En mi infancia sucia y baldía
nunca me visitó García Márquez,
no dejó una pizca de realismo mágico,
jamás vi vírgenes ni curas levitando
sobre el meado asfalto de mis calles.
Sólo una vaca mecánica
en lo alto de un tejado
orgullosa anunciaba una marca
con un rumiar metálico
y en las cruces dibujadas en el cielo
por tendederos y cableado
como frutos rancios
colgaban roídos zapatos.
En esta vecindad no vivió Virgilio,
no trajo de juerga a Dante,
Rimbaud no se bañó en la pila
pero en el calor de las tres de la tarde
la volátil peste
de las letrinas compartidas
llegaba hasta la cocina
y se mezclaba con los fideos;
desde ese olor imaginé el infierno.
En mi casa de cartón y madera
no empezaba Comala
aunque todos los días mi abuela
reprendía a sus muertos;
les gritaba que se largasen,
que se muriesen en paz,
pero ellos jamás contestaron.
En estas calles estrechas
no son babilónicos los mecánicos
ni les persiguen mariposas,
sólo hay una nube de moscas verdes
sobre mi pelo con agua y limón domado.
En este patio de geranios en maceta
no hubo un galeón español
sepultado en la tierra,
pero en la esquina ladraba un viejo perro
que como los piratas
tenía podrido un ojo
y cojeaba del lado derecho.
En mi familia no hubo tíos coroneles
y mucho menos bisabuelos alquimistas,
soy el único Rogelio de mi estirpe
y no fui, no soy,
y no quiero ser un Buendía.
© RogelioJarquín 2012.AUTORRETRATO CON MALETAS.



