella también lo quería, te detuviste en un punto y coma; era como si tuvieras miedo de las demás líneas siguientes, era la preocupación por las palabras que vendrían después, ansiedad por la historia que tú pretendías contar y que dejó de ser tuya desde las dos primeras líneas. Osvaldo la escuchó metiendo las manos en su abrigo mostaza y sacando de los bolsillos un par de caracoles que puso en el cabello negro de Marcela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te tranquilizaste en un par de párrafos, cuando ya no eran tan felices y Osvaldo volvió a ocupar los días para buscar caracoles, viajar en metro, ver películas en cualquier sala de cine, volvió el sueño y dejó de escribir cartas a Marcela pero siguió dibujando caracoles alargados, con ruedas y alas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi enseguida de que Osvaldo volvió a su vida cotidiana decidiste dejar de escribir. Metiste las hojas en un cajón, saliste a la calle como para regresar a la realidad, tomaste tu bicicleta y recorriste medio barrio. Te detuviste en una cafetería para calentarte un poco. Te dio gusto ver a Marcela sola, en una mesa pegada a la pared haciendo una torre de galletas; te sentaste a su lado. Volviste a pedirle que regresara contigo, ella te tomó la mano y te pidió que no insistieras, que era muy feliz sin tener que soportar tu aroma a tabaco, tu bicicleta y sobre todo tu colección de rinocerontes; que sería más feliz con un hombre que le pusiera caracoles en el cabello que contigo. Tú no dijiste nada, saliste a buscar caracoles a los parques.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;©2007 Rogelio Chávez. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-8872975153091008625?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/8872975153091008625/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=8872975153091008625' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/8872975153091008625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/8872975153091008625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/09/artifico.html' title='Artificio'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RtkjetqTV7I/AAAAAAAAADo/q66oJlJqDyY/s72-c/maquina_de_escribir4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-4145346972792561825</id><published>2007-08-13T00:16:00.000-07:00</published><updated>2009-10-16T10:15:01.982-07:00</updated><title type='text'>18 (Balas perdidas)</title><content type='html'>&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;&lt;strong&gt;A&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt; veces eso es lo que eres,&lt;br /&gt;La palabra que me une a un puñado de tierra.&lt;br /&gt;Sólo a veces, cuando te amo no demasiado.&lt;br /&gt;Pero la mayoría de los días&lt;br /&gt;no eres la palabra sino la tierra,&lt;br /&gt;entonces salgo a caminarte&lt;br /&gt;Hasta el atardecer.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;©2007 Rogelio Jarquín. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-4145346972792561825?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/4145346972792561825/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=4145346972792561825' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4145346972792561825'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4145346972792561825'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/08/3.html' title='18 (Balas perdidas)'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-6098258419365233425</id><published>2007-08-10T02:29:00.000-07:00</published><updated>2009-11-08T10:46:44.296-08:00</updated><title type='text'>MANJA</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RrwwOv6k0rI/AAAAAAAAACw/so2n7Rfo_Ik/s1600-h/cinta_de_mobius2.jpg"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5097001908215009970" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RrwwOv6k0rI/AAAAAAAAACw/so2n7Rfo_Ik/s320/cinta_de_mobius2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Para volvernos a tocar, Manja, sin que nada nos estorbe, tendrá que existir otro verano como este, que nos ha agregado a esas ausencias paralelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desperté con los gritos de tu madre que se quejaba de la comida de los aviones mientras te hacía panecillos, llegó hasta mi departamento el olor a durazno y limón. Un poco más tarde, subí a la terraza para verte, saliste con maletas, novio y parientes que te hablaban de postales y París. Me llevó tiempo entender que ese verano no te vería en la puerta del edificio leyendo una revista o esperando a un amigo para ir al cine, mientras yo compraba cigarrillos dos o tres veces sólo para contemplarte, para llegar al saludo ensayado que me has dado siempre, sin mirarme, y que me bastó para que en la tarde, sabiéndote lejos, no quisiera volver al edificio. Ya al anochecer, volví. Encontré a tu madre hablando de tu viaje con el portero; ahí me entere que viajabas sola, que ibas a estar en Europa por un mes. Esa noche no dormí, sentía mi cuarto vacío y ajeno, como si estuviera acostumbrado a tu presencia en él, a que no sólo me dijeras el “Buenas noches Señor” cuando nos encontrábamos en las escaleras o en el pasillo; sino también un “Buenos días Nestor”, como si hubieras conocido mi nombre y yo estuviera acostumbrado a oírlo de ti, con la misma dulzura con que llamas y besas otros nombres. Te extrañaba como si hubieras estado alguna vez viviendo, durmiendo conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era natural que a la mañana siguiente; después de entregar mis ilustraciones al periódico, diera una vuelta en el aeropuerto para buscar tu rostro. Estuve todo el día en los corredores y en las salas de espera, no te encontré, pero creí hallar tus ojos grises en la cara de una chica francesa que me observaba divertida desde un taxi. Esa mirada me dejó llegar al departamento con la ilusión de que te encontraría al día siguiente. No tuve que esperar a que amaneciera. Me dejé hundir fácilmente por mi cansancio y esa noche me soñé lejos, en un vagón de tren, sentado junto a la ventana; había un cielo de mediodía y un campo de flores marchitas. Después de un largo túnel te encontré sentada frente a mí, me mirabas y eso pudo haber sido todo el sueño; una cortina de fosforescencias antecediendo al negro absoluto para despertarme y que el sueño tuviera el mismo final que otros. Pero no desperté, tu mirada gris me seguía. Me preguntaste si faltaba mucho para llegar a Brujas, te contesté que no, que yo también iba para allá, creí que esa era la mejor forma de obligarte a conversar conmigo, y no sólo fue eso, visitamos la catedral, caminamos por las calles y compramos cervezas, regresamos a la estación de tren y te acompañé a Gante donde dijiste que te hospedabas. Bastaron menos de una docena de cervezas para que los dos termináramos remando sobre un sillón diciendo que se trataba de nuestro barco y hablando de geografía. Toqué tus manos para despedirme, para besarte los dedos que olían a cerveza y a un perfume fresco, un aroma dulce que me regresó a mi cama. Me desperté contigo Manja, todavía con tu mano en mis labios, porque pude dibujarte, dibujarme frente a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue fácil levantarme y salir al periódico, intentar distraerme con un álbum de Escher, de Varo. Anduve de librería en librería hasta que una falsa casualidad me llevó otra vez al aeropuerto. Creo que fue el aire frío que hay en las salas de espera lo que me hizo gritar tu nombre y que la gente siguiera inmutable, entre equipaje y folletos turísticos. Sólo una chica rubia me miraba por el reflejo de una vitrina. Fui a la cafetería y me puse a fumar, la chica rubia se sentó en mi mesa, me pidió un cigarro, tenía acento inglés. Y sus ojos eran también los tuyos Manja. La invité a dar una vuelta por la plaza y a que conociera dos de mis parques preferidos. Ella tenía hambre y a mí el tabaco me había dejado seca la garganta, así que caminamos hasta el supermercado, compré queso, vino nacional y un frasco de mermelada que a ella le gustó, llegamos a mi departamento. El vino nos golpeó de repente; fuimos de un tema a otro, de juego en juego, hasta que los dos sentimos la necesidad de entregarnos a la risa que nos desnudó, nos dejó pegarnos a la cama, formar parte de ella. Y nos matamos con las luces apagadas, la busqué en la oscuridad, siempre te encontré a ti Manja, dentro de sus ojos, de su voz que se iba convirtiendo en un murmullo para perderse en la nada. Ese fue el modo de despedirnos, en silencio, con las manos y los ojos, porque no supimos que hacer con las palabras. No la miré cuando tomó sus cosas para salir de la cama, del departamento, me quedé solo, fumando. Más tarde, cuando las calles también habían anochecido, dormí. Soñé París; que llovía y yo estaba en un puente mirando el río Sena y preguntándome por ti. Cuando acabó la lluvia tú apareciste entre un grupo de turistas que miraban sorprendidos la estatua de Enrique IV. No me reconociste, así que te seguí hasta un pasaje de galerías donde compraste ropa, postales de la torre Eiffel y del hotel Concorde Saint-Lazare. Te pedí me dejaras ayudarte y, creo, lo esperabas porque me diste las bolsas y seguiste caminando sin hablar. Pronto llegamos a tu cuarto de hotel, cerramos las cortinas para que no entrara el sol. Jugamos con tu ropa, a vestirnos, a desvestirnos, y ya desnudos nos contemplamos. Luego nos bañamos, y sé que en ese momento los dos pensábamos en América y su noche debajo del mediodía de París, pensamos en mí, creyendo que realmente dormía; no era así, me miré al espejo, tenía otro rostro y supe que tú habías sido la sonrisa francesa del taxi y la chica inglesa. Preguntaste mi nombre y el mismo juego me llevó a mentirte diciendo que era Arthur. Volvimos a hacer el amor, a meternos en las sábanas y en nosotros, hasta que anocheció y yo desperté en mi cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mediodía salí a la calle, tus ojos estaban en una italiana que se peleaba con un mapa y que, al final sirvió para taparnos de la lluvia mientras hacíamos el amor en un callejón vacío. Después vino el sueño y con él, tu verdadero rostro en el segundo piso de un autobús cruzando Londres. Ahí también me acerqué a ti con otro nombre y otra cara que sirvió para volverte a tener, para que acariciaras mi boca, mis labios enamorados con tu índice. En mi cama sólo amaneció mi cuerpo cansado y semidesnudo, esperando el mediodía para encontrarte en la tienda del museo y dejarme derrotar por tus senos, tus caderas que en ese momento eran de piel madrileña, tu mirada era la misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormimos y despertamos cuantas veces fueron necesarias, cambiamos de nombres, de juegos y de ciudades; terminando siempre en una batalla de lenguas, vellos y miradas grises. Pero tuvimos que volvernos a encontrar en Bélgica, tendernos sobre nosotros en un hotel cerca del aeropuerto, tuve que apagar la luz, dejarme vencer por tus labios en mis piernas mientras veía parpadear dos brillos grises. Te miré tomar tus maletas y salir. Seguramente tu avión ya ha partido ahora que fumo solo. Tendré&lt;br /&gt;que despertar y subir a la terraza para verte llegar, dejar que todo siga como siempre, sin que conozcas mi nombre, y que de ti sólo me pertenezca tu saludo. Tendremos que esperar otro verano para que partas, para que volvamos a tenernos sin que nuestros nombres sean necesarios; sólo tus ojos, Manja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2006 Rogelio Chávez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-6098258419365233425?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/6098258419365233425/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=6098258419365233425' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/6098258419365233425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/6098258419365233425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/08/manja.html' title='MANJA'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RrwwOv6k0rI/AAAAAAAAACw/so2n7Rfo_Ik/s72-c/cinta_de_mobius2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-7131311154226457969</id><published>2007-08-08T08:10:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:51:05.768-08:00</updated><title type='text'>DESTIEMPO</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrndi_6k0nI/AAAAAAAAACQ/Z4wy57vbTnY/s1600-h/reloj_arena3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096348046688834162" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrndi_6k0nI/AAAAAAAAACQ/Z4wy57vbTnY/s200/reloj_arena3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Aquí, en casa, no se lleva la cuenta de los minutos, nunca se sabe que hora es. Se nos tiene prohibido a mis hermanas y a mí darles cuerda a los relojes de la sala, que siempre están detenidos; esto es porque tío Ernesto tiene problemas con el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él tiene miedo de morir y dice que los relojes no cuentan sólo las horas o los minutos; también miden la distancia que se tiene con la muerte. Quizá sí, quizá tío Ernesto tiene razón, pero a mí me gusta oír el ruido que hacen los relojes al darles cuerda; escucharlos en la noche, a oscuras, oír como van al parejo con las voces de los grillos; ritmo contra ritmo, como si fuera una orquesta que dura tocando toda la noche. Me gusta correr más rápido que las manecillas, avanzar hasta volver a estar al parejo con el segundero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En casa yo soy el único que tiene reloj; Papá me lo dio a escondidas y yo lo guardo entre las piedras de mi pecera. Lo saco&lt;br /&gt;de noche, lo seco, le doy cuerda y lo dejo en mi ventana, cerca de la cabecera de mi cama para oírlo y pensar en su latir igual de quedo que el mío, igual que el de Papá o el de tío Ernesto, aunque no se hablen y sean muy diferentes, a pesar de que tío Ernesto no se quiera dar cuenta de que sus latidos van al mismo tiempo que los de Papá, yo lo sé porque se los he medido; a tío Ernesto cuando se queda dormido conmigo y a Papá cuando me visita en la escuela y me abraza, entonces yo cuento la duración de cada silencio que hay entre latido y sé que son iguales los de Papá y tío Ernesto, a pesar de que Mamá me asegure que los dos no tienen nada en común y que por eso Papá no vive con nosotros; a mi no me pueden engañar, yo sé que se odian porque Papá es relojero, porque tío Ernesto no quiere saber nada que tenga que ver con el tiempo. A Papá le gusta regalar relojes, por eso la sala esta llena de ellos; tío Ernesto ha querido romperlos pero Mamá no lo deja y él se conforma con que estén sin cuerda, como muertos. Papá dice que los relojes no son relojes si no se les da cuerda todos los días, por eso yo soy el único que tiene un reloj en casa y le doy cuerda todas las noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al anochecer, cuando las calles están dormidas y aún no es tan tarde para que salgan los grillos, tío Ernesto llega con un reloj, le da cuerda, lo pone sobre la mesa y lo deja caminar mientras él baja al sótano por un martillo. Después lo golpea hasta hacerlo polvo, luego llora y nosotros nos unimos a él aunque no comprendamos porque tío Ernesto es así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aún así yo sigo dándole cuerda a mi reloj, y sigo visitando a Papá en su taller lleno de ruido, de tornillos y piezas pequeñas, de manecillas y números de colores, de vidrios y estuches metálicos con grabados de flores, de estrellas, de mariposas y de peces como los míos, como los de Paula que se dejan acariciar cuando ellas les da de comer, cuando hacemos la tarea juntos y yo llevo mi pecera y la dejo junto a la de ella para que platiquen con los míos. Yo le enseño a Paula mi reloj que no le pasa nada en el agua; lo pongo en su pecera y sus peces se acercan y agrandan sus ojos porque se asustan con su reflejo, y nosotros reímos y comemos queso hasta tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo difícil es acostumbrarte a estar sin dormir, a pasarte toda la noche pensando en... en Papá, en tío Ernesto y en Paula; buscando grillos para ponérmelos en la oreja y sentir cosquillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que iré al colegio cerca del taller de Papá estaré más tiempo con él, pero voy a extrañar a Paula, y a Turia, Martusa, Filerio y Catarso que son los nombres de sus peces. Ahora que no tengamos tiempo para comer queso por las tardes, quizás me deje de querer, a lo mejor ya no querrá ir a la matiné conmigo los domingos; entonces tendré que ir solo porque ella es mi única amiga y Papá tiene que cuidar sus relojes para que no se detengan, y a mis hermanas no les gusta salir conmigo porque dicen que soy muy niño aunque sólo me lleven por un año. A tío Ernesto no le gusta ir al cine porque le recuerda cuando era niño como yo, y se pone a llorar enmedio de la película y el dueño tiene que irlo a callar o sacarlo a empujones; entonces él me espera afuera mientras llora y come palomitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tal vez tenga que ir al cine o al parque yo solo, mientras Paula piensa que soy un tonto o que soy muy niño como mis hermanas lo piensan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A tío Ernesto le gusta la idea de que yo tenga la cara igual que hace tres años, dice que es mejor ser niño y no adulto porque todo deja de ser de colores y se vuelve sin luz, gris; uno pierde el olfato que se tiene para encontrar las galletas y la caja de canela. Y al volver del trabajo uno sólo quiere encontrarse con una montaña de lodo y llenarse todo el cuerpo, pero a esa edad se tiene prohibido todo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Papá abre un reloj dice que el hombre es como su mecanismo complicado y siempre con esa costumbre de irse para delante, aunque existan mecanismos atrasados o que se resisten a avanzar; como tío Ernesto que no quiere darse cuenta que todo el tiempo avanza y, al no quererlo, va gastando la cuerda y que llegará un día en que la rompa. Todos los hombres marchan al par del picapedrero que dice la edad de cada uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre las cosas que dice Papá y los pensamientos en voz alta de tío Ernesto, a uno no le queda más que mirar a los peces y envidiarlos porque no tienen que preocuparse por el tiempo que vivan, ni si son más pequeños o iguales que las demás especies. Por eso Paula me cae bien, porque a ella también le gustan los peces, los grillos y mi reloj que sigue avanzando aún dentro del agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que yo esté más tiempo fuera de casa tal vez Paula busque otro amigo con una pecera más bonita, con unos ojos más saltones. Tal vez le pase lo que a mis hermanas y se empiece a pintar la cara y se le olvide mi reloj a prueba de agua. A lo mejor el reloj que dice Papá que tenemos todos en el pecho, empiece a correr más rápido que el mío. Entonces sólo quedaría darle cuerda al reloj todas las noches para alcanzar el de ella, o detener todos los relojes como hace tío Ernesto y dejar todo como está; a tío Ernesto menos viejo, a Papá con un ritmo más lento para que no muera pronto y Paula seguiría siendo más como yo que como mis hermanas. Sí, uno no debería cambiar tan rápido, porque se ven las cosas más tristes, como grises; como dice tío Ernesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás tenga razón tío Ernesto y el reloj sea un medidor de muertes, a lo mejor Papá está haciendo más rápida la llegada de su muerte sin darse cuenta. A lo mejor Paula se hará más pequeña si atraso los relojes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez sea buena idea darle cuerda a los relojes que trae tío Ernesto, y yo tenga que romper el que me dio Papá junto con mi tío, después de haberle dado cuerda y buscar el martillo en el sótano, luego lloraríamos y se nos uniría Mamá y mis hermanas aún sin entender por qué tenemos problemas con el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2005 Rogelio Chávez.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-7131311154226457969?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/7131311154226457969/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=7131311154226457969' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/7131311154226457969'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/7131311154226457969'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/08/destiempo_08.html' title='DESTIEMPO'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrndi_6k0nI/AAAAAAAAACQ/Z4wy57vbTnY/s72-c/reloj_arena3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-5028777194404461798</id><published>2007-08-08T07:59:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:51:05.961-08:00</updated><title type='text'>GARDEBIA</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrna8v6k0mI/AAAAAAAAACI/uVAhEll18YM/s1600-h/hispanolivetti_thumbnail.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096345190535582306" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrna8v6k0mI/AAAAAAAAACI/uVAhEll18YM/s320/hispanolivetti_thumbnail.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El correo transporta ansiedad. Más aquí, Alberto, en Gardebia, en este pueblo tan lejos de todas partes, donde las cartas siempre llegan tarde y húmedas, por lo que hay que leerlas rápido, antes de que se pierdan las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y qué placer es encontrarme cada miércoles en que paso por mi correspondencia con una carta suya, es como si me visitara sobre el papel, como si lo viera ayudándose de sus manos para hablar y preguntándome de nuevo por qué vivo aquí, en donde no hay más que hombres y catarinas, diciéndome en susurros que se siente culpable por la jaqueca que le ha dado a Montse y que dejará de fumar por algún tiempo para tenerla feliz, que ella se ha enfadado porque usted no hace ni siquiera el esfuerzo por aprender a bailar. Todo esto me lo ha dicho ahora, entre largas pausas y suspiros. Y mi consejo es el mismo de siempre: Venga a Gardebia. Cierto, aquí no hay salones de baile, tampoco mujeres, pero por algo se dice que de aquí han salido los mejores bailarines y tal vez de paso entienda el por qué vivo en Gardebia.&lt;br /&gt;Anímese, compre un billete para Gardebia y salga en el tren de las siete, así llegará a las doce del día, justo en el apogeo del sol. Verá que aquí todo es húmedo y que hay que taparse la nariz para no ahogarse con la brisa. Lo primero que verá será la torre de la iglesia, vaya hasta ahí, se encontrará con un parque; espere sentado un momento, pronto se verá rodeado por varias catarinas que parece que lo miran, obsérvelas y elija la más grande y amarilla, ponga su palma frente a ella, deje que se acerque, que suba hasta su muñeca. Levante su brazo despacio, sin brusquedades. Espere a que la catarina termine la exploración de su brazo y a que llegue otra vez a su palma, que para entonces ya estará sudando. No la mire a los ojos; las catarinas son tímidas y si se les ve a los ojos se sienten desnudas y huyen apenadas. Busque con su otra mano una patita delantera, sin violencia, y ella la recargará en uno de sus dedos. Cierre los ojos y piense sólo en los pequeños tirones que le da la catarina, guíese por ellos para saber por donde llevar los pies. Cante algo, es preferible que lo que cante sea un danzón porque es lo que mejor saben bailar las catarinas. Déjese llevar y pronto sus pies ya no se estorbarán entre sí. Al terminar verá que ya es usted todo un maestro y que está listo para ir con Montse y darle la sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se olvide de dejar en una banca a la catarina, de regalarle una flor y unas palabras de agradecimiento por haberle enseñado a bailar. Es seguro que estará usted tan contento que no pasará a visitarme y querrá irse lo más pronto. Bien, vaya a la estación del tren, le parecerá extraño no encontrar una taquilla, es que en la estación de Gardebia no existen, los billetes se venden dentro de los vagones, esto es porque es muy común que la gente en el último instante decida quedarse. Espere a que el tren esté listo y con la maquinaria funcionando para que pueda subir a tomar su lugar. Y si siente algo en la nuca, como si le dieran pequeños pellizcos, no se asuste; sólo es la catarina que se ha enamorado de usted y no le permitirá irse. Por eso en Gardebia sólo hay hombres y catarinas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;© 2007 Rogelio Chávez.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-5028777194404461798?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/5028777194404461798/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=5028777194404461798' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/5028777194404461798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/5028777194404461798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/08/gardebia.html' title='GARDEBIA'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrna8v6k0mI/AAAAAAAAACI/uVAhEll18YM/s72-c/hispanolivetti_thumbnail.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-4592048235603143548</id><published>2007-08-08T04:00:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:51:06.343-08:00</updated><title type='text'>COMPLEJO EDIPICO</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrmihf6k0kI/AAAAAAAAAB4/h6MA6TRZkag/s1600-h/madoz+11.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096283149732991554" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrmihf6k0kI/AAAAAAAAAB4/h6MA6TRZkag/s320/madoz+11.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El hombre se acercó a la anciana, con el filo del machete le acarició las piernas. Ella, atada, pedía clemencia con sus ojos hinchados de llanto. Él, tierno, le besó la frente, le habló al oído.&lt;br /&gt;-Quedamos tú y yo, no hay más almas. ¡Pero por favor, no me mires así! debes comprender, Madre, algo tengo que comer. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;© 2006 RogelioChávez.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-4592048235603143548?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/4592048235603143548/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=4592048235603143548' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4592048235603143548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/4592048235603143548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/08/complejo-edipico.html' title='COMPLEJO EDIPICO'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/Rrmihf6k0kI/AAAAAAAAAB4/h6MA6TRZkag/s72-c/madoz+11.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-3566934440300796902</id><published>2007-08-08T03:56:00.001-07:00</published><updated>2008-12-11T01:51:06.514-08:00</updated><title type='text'>EL IMPRESIONISMO.</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RsCB9f6k0tI/AAAAAAAAADA/RmBBdRRrXE0/s1600-h/starry-night.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5098217671722586834" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RsCB9f6k0tI/AAAAAAAAADA/RmBBdRRrXE0/s200/starry-night.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;En el inútil intento del apóstol Pedro por salvar a Jesús, le cortó una oreja a un soldado romano, quien cayó en tan grande melancolía que dejó el ejercito y se dedicó a pintar girasoles y noches estrelladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;© 2006 Rogelio Chávez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8636515830694841597-3566934440300796902?l=tabacofrito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabacofrito.blogspot.com/feeds/3566934440300796902/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8636515830694841597&amp;postID=3566934440300796902' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3566934440300796902'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8636515830694841597/posts/default/3566934440300796902'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabacofrito.blogspot.com/2007/08/el-impresionismo.html' title='EL IMPRESIONISMO.'/><author><name>Rogelio Jarquín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17020312613417649236</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='22' src='http://2.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/SOH8DqR4urI/AAAAAAAAAGw/W7a5D9bKwGk/S220/Jarqu%C3%ADn+vs+Jarqu%C3%ADn+01.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RsCB9f6k0tI/AAAAAAAAADA/RmBBdRRrXE0/s72-c/starry-night.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8636515830694841597.post-4256438395881386691</id><published>2007-08-07T09:09:00.001-07:00</published><updated>2008-12-11T01:51:06.638-08:00</updated><title type='text'>Transporte Público</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j2YlZztOCBI/RrieAf6k0bI/AAAAAAAAAA4/4WEh1AskJ7g/s1600-h/logoMetro.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5095996709774086578" style="DISPLAY: block; 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