lunes, 10 de septiembre de 2007

Preámbulo para atrapar sueños



A veces pienso que debería guardar los sueños en el relieve de mis sabanas. Hay noches en que la mente ha trabajado tanto que no tiene fuerzas ni siquiera para construir una pesadilla, en esas noches hacen falta los sueños pasados.

Se me han olvidado muchos sueños. Cuando se sacude el polvo de las sábanas suelen salir disparados por la ventana, sólo se alcanza a escuchar un quejidito; como si tragara un sorbo de agua, te asomas y lo ves muerto, hecho un cadáver bañado de sangre amarillenta, con los cabellos verdes enredando piernas y brazos.

Antes, cuando tenía la edad de mi niña “Andrea”, era más fácil atrapar los sueños y colgarlos en el librero. Yo los metía en el jarrón de los dulces de menta para que mi Madre no los tirara; todo tenía que ser rápido, era cuestión de unos instantes para que la mala suerte le metiera las ganas de estornudar a mi Madre para que se diera cuenta. No me lo van a creer, pero en verdad, mi madre era la única mujer sobre la casa que tenía alergia por los sueños y, por esa razón quería exterminar todos los sueños que estuvieran en mi cuarto, la cosa es que cuando estornudaba eran señas de que había sueños en algún lugar de la casa.

Poco a poco se me acabó la paciencia para atraparlos, qué le vas hacer, hermano, cuando estás en la sacudida de la pubertad todo te desespera, lo que pasa es que descubres a las mujeres. Tal vez te acuerdas de irte temprano a la cama, pero del almacén de sueños que has dejado bajo el colchón no. Que cosa tan rara, dejas que se descompongan como cuerpecillos putrefactos, y te llenen los pies y las axilas de aromas pesados; luego te dicen que apestas, que estás lleno de sudor, y te mandan todo el día a la ducha. Lo he recordado. Anoche se acercó Andrea a mostrarme su pecera llena de bolitas amarillas; de sueños. Parece broma, pero mi hija me va ayudar a pescar mis sueños que, aunque ya no son de niño no dejan de ser sueños (ahora se han vuelto grises). Hoy hemos atrapado uno, ella lo miró cuando estaba a punto de pisarlo; lo metimos en una jaula, pero parece que no le gusta estar encerrado porque he oído una que otra lágrima chocar con sus mejillas. Tengo pensado sentarlo en el relieve de mis cobijas, pero tengo miedo de que mi esposa estornude.

©2007 Rogelio Chávez.

5 comentarios:

Verónica Cento dijo...

somos muchos los que añoramos los sueños perdidos por lo que veo...
muy buen texto, Rogelio

saludos

LA MAYOR dijo...

Yo vivo en sueños. Me resisto a no tenerlos. Porque son locuras dentro de este mundo tan cuerdo, que siempre intenta normalizarte... Yo no me dejo.
¿Para cuando tu novela Rogelio? Y esto no es un sueño.

aleozi dijo...

Me gusta creer que la vida es un sueño del que muchos no quisieramos despertar. El texto me ha gustado mucho, pero la foto me ha sorprendido mas, cuando la tomaste?

Silvana dijo...

SIN PALABRAS y
KON DESBORDEs viscerales,
hay ke luchar para dejarse ir de este lado
Y KE NOS ATRAPEN LOS SUEÑOS DE OTROS, PERO DE OTROS YOES,
Y ESO SÍ TIENEN KE SER FUTUROS KE SON LOS KE AUN NO EXISTEN Y KE PODRIAN TRANSFORMARSE EN TODO MENOS LO VIVIDO KE TIENE LA KUALIDAD FATIDIKA DE SER ABURRIDO

Cindy Muñoz dijo...

¿yo no me acuerdo de ello? serela unica... herosisimoo! me encatoo uuuf enserioo! sera klosmio mueren muy rapido!!