martes, 3 de marzo de 2009

5 (Balas perdidas)


Bien puede suceder en Madrid y su julio de toldos verdes, o en el noviembre asfaltado de Montevideo. Seguramente (ya en Madrid o Montevideo) la gente se arremolina en la boca del metro, con las horas justas viajando en la muñeca, mira por mirar mientras anda y se dice no recordar un verano tan salvaje, luego fuma y toma café todo el tiempo por esa vieja costumbre de despistar el calor con el calor y el frío con frío.
Una mujer, que bien podría llamarse Isabel o Elena despierta con los ojos hinchados de quien se busca el alma mientras duerme. La mujer (Isabel o Elena) camina por las calles de la mañana esta vez para encontrar la realidad. Halla en su lugar a un hombre sentado en el parque, llorando a rabiar, y piensa “la vida debería de ser así, con enormes y robustos hombres que lloran y ríen para que el alma no se pierda entre las vísceras”.

©2009 Rogelio Jarquín. Veinticinco balas perdidas y un revolver de fogueo.

1 comentario:

Lola dijo...

puede que esos hombres, carentes, nos demuestren también que el alma no está en las víceras, bien podría ser él, bien podrías ser tú, sereno.